lunes, 23 de octubre de 2006

Platón no se acaba nunca

Platón no se acaba nunca. Para mí es más que un filósofo, es la filosofía. A ningún otro filósofo releo con más interés, porque sé que cada nueva lectura de cada diálogo me ofrece una nueva perspectiva para volver a comenzar. Y nunca me defrauda. En estos momentos mi imagen de Platón no tiene nada que ver con la que tenía hace diez años. Y espero que dentro de otros diez vuelva a decir lo mismo. Os pondré un ejemplo. Me he leído varias veces La República, pero esta mañana me he topado con las aristas de este texto (556 c-e), que me han llamado la atención poderosamente. Hasta ahora me había pasado desapercibido. Os lo transcribo con una traducción un poco libre.

Cuando los ciudadanos de una comunidad se encuentran juntos en una ocasión de peligro, no son precisamente los pobres los menospreciados por los ricos; al contrario, con frecuencia un pobre enjuto y quemado por el sol, al estar apostado en la batalla junto a un rico cebado a la sombra (la palabra que utiliza Platón, “skia-trophekóti, sugiere también el crecimiento de una planta en un invernadero) y sobrado de carnes, y lo ve sin resuello (“ásthmatos”) y perdido (“en aporía”), ¿no crees que se dirá a sí mismo que estas gentes no deben sus riquezas más que al consentimiento de los pobres? ¿Y cuando se encuentran los pobres entre ellos, no se dirán que pueden hacer lo que les plazca con tales hombres, puesto que no valen para nada?

17 comentarios:

  1. Alguna vez he escuchado a mi abuela hacerme una reflexión muy similar. De niña. No sé, tal vez estuve tentada de creerla. Aunque luego descubrí que eso del peligro y sus aristas tiene bien poco que ver con otra riqueza u otra pobreza que no sea la del espíritu.

    Saludos cansados hoy.

    ResponderEliminar
  2. Blogger va hoy realmente mal. He tenido no pocos problemas para poder editar el post. Creo que Eduardo y Joaquín han hecho algún comentario sobre Platón, pero por alguna razón que se me escapa, no aparecen.

    ResponderEliminar
  3. Bien, simplemente recordar un librito que me gustaría ver reeditado, por su sencillez y claridad, "Un libro sobre Platón" (1956), de Antonio Tovar. Allí se dice que los filósofos deben sus pensamientos a Platón.

    ResponderEliminar
  4. Nunca llegamos a pensamientos. Llegan ellos a nosotros.
    Martin Heidegger.
    Mira cómo son las cosas que jamás hasta hoy leyendo a Platón habia recordado a Julio Anguita.

    ResponderEliminar
  5. Sí, ha pasado algo raro con el post. De repente ya no existía, desapareció. Del fenómeno ¿al noúmeno? Intentaré volver a buscar los fragmentos y repostear mañana.

    ResponderEliminar
  6. La dialéctica del amo y del esclavo a pie de página de La Republica.

    Lola

    ResponderEliminar
  7. Cuan subversivo es el pensamiento, simplemente el pensamiento.

    ResponderEliminar
  8. Por cierto, Gregorio, ¿cuál es la palabra que usa Platón para "consentimiento" (de los pobres)? En la versión que yo tengo traducen como "cobardía". ¿Tiene algo que ver con el "consenso"?

    Tendría su gracia que "consenso" y "cobardía" fueran de la misma familia.

    ResponderEliminar
  9. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  10. Buena pregunta, Eduardo, y nada fácil de contestar. En realidad el término que utiliza Platón es "kakía" y, efectivamente, la mayor parte de las traducciones optan por "cobardía". Pero a mi, sinceramente, me parece que "cobardía" no concuerda con el conjunto del texto. Se supone que los pobres descubren en las situaciones en las que se pone de manifiesto el valor y el arrojo (y Platón ofrece varios ejemplos, siendo el más claro el del frente de combate) que ellos son más resistentes y más valientes que los ricos. Por lo tanto, no tiene sentido -me parece a mi- que se por cobardía sean incapaces de enfrentarse a ellos.

