lunes, 23 de abril de 2007

Futesas sobre un aforismo

I

"Si te han de traicionar, al menos que sea con un beso".

II

Iba a escribir este aforismo en el post del domingo, pero finalmente me decidí por este otro: “La gente educada sólo se mata por la espalda”.

III

Y fue este otro el que mereció el siguiente comentario de Grifo: “Las escenas violentas, y la sangre, son cosa muy ordinaria (adiós a las pistolas y armas blancas). Lo más educado es el veneno (lo vengo yo diciendo...)”.

IV

Sabía una anécdota que podía darle la réplica a Grifo, pero no conseguía recordar ni los detalles ni el lugar en el que aparecía. Hasta que esta tarde, sin más ni más, he caído en la cuenta. Se encuentra en el "Viaje a España en 1679", de Madame d'Alnoy: “Una alta dama, teniendo quejas de su amante, le presentó un puñal y una taza de chocolate envenenado, dejándole escoger el género de muerte. El amante se bebió el chocolate y dijo: Hubiera estado mejor con un poco de azúcar, pues el veneno lo pone amargo.

V

Y, ya puestos, ¿cómo no rememorar la famosa anécdota entre Churchill y Lady Astor? Hay varias versiones de la misma. La más conocida cuenta que ambos políticos estaban invitados en el Castillo de Blenheim, donde había nacido Churchill y que en aquel momento era propiedad de su primo, el Duque de Malborough. Anduvieron permanente enzarzados en discusiones. En un momento acalorado Lady Astor le lanzó esta puya:

- Winston, si estuviera casada contigo, pondría veneno en tu café.

- Nancy, si estuviera casado contigo, me lo bebería – le contestó él.

VI

Sir Martin Gilbert, biógrafo de Churchill sostenía que los protagonistas de este cruce de palabras fueron Lady Astor y F.E. Smith; mientras que Christopher Sykes, biógrafo de Lady Astor tenía la anécdota por verídica. Hay quien no cree a ninguno, alegando que en el año 1900 apareció en “The Chicago Tribune” un chiste con este mismo diálogo.

14 comentarios:

  1. Hay una bellísima historia de amor filmada por François Truffaut, "La Sirena del Misisipi". Belmondo y la Deneuve forman una de esas parejas de amantes turbia, un tanto sórdida, llena de tensa ligazón y apropiamientos. En un momento dado Belmondo comprende que ella le está envenenando, que trata de deshacerse de çel que es en cierta manera su dueño y tanto la ama que en lugar de reprochárselo le viene a decir, que si ella lo desea, seguirá tomando el veneno, tanto la ama.

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  2. Sólo añadir a la ristra de anécdotas, una que escuché hace unos días. De la deformación del nombre Malborough, los españoles llegaron, a través de los soldados franceses, a Mambrú. Y de ahí a la popular canción "Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena".

    En cuanto a la traición... con un beso quizás duela más ¿no le parece?

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  3. Sr Luis Rivera, esto ha sido un comentario concurrente en el tiempo. Lo demás son tonterías.

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  4. Buena reseña sobre el lugar especial del envenenamiento como vehiculo de traición.

    A proposito de ello, tenía entendido por ahí, que por ejemplo, el gesto de chocar las copas en el brindis provenìa de la costumbre cortesana de asegurar - tras el inevitable intercambio de fluidos entre copas- que el anfitrión bebiera lo mismo que el huesped, esperando con ello reducir los casos de envenenamientos, que por finales de la edad media, eran mas que frecuentes.

    Desde luego, sospecho que corremos mejor suerte probando el cafè de Ocata.

    Saludos desde Lima.

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  5. los amores sordidos, tortuosos, y de besos traicioneros son los mejores, en el cine, y en la literatura.

    En la vida real, son los que aparecen en la sección de sucesos en los periódicos.(o en los partes policiales)

    Ahora, el punto literario. Seguramente a Agamenón los besos de Clitemnestra le parecieron muy dulces. Pero ella no usó veneno, sino puñales.

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  6. Lo más educado, no; lo más elegante, sí. Especialmente si el futuro cadáver acepta la pócima con graciosa sonrisa y gesto sobrio, tal como enseña el poeta:
    ‘…Y si llega tu turno, no te asustes,
    no llores ni te quejes, pues debe cada uno
    beber alguna vez la fatídica copa.
    (…)
    Y cuando el ángel del licor oscuro venga
    a darte su brebaje, bebe alegre y paciente.’
    Al fin y al cabo, en cuestión de venenos y enjuagues, como en casi todo, lo único que importa es el estilo.

