miércoles, 4 de octubre de 2006

Louise Brooks


Pocas mujeres han influido más en la moda femenina de este siglo que Louise Brooks. Símbolo de la llamada “Jazz Age”, definió el “look of the 1920's”. Con su corte de pelo (descrito como uno de los "ten haircuts that shook the world") y sus modales desinhibidos fue el prototipo de las chicas “pin up”. Pero si su influencia ha perdurado es porque no era un producto de laboratorio, sino un ser radicalmente independiente y una actriz extraordinaria. Para Ado Kyrou fue “la única mujer que tuvo la habilidad de transformar no importa qué película en una obra de arte.”

El camino que ella siguió ya había sido hollado por Theda Vara, la primera mujer “vamp”. Con Theda Vara la industria del cine descubrió la posibilidad de ofrecer al gran público la imagen femenina elaborada por el decadentismo decimonónico. Pero quien realmente logró encarnar esa imagen y ofrecerla reelaborada al público de los años veinte y treinta fue Louise Brooks. Por ello aunque la mayoría de las llamadas chicas “pin-up” pasaron pronto de moda, Brooks continúa siendo una musa. A lo largo de este siglo ha inspirando tanto a Maurice Chevalier como a Hugo Pratt y, muy especialmente, a Guido Crepax.

Louise Brookszowyc, de Hugo Pratt

La Valentina de Guido Crepax

Georg Wilhelm Pabst (1885-1967) tuvo bien presente la singularidad de Brooks cuando la eligió como protagonista de Lulú, su versión cinematográfica de la obra de Wedekind. Parece que en ningún momento pensó en Garbo. La conocía bien, pues trabajó con ella en 1925, pero la consideraba demasiado inaccesible, demasiado “divina” (y por lo tanto, lejana) para representar con credibilidad el papel de Lulú. Sí estuvo tentado de elegir a la misteriosa Dietrich, pero se decidió por Brooks porque, siendo tan enigmática como las otras dos y, como ellas, igualmente amada por la cámara, era mucho más ambigua, precisamente porque parecía más accesible. Era la única que podía representar con verosimilitud la inocencia culpable. Quería una Lulú sin afectación.

Brooks no defraudó a Pabst. Su capacidad para encender la llama del erotismo con una simple mirada de soslayo, su extraordinario cuello, su sonrisa entre provocadora e ingenua, su pura belleza, acompañada de una timidez seductora y, sobre todo, peligrosa, la definían como la esencia de la sexualidad femenina que había imaginado Wedekind. Nadie fue inmune a sus encantos. Ni tan siquiera quienes la condenaron. Fue, efectivamente, una Lulú. No nos precipitemos, sin embargo, criticando a los censores. Supieron ver, quizás mejor que nadie, el ángel negro que la acompañaba.

La (pen)última imagen de Pandora la ha mostrado Paul Auster en su película Lulu on the bridge. El protagonista es Izzi Maurer, un músico de jazz que está a punto de morir. Pero aún no lo sabe. Faltan todavía unos minutos para que la bala que le ha sido destinada se clave en su pecho. Eso será cuando esté en el escenario. Ahora se encuentra en los urinarios. En la pared, varias imágenes reclaman su atención. Entre ellas está la Ava Gardner de Pandora y el holandés errante y la Louise Brooks de Lulú. La Lulú de Auster fue Mira Sorvino.

Y me vais a perdonar, que vuelva a romper impertinentemente la armonía de un post, pero no puedo resistir la tentación de adjuntar la imagen que me ha envíado por mail esta misma tarde Erika B.

¿O era de esto de lo que quería hablar desde un principio?

15 comentarios:

  1. Vaya a saber qué palabra, que gesto recordado, qué imagen, qué sonido, que movimiento, causó la inclusión de otra imagen ajena al tema de La Brooks.
    Bien podrías continuar a partir del fotógrafo y su toma... Seguro será también un texto para disfrutar.

    ResponderEliminar
  2. El tranco que has dado en el post ha sido el perfecto bofetón que define la contemplación de esas cinco criaturas posando para la inmortalidad: parecen bolos.

