lunes, 6 de julio de 2026

Dos ancianos y un mundo

La pareja de ancianos está sentada en el poyo de la puerta, acogidos a la sombra de la casa y a una brisilla deliciosa que viene del río. La primera vez que paso frente a ellos los saludo y ellos me devuelven el saludo con cordialidad. La segunda vez, los saludo con más énfasis y les manifiesto mi admiración. Esto es todo lo que le piden a la vida: tardes apacibles, una sombra, un poco de viento y, como me dice el marido, "cuidarnos el uno al otro". Me da la sensación que el hombre desvaría un poco, pero la mujer lo escucha con ternura. Cuando me despido de ellos, con el pan bajo el brazo que le acabo de comprar al panadero ambulante, se quedan como los he encontrado, a la expectativa de lo que les pueda ofrecer la fortuna. No esperan mucho porque lo que los colma ya lo tienen, "pero un poco de distracción", me puntualiza la mujer, "viene bien de vez en cuando".

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