He pasado la noche en Barbastro porque esta mañana tenía que hablar del pulpo arborícola del noroeste del Pacífico a doscientos universitarios, más algún amigo que se ha presentado de improviso (y bendito sea por ello), más un grupo de militares jóvenes que, por lo visto, se han entrado de que andaba por esta ciudad gracias a su capellán. Me han dado una soberana alegría. Creo que he cumplido con el encargo y que todos hemos quedado satisfechos. Esta mañana me he levantado temprano porque tenía una obsesión: comprar varios kilos de tomates de Barbastro que es un de los dos mejores tomates del mundo. El otro es el feo de Tudela. De paso he comprado también una cantidad insensata de cerezas y un par de quilos de melocotones de Calanda. Y me he presentado tan a gusto en casa, donde me esperaba un paquete con esta sorpresa:
Hay días que están tocados por la Gracia, como el de hoy, y para toda la eternidad será cierto que el 29 de julio del 2026 fui muy aproximadamente feliz.


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