    Ps1: Disculpe usted la intromisión, andaba yo papaloteando por ahí y no sé cómo me colé entre las mesas.
    Ps2: El verso —levemente descontextualizado—, pertenece al Rubaiyat, de Omar Khaiyyan (1057, más o menos).

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  7. "Porque todo hombre mata a lo que ama. Los valientes con la espada, los cobardes con un beso" (O.Wilde)

    La hiel postamorosa: Dos grandes de la escena francesa, antaño enamorados y ahora divorciados, se encuentran en un entierro. El a ella:
    - Vaya, acabo de encontrar tu epitafio perfecto: "Al fin fría".

    Ella a él:
    - Y yo el tuyo: "Al fín rígido".

    Muchas de estas estocadas sustitutivas de puñales y venenos no tienen desperdicio. Aguzan el ingenio.

    Lola

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  8. Me tenéis emocionado. ¡Qué grandes que sois! Así da gusto llevar un café!

    Permitidme que le de la bienvenida a Noli: Puede usted entrometerse cuanto le apetezca.

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  9. Arrebatos: el presente que no cesa. Todo está en el presente.

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  10. Noli -me tangere, usted es...


    Matamos lo que amamos. Lo demás
    no ha estado vivo nunca.
    Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
    un olvido, una ausencia, a veces menos.
    Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
    de respirar con un pulmón ajeno!
    El aire no es bastante
    para los dos. Y no basta la tierra
    para los cuerpos juntos
    y la ración de la esperanza es poca
    y el dolor no se puede compartir.
    El hombre es animal de soledades,
    ciervo con una flecha en el ijar
    que huye y se desangra.
    Ah, pero el odio, su fijeza insomne
    de pupilas de vidrio; su actitud
    que es a la vez reposo y amenaza.
    El ciervo va a beber y en el agua aparece
    el reflejo de un tigre.
    El ciervo bebe el agua y la imagen se vuelve
    —antes que lo devoren— (cómplice, fascinado)
    igual a su enemigo.
    Damos la vida sólo a lo que odiamos.



    Sí, huía y aún huyo de Churchill. No debe saberse que nos hemos encontrado, a ojos violetas pocas palabras bastan.


    (Con la venia, don Gregorio, he de invitar al café.)


    Pero si alguno va a nacer (su anuncio,
    La posibilidad de su inminencia
    Y su peso de sílaba en el aire),
    Trastorna lo existente,
    Puede más que lo real
    Y desaloja el cuerpo de los vivos.

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  11. Entropía: Me ha dejado usted sin aliento. ¡Qué hermosas, qué certeras, qué hondas, las palabras de Rosario Castellanos! Es la suya una voz inolvidable, que se te queda prendida al alma. ¡Qué grande! ¡Y qué desconocida en España!

    Le agradezco profundamente estos versos, tan emocionantes.

    Muchas gracias.

    Pase y tome usted lo que quiera.

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  12. Sr. Entropía:
    ¡Psss!, no, no debe saberse que nos hemos encontrado. Y no se sabrá si cesa usted de andarlo susurrando a voz en grito. Tatémese con cera las yemas de los dedos y evíteme la pena (¿la pena?) de ofrecerle el brebaje del ángel 'con el mortal veneno que no mata pues prolonga la vida y duele más que el dolor…'
    Saludos a Chayo, al ciervo y a usted, naturalmente.


    Sr. Luri:
    Muchas gracias por la esquina.
    Tengo una duda: ¿Ha prohibido usted la admisión de la cursiva en su café? Nomás no se quieren escribir.

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  13. Sr Noli: Efectivamente, las cursivas me andan soliviantadas. Y yo las dejo vivir el entusiasmo de su revuelta, que son muy suyas.

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  14. Blenheim es una excelente colonia, la favorita tanto de Fred Huges y Andy Warhol, como de Sir Winston, también coincidían en su camisero y en su sastre preferido, extrañas coincidencias....
    La anécdota con Lady Astor, me ha recordado esta otra que también se le atribuye: Bessie Braddock: Winston, you are drunk!
    Churchill: And Madam you are ugly. An tomorrow, I´ll be sober, and you will still be ugly.

    Pero para sentencias demoledoras la siguiente sobre Halifax:
    Halifax´s vitues have done more harm in the world than the vices of hundredes of people.
    C.

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