    Me pregunto qué angel negro les acompañará...

    ResponderEliminar
  3. Claudio.

    Pues claro que tiene que ver la foto del final.

    Theda vara = arab death

    No me lo invento yo: así le pusieron el nombre. Más actualidad imposible.

    ResponderEliminar
  4. Esas manos son de mujer? La foto no es una broma?

    ResponderEliminar
  5. En el Corán Alá crea al hombre de arcilla y le insufla vida. Cuando le expulsa del Paraíso le dice "vete con tu mujer", sin más. En 2,226 dice "Vuestras mujeres son vuestra campiña. Id a vuestra campiña cuando queráis".

    Pandora es creada de la arcilla y regalada a un hombre. Es la primera mujer.

    Eva sale de la costilla del hombre.

    Nuestros mitos, nuestras tradiciones religiosas, parten de una mujer creada y sometida al hombre.

    De todo ello sale el imaginario femenino al que nos estamos refiriendo. No se trata de feminismo ni de machismo, sino de imaginario (conjunto de imágenes que resumen partes o todos de neustra cultura, según entiendo)

    La Nora de Ibsen abandona a Torvald contestando a la pregunta de él sobre la posibilidad de volver a estar juntos, con un rotundo: "Haría falta un milagro, y yo no creo en ellos".

    Toda evolución ha ido añadiendo al imaginario un concepto gráfico femenino, liberador para las mujeres, deseable para el hombre.

    La última foto, Luri, es la realidad. Medioevo versus modernidad.

    Y un añadido: siempre he sostenido que la Lulú de los 60 ha sido la Bardot y que Saga de Xam y Jodelle han sido sus arquetipos en el comic.

    Claudio: ¿eso del nombre de la Vara es cierto?

    ResponderEliminar
  6. Pero PORQUE nuestros mitos, nuestras tradiciones religiosas, parten de una mujer creada y sometida al hombre?

    ResponderEliminar
  7. Probablemente yo me dejase hacer más fotos si utilizara una moda tan favorecedora. Imposible sentise fea con eso, ¿no? Bueno ni guapa.

    Saludos

    ResponderEliminar
  8. Clara, tenemos que acordarnos también del mito de Lilith, anterior a Eva, que no quiso someterse a Adan al considerarse igual que él.


    P

    ResponderEliminar
  9. Claro, El hombre no quiere someter a Eva, sin a Lilith, que es inexpugnable. Sólo queremos apropiarnos de lo que consideramos valioso. ¿Y para qué se quiere el valor ajeno más que para aumentar el propio? Por eso desconfío de todos los discursos sobre la igualdad. El deseo del deseo ajeno es lo que nos hace humanos.

    ResponderEliminar
  10. 熱情,豐富生活 Passion, enrich my day.
    熱情,意義生命 Passion, enlight my life.
    熱情,創意人生 Passion, create my being.

    http://helenandron.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  11. Casandra, ni fea ni guapa: irresistible, que es otra cosa.

    ResponderEliminar
  12. Un texto muy interesante (en fin, como los de todos los días), Gregorio.

    Con la foto, yo no sé si reír o llorar.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  13. Para resultar irresistible Luis Rivera no hay como mostrar la espalda ;)

    Besos

    Y creo que al hombre, así en general, Lilith le sigue dando mucho miedo Don Gregrorio. Como para pensar en someterla..

    ResponderEliminar
  14. Gregorio me ha encantado este post; para mi hay dos artistas que han marcado muchísimo la belleza femenina actual: Louise Brooks y Claude Cahun. Ah! qué gran acierto el de Auster al escoger a Sorvino :)

    un beso

    ResponderEliminar
  15. Kahlo, te agradezco muchísimo tus palabras. Sé que vienes de visita con cierta frecuencia, pero aunque me alegra tu presencia muda, me entudiasma tu participación.

    ResponderEliminar

De límites y afectos

 En El Subjetivo: Los límites en los tiempos del giro afectivo.