martes, 10 de octubre de 2006

Lucrecio, el gran truchimán

Leyendo hoy a Lucrecio me he encontrado con la historia (breve) de este Café de Ocata. En primer lugar con las danaides, que aparecieron por aquí en un post sobre Ocnos el Soguero.

De rerum natura, III 1003-1010:

“Estar apacentando siempre los deseos de nuestra alma ingrata, colmarla de bienes sin saciarla nunca, como hacen con nosotros las estaciones del año, al volver siempre y traernos sus productos y deleites diversos, sin que jamás nos saciemos de los frutos de la vida, esto es a mi entender, lo que simbolizan las doncellas de edad florida echando agua en una jarra agujereada al que no hay medio alguno de colmar jamás”

Las danaides, de Waterhouse

En segundo lugar con los charcos. Fue una mañana de verano que sucedió a una noche de tormentas cuando me dio por ponerme lírico meditando sobre "la terquedad de los charcos por reflejar el cielo". Pues va y Lucrecio se me había anticipado (¡miserable plagiario retrospectivo!), y podéis ver de qué manera.

De rerum natura IV 415-19:

"El charquito de agua, no más profundo que un dedo, que queda entre las losas en las calzadas de los caminos, parece abrir bajo tierra perspectivas tan hondas como alto es el abismo que separa la tierra del cielo; de modo que en él creerías ver nubes y cuerpos celestes, milagrosamente ocultos en un cielo subterráneo."

¿No es para desesperar? ¿Cómo puede uno pretender escribir nada medio decente si tiene que competir con el fantasma eterno de Lucrecio?

Así que, vista mi lamentable falta de recursos, no tengo más remedio que seguir robando fotos ajenas para adornar un poco mis miserias. Y, por supuesto, solicitaros, amablemente, un poco de caridad.

14 comentarios:

  1. Pues yo me he acordado del artículo de otro periodista español, Mariano José de Larra: "lo que no se puede decir, no se debe decir". Se puede leer en línea:

    http://es.wikisource.org/wiki/Lo_que_no_se_puede_decir,_no_se_debe_decir

    Nada nuevo bajo el sol.

    ResponderEliminar
  2. Claudio.

    Politkovskaya: como dice Applebaum, su muerte parece una de las noticias que solía cubrir.


    http://www.slate.com/id/2151209/

    ResponderEliminar
  3. Advertencia para lectores sorprendidos: no es que Joaquín y Claudio anden comentando un post inexistente, sino que este camerero se hace con frecuencia lios tremendos con la vajilla y se le mezclan los platos de postre informáticos con los soperos. Joaquín y Claudio contestan a un post que nombraba a la periodista Politkovskaya, victima de nuestro silencio cómplice. Pero entre reforma, añadido, corrección, chapa y pintura, la pobre Politkovskaya se ha caído del post. Y ya estoy agotado de reformar mis reformas, que parezco un sesentayochista frustrando sus frustraciones. Perdonadme todos. Hoy hasta Mireia Galibo me ha tenido que ayudar para poner un contador que midiera fiablemente las visitas que recibo.

    ¡Apa, hoy barra libre para todos!

    ResponderEliminar
  4. Si te "ayudó" la Galibo con el contador ya puedes dar por seguro que está TRUCADO.

    Pásate por ENTRELLUM que me salió una cosa espesa inspirada y muy rococó en esta café cargado...

    ResponderEliminar
  5. Una vez escuché decir a Juan José Arreola que no tenía sentido escribir después de Dante o de Cervantes, pero siguió escribiendo...

    ResponderEliminar
  6. "Ja ho va dir tot, el fill de puta", Gabriel Ferrater enfadado con Shakespeare.
    El mismo cabreo me entró hace un par de días en la biblioteca, leyendo l'homenot Nin de Pla. A ver si hago un post.

    Lola

    ResponderEliminar
  7. Cuando hay algo que decir, hay que decirlo. Poco importa que ya lo hayan hecho otros. Cada uno canta con su voz.

    Por cierto, tus imágenes robadas no dejan de recordarme otra obra de Ingres que está en el museo d'Orsay, "La Fuente". Aunque yo siempre la llamo "la muchacha del cántaro roto" y cuando la descubrí hace años la asocié a la pérdida de la virginidad, no sé por qué.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Magnífica obra, esta de Ingres a la que haces referencia, Umla. Supongo que en el fondo representa la misma idea: la repetición incansable del ciclo natural, que nunca nos sacia, como dice Lucrecio, y en ante el cual es imposible no sentir una cierta extrañeza. Tanto es así que para eliminar ese sentimiento de extranjería, e imagnarnos también cíclicos, ideamos la idea del renacimiento tras la muerte.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Imagen:Ingres%2C_The_source.jpg

    ResponderEliminar
  9. Confieso mi debilidad por "La Naturaleza" y por Lucrecio y por su síntesis epicurea.
    Y por la terrible descripción de peste en Atenas que arrebata con su fuerza tremenda.
    La fuerza expresiva con la que arranca el último episodio, ya anticipa lo tremendo, lo mortal, lo humano, que es el destino de la ciudad sometida a la plaga. Viene refiriéndose a catástrofes, enfermedades y pestes a lo largo del Libro VI, y repentinamente comienza a narrar el último episodio:
    6 1137

    Un proceso de enfermedades así y un viento funesto volvieron antaño mortíferos los sembrados en territorios de Cécrope, arrasó rediles, vació de vecinos la ciudad. Y es que, nacido en territorio de Egipto, se presentó sin más tras recorrer el aire en largo trecho y la mojada llanura, hasta que se abatió sobre el pueblo entero de Pandión; y después quedaban en masa sometidos a la enfermedad y la muerte."

