Repasando mis redes sociales compruebo una vez más que hay personas que no pierden nunca la oportunidad de mostrar las facetas más infantiles de sí mismas. Van por la vida como hooligans de su mediocridad. Salen al aire libre, incontinentes, cada vez que hay un partido de futbol interesante, para exhibirse sin complejos. Para ellas la vida es un patio de escuela y su aspiración es no pasar desapercibidos. Como no conocen ni el pudor ni la discreción, te brindan una oportunidad de oro para hacer limpia. Mientras me dedicaba a borrar contactos me preguntaba cómo personas que en su cotidianeidad pueden ser gente sensata se transforman con el acicate del fútbol en patanes sin fronteras. Pero de repente he pensado que si un día lluviosos te caes sobre un charco de agua en el Paseo de Gracia de Barcelona es posible que el único que se detenga a ayudarte sea un hooligan con la camiseta, la bufanda y la gorra de su equipo. Lo sé porque lo he experimentado. Y al recordar este hecho decido renovar los contactos borrados.
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