    La "kakía" pone de manifiesto una "debilidad del espíritu", un "vicio", una "incapacidad" o, mejor, "una degradación".Interpreto, por lo tanto, que lo que está diciendo Platón no es que los pobres (a los que da el nombre de "la mayoría") sean más cobardes, sino su valor es diferente en el combate y en el ágora. ¿Debería haber elegido una palabra más precisa? No se me ocurre cuál.

    Este consentimiento pone de manifiesto que una cosa es el valor en el combate y otra el valor -llamemosle- cívico. El valor del frente de combate se metamosfosea dentro de la ciudad. No sé si me explico. ¿Se te ocurre otra palabra mejor? Desde luego, cobardía, definitivaemnte no me gusta.

    Me interesa mucho tu opinión.

    10:06 PM

    ResponderEliminar
  11. No puedo resolver la relación etimológica entre "consentimiento", "debilidad" o "cobardía", en el texto original, pero el mero hecho de que se relacionen filosóficamente ya es significativo.

    De nuevo nos lleva a la mentira política y a la contradicción entre el sentido de copertenencia civil, que deriva del "consenso" y la tradición, temas de la política, y la cuestión de la verdad; el tema de la ciencia y de la filosofía por excelencia, que no surge del acuerdo sino del asentimiento racional a la naturaleza misma de las cosas o logos universal.

    Aquí nos encontraríamos con un desacuerdo entre Política y Filosofía. La política, al tratar de la práctica y de lo idiográfico, tiene una relación muy débil con la verdad, que es de por sí lo nomotético, lo universal, sin mucha atención por lo particular. Pero la ciudad, el estado, son necesariamente particulares (Hegel y Fukuyama no estarían muy de acuerdo en esto). De hecho, es al mentir a los hombres, al "hacerles olvidar la naturaleza", cuando la política logra fundar un nuevo orden civil.

    Se diría que Platón esta recordando en este tramo cuál es el verdadero cometido de la política, esto es, el conocer la "naturaleza y los hábitos de las almas" (Las leyes 650b). Cuando los mejores dejan de practicar la virtud:

    "Ocupados sus padres únicamente en enriquecerse, desprecian todo lo demás, y toman más interés por la virtud de los indigentes".

    Es decir, cuando los ciudadanos dejan de ser conscientes de que "nobleza obliga", entonces los indigentes pueden despertar de su cobardía, o de la "mentira política" (y del falso consenso), llevándoles a una revolución democrática.

    ResponderEliminar
  12. Fe de erratas:

    "Ocupados sus padres únicamente en enriquecerse, desprecian todo lo demás, y no toman más interés por la virtud de los indigentes"

    En La república 556c

    ResponderEliminar
  13. La ciudad es natural en la medida en que satisface de manera diversa necesidades diversas de copertenencia que se corresponden, a su vez, con naturalezas heterogeneas. O sea, que la ciudad es diversamente natural. La grandeza (o una de las grandezas) de Platón es haber visto que la naturaleza de cada cual no deriva de la sangre de sus padres (no está fundada en una estratificación social antecedente)sino, en última instancia, del azar. El problema, entonces, es organizar lo naturalmente azaroso de manera tal que satisfazga, en la medida de lo posible, la heterógena necesidad de copertenencia.
    Pero el modo de satisfacer esa necesidad (la "politeia", "el régimen", "the way of life") no es natural más que en la medida que es un acto de voluntad que debe ser (naturalmente) enmascarado (naturalizado). El núcleo de la política consiste en hacer pasar ese acto de voluntad por una identidad ancestral y, por lo tanto, incuestionable, cuyo origen se confunde con el mito y se actualiza en el rito y la fe. Pero esto es algo que sólo el filósofo y el leguslador en tanto que tal saben de manera cabal. El político es, naturalmente, un hombre de fe.

    ResponderEliminar
  14. Platón sabe. Per al mismo tiempo pretende fundar la politeia en una realidad que no necesite ser enmascarada, que no necesite de mitos y que no provenga de una acto gratuito o del azar; fundarla, pues, en lo divino, lo sobrenatural: la realidad del alma.
    El filósofo es un hombre de fe, por eso es, a la vez, el político.

