sábado, 8 de septiembre de 2012

El culto de la escucha

Como el hombre es, con toda evidencia, un animal óptico, la filosofía se ha construido tradicionalmente, siguiendo esta inercia, desde la preeminencia de la visión. Su vocabulario es, fundamentalmente un vocabulario óptico. Basta leer a Platón para comprobarlo en cada párrafo. Pero el hombre no es sólo un animal óptico. Es muchas más cosas. Merleau Ponty, por ejemplo, desarrolla toda una antropología de la carnalidad a partir de una hermosa fenomenología del tacto.  Explorando estas otras muchas cosas que es el hombre, Rorty se propuso, continuando un proyecto ya esbozado por Heidegger, desmontar el “oculocentrismo” filosófico. En gran medida la filosofía del siglo XX puede entenderse como una puesta en cuestión de la centralidad de la mirada y, por lo tanto, de la teoría.

Nietzche ha precedido a todos los deconstrutivistas del "oculocentrismo" porque fue el primero (hagamos, en todo caso, la salvedad de Schopenhauer) en emprender el proyecto de hacer del oído un órgano filosófico, entendiendo la escucha como auscultación de la experiencia musical del mundo. Es esto lo que pretenden mostrar los últimos cantos de Así habló Zaratustra.

En El nacimiento de la tragedia habla de “aplicar el oído a las pulsaciones de la voluntad universal” que late en “todas las arterias del mundo”. Cuando sustituye a Wagner por Bizet en el altar de sus predilecciones, sostiene (en El caso Wagner) que Bizet lo hace “mejor auditor”, le permite escuchar aún mejor “el origen y la causa primera”, porque “cuanto más músicos somos, más filósofos somos”. Sin embargo no es fácil zafarse de mil quinientos años de filosofía y Nietzsche acaba rindiendo un gran tributo a la mirada cuando concluye (El Caso Wagner) que gracias a la música captamos el mundo sinópticamente, como si estuviésemos en lo alto de una montaña. Y en esto precisamente consiste la pasión filosófica.

La excelencia de la escucha (auscultare) es la auscultación, que es la acción por la cual prestamos a un sentido (auris, oído) una dedicación (culto). Es lo que hace el eremita del parágrafo 289 de Más allá del bien y del mal, que se dedica a afinar su oído con el trato a solas con su alma, como si fuera un excavador de tesoros.

Nietzsche ha sido el primer filósofo (de nuevo, con la salvedad de Schopenhauer) en presentir una experiencia no conceptual del mundo. Un concepto no sería, al fin y al cabo, como leemos en Verdad y mentira en sentido extramoral, más que el residuo de una metáfora. Nietzsche ha presentido una discursividad musical… porque ha sabido que de aquello de lo que no se puede hablar, se puede cantar y bailar.

Me voy a Jaén