domingo, 26 de agosto de 2012

De mi música, sólo sé una cosa...



Friedrich Wilhelm Nietzsche nació el 15 de octubre de 1844 en el seno de una familia amante de la música. Su padre era un pastor luterano que organizaba y supervisaba actuaciones musicales para su congregación y al que le gustaba improvisar al piano. Tras su muerte en 1849, su madre reforzó su formación musical. Fue ella quién le enseñó a tocar el piano. 

Musicalmente fue un niño precoz. A los 10 años compuso sus primeras obras y le gustaba sorprender a las visitas con sus improvisaciones al piano. 

Al director Hans von Bülow le escribe en 1872: "A veces me siento dominado por un deseo de componer salvaje y urgente que es una mezcla de desafío e ironía”. En esos momentos necesitaba dar forma musical a sus estados de ánimo. “De mi música –concluye- sólo sé una cosa: que me permite dominar los sentimientos". Pero si esto es verdad, entonces parece claro que Nietzsche tenía unos recursos limitados para ello. No creo que se pueda discutir el conservadurismo de sus técnicas musicales. Sus fuentes parecen ser básicamente la música litúrgica, Beethoven y Schumann. Algunos estudiosos han encontrado también la huella de Liszt en la armonía y estructura de sus primeras obras. En cualquier caso, en su adolescencia, a diferencia de sus compañeros, no se caracterizó como wagneriano. Prefería un oratorio de Schumann a Tristán e Isolda. No se consideró a sí mismo wagneriano hasta 1868 y en ese momento prefería Los maestros cantores a las complejidades de Tristán. Tenemos, pues, ante nosotros el problema de la descompensación entre lo que podríamos llamar la voluntad filosófico-musical de Nietzsche y su pericia y creatividad como músico. 

Nos guste o no, la música de Nietzsche tiene una influencia infinitamente más limitada en la historia de la música que sus textos filosóficos en la historia de la filosofía. Acabó siendo perfectamente consciente de sus limitaciones musicales, como veremos, gracias a argumentos muy consistentes de von Bülow. Lo que me intriga es saber si ello reforzó la voluntad musical de su filosofía. Lo cierto es que sus composiciones son obras de juventud, anteriores a sus grandes obras filosóficas. Habrá que ver qué significa esta anterioridad, si indica meramente un orden cronológico o si lleva implícita alguna relación genética. Podemos adelantar que poseen una tonalidad romántica que el Nietzsche adulto no apreciará mucho. Incluso considerará el romanticismo como un signo de decadencia. 

Si ustedes me lo permiten, continuaré estos apuntes sobre Nietzsche, un poco a vuela pluma, con poco orden y menos concierto. Llegado el momento ya se verá si hay manera de sacar algo de agua clara de todo esto.

3 comentarios:

  1. Muy interesante, Don Gregorio, esto de la voluntad musical de la filosofía nietzscheana. En todo su pensamiento se mueve un cauce subterráneo en el que lo apolíneo y lo dionisíaco, intentan una armonía irresoluble, y especialmente, a lo que modestamente me parece, en el Zaratustra, su voz canta como en las grandes operas, con palabras cargadas de trágica profundidad.

    Salud

    ResponderEliminar
  2. Para cuando le apetezca variar. Muy buen fraseo y dinámica (digo yo).

    http://www.opengoldbergvariations.org/

    ResponderEliminar

Si es viernes, toca Tocqueville