    O bien: la única posibilidad de que los "pobres" se avengan a admirar sin reservas a los poderosos está en que éstos sean "realmente" los mejores (aristos). Todo y así, por si las moscas, la ciudad tendrá que estar bien blindada; pero de nuevo será en referencia a la escasa consistencia (pobre realidad) de las almas de quienes mayoritariamente la habitan, que todo lo confunden y se pueden dejar convencer por el primer sofista de tres al cuarto que pase.

    Lola

    ResponderEliminar
  15. Lola, por fin he encontrado un punto de desacuerdo contigo. ¡Ya era hora!

    Tú dices que Platón "pretende fundar la politeia en una realidad que no necesite ser enmascarada, que no necesite de mitos y que no provenga de una acto gratuito o del azar"

    Yo digo que Platón sabe que toda politeia debe presentarse como racional y natural, pero la caverna no admite ni o uno ni lo otro, y la ciudad ES la caverna. La realidad política necesita ser enmascarada en la medida en que, de manera natural, una sinécdoque o una metonimia tiene más fuerza para movilizar el consenso (el sentido de coertenencia) y el entusiasmo del hombre que un silogismo. Es el filósofo el que debe fundar sin enmascaramiento la necesidad de la ciduad, pero sabe que la filosofía no puede sustentar su efectiva realidad.

    En el comienzo de la ciudad no está el "logos", sino la voluntad del fundador. Los fundadores están más cerca -todos- de los profetas que de los lógicos. Y algunos han sido los más grandes profetas. El acto fundante del derecho nunca ha estado sujeto a derecho.

    En la continuidad de la ciudad está la permanente reactualización del mito fundador como sostén de la identidad colectiva.

    En el comienzo del ciudadano, es decir, en su nacimiento, está la fatalidad de una naturaleza que lo acompañará de por vida. El hecho fundante de mi naturaleza nunca ha estado fundado en razón.

    En la continuidad del individuo como ciudadano está la convicción de que puede encontrar en la ciudad su lugar natural.

    ResponderEliminar
  16. Aun a riesgo de darte un disgusto, creo que no estamos en desacuerdo, o no del todo. La caverna es ciertamente la ciudad, y cuando hablo de blindarla me refiero también al "como si", al enmascaramiento, al mito, a los ritos, y a lo que haga falta. Pero fuera de la caverna hay otros mundos en donde luce el sol, para Platon digo. Sin ese aliento de trascendencia sería un sofista más.

    Lo que creo que pasa es que en sus textos políticos es tan profundo y lúcido, tan pragmático incluso a veces, a veces incluso tan cínico (cuando habla del brazo militar y de lo contentos que hay que procurar que estén, por ejemplo) que su fondo utópico puede parecer que está de más, que es superfluo en política. Pero pretender que los filósofos sean los gobernantes ya es una metedura de pata monumental que le viene de la utopía.

    Lola

    ResponderEliminar
  17. Bueno, tendré que aceptar la evidencia de nuestro acuerdo general. ¡Qué le vamos a hacer!

    Hoy ya es insostenible la imagen de Platón centrada en la teoría de las ideas. Por una parte la de las ideas no es una cuerstión central en el corpus platónico; por otra es evidente que Platón se preocupó de manera muy concienzuda de no elaborar un vocabulario filosófico técnico propio (el vocabulario técnico del platonismo), lo cual no quiere decir que rehuya el rigor terminológico. Pero es digno de ver cómo los esfuerzos que lentamente lleva adelante en un diálogo para articular un vocabulario determinado en torno a una cuestión, son ignorados por completo en el diálogo siguiente para volver a ser recuperados en otro, más adelante, pero desde otra perspectiva.

    Platón sabía:
    1) Que el rey va desnudo.
    2) Que sin la convicción de que va vestido, no hay ciudad.
    3) Que el hombre necesita la ciudad porque es su ecosistema de crecimiento natural
    4) Que la teoría completa de todo esto es la filosofía. El filósofo, como filósofo, no respeta nada.
    5) Que la expresión, necesariamente prudente de esto, es la filosofía política. El filósofo como persona sensata necesita fortalecer los lazos de la copertenencia.

    ResponderEliminar

Días de lluvia

Días de lluvia caprichosa. Unas veces, sorda y monótona; otras, violenta, con fuertes ráfagas de viento, que ha llenado las aceras de hojas...