    El Abate Marchena, en una versión en verso, muestra este párrafo de la siguiente manera:

    Naturaleza un aire pestilente
    Y extranjeros corpúsculos que puedan
    Con su pronta irrupción darnos la muerte?
    Unas enfermedades de esta especie,
    Causadas por mortíferos vapores,
    En los pasados tiempos devastaron
    Los campos de los términos Cecropios,
    E hicieron los caminos soledades,
    Dejaron la ciudad sin pobladores;
    Porque naciendo en lo interior de Egipto,
    Después de atravesar vastos espacios
    De aire y de mar, por último se echaron
    Y sobre el pueblo de Pandión cayeron:
    Todos los habitantes a millares
    Se rendían al morbo y a la muerte...

    ResponderEliminar
  10. Alguna vez te he comentado, Luis, mi interés -pasión, de hecho- por este poema filosófico, lleno de meandros. Lo he vuelto a releer fijándome en la frecuencia y contexto de aparición de los siguientes vocablos: "moenia mundi", "cura" y "(uera) ratio". Estoy comenzando a esbozar las conclusiones. ¿Y qué me dices de esa sorprendente y ácida síntesis de lirismo, razonamiento filosófico y tragedia? ¿Por qué a partir de II 315 Lucrecio se deja llevar, de repente, por arrebatos líricos para, sin embargo, concluir el libro con estos dos versos: “Todo degenera poco a poco y va de cabeza al escollo, agotado por la larga carrera de la vida”?

    ¿Y cuando se pone cínico? Especialmente esto ocurre cuando habla del amor. Por ejemplo, IV1058-1072: “Esto es Venus para nosotros: de aquí Amor tomó su nombre; así Venus empieza a destilar en nuestro corazón aquella gota de dulzura, a la que sigue la preocupación glacial ('frigida cura'). Pues aunque el ser amado esté ausente, a mano están sus imágenes, y su dulce nombre resuena en nuestros oídos. Pero conviene huir de tales imágenes, evitar lo que da pábulo al amor y volver la mente a otras ideas: descargar el humor acumulado contra un cuerpo cualquiera, antes de retenerlo y guardarlo para un único amor, y procurarse así inquietudes e inevitable dolor ('curam certumque dolorem'). Pues la llaga se aviva y se hace crónica si la alimentas, y la locura crece de día en día y se agrava la pena, si no borras la primera herida con nuevos golpes y no la curas de antemano, mientras es reciente ('ante resentía cures'), con el trato de Venus vagabunda, o no puedes desviar tu espíritu hacia otros objetos”.

    Se supone que el epicureísmo de Lucrecio ha de servir para calmar las angustias del lector y apaciguar su alma, descargándola de preocupaciones, pero, como has visto bien, quien pretende esto no concluye un poema reflejando caligráficamente la desolación de Atenas sacudida por la peste. Hay muchos misterios sin desentrañar en este libro.

    ResponderEliminar
  11. Hola,
    Esta mañana, en el tren, he leido un delicioso cuento de Chejov titulado Las bellas que habla de la permanente insatisfacción que nos crea la contemplación de la belleza. Observar ese jarro nunca lleno nos produce una inexplicable tristeza.

    Y pensaba, aunque no me lo crea, que era innecesario escribir nada, porqué todo ha estado dicho antes y encima mucho mejor.

    Una coincidencia, en parte, de reflexiones, complementada con las historias de las danaides y el soguero, que no conocía y un gusanillo por empezar a leer Lucrecio.
    Todo esto, que no es poco, ha hecho que me decida a saludarte después de unas semanas leyendo tu magnífico blog. Es un placer la paz que se respira en este rincón de la red.

    Hasta luego

    ResponderEliminar
  12. Bien venido, Ramón, aunque el Café de Ocata es pequeñito, siempre hay alguna mesa libre (un velador, una lamparita, y alguna inscripción indescifrable en el envés del mármol de la mesa).

    A ver qué te parece esto, de Lucrecio, claro (IV 1100-1105): “En el amor Venus engaña con imágenes a los amantes; ni sus ojos se sacian de contemplar el cuerpo querido, ni sus manos pueden arrancar nada de los tiernos miembros, que recorren inciertos en errabundas caricias”

    ResponderEliminar
  13. No sé pero a mí me ha parecido todo nuevamente delicioso. Creo que compite usted muy bien con ese fantasma.

    Suele gustarme Waterhouse

    Un saludo.

    ResponderEliminar

De límites y afectos

 En El Subjetivo: Los límites en los tiempos del giro afectivo.