Del 25 (fecha de mi ultima entrada en este café) al día de hoy, han pasado muchas cosas. El 25 por la tarde volé a Alicante, donde me esperaba un taxista amante del riesgo en los adelantamientos que me llevó a Cartagena. ¡Qué puesta de sol!
Nos acompañó un buen rato por la autopista con su dramatismo encendido de colores borrachos. Cuando cayó la noche quedó pendiente el horizonte un hilillo de luz horizontal que tardó en desvanecerse. En Cartagena he conocido a gente magnífica a la que, sin duda, volveré a encontrar en mi camino más pronto que tarde. El 26 tenía una conferencia a las 13:00, así que aproveché la mañana para recorrer la ciudad, que no conocía. Tiene Cartagena una historia impresionante, cuyo legado arqueológico creo que no conserva como se merece. Comencé mi recorrido por el parque arqueológico del Cerro del molinete, para visitar especialmente los restos del templo de Atargatis, diosa siria de la felicidad a la que frecuentemente se la representa con cola de pez, como una sirena.
Un vientecillo helado barría los restos solitarios de la que, posiblemente, fue diosa protectora de la ciudad en tiempos cartagineses. De allí, callejeando, me dirigí al teatro romano. 
Como llegué antes de que abrieran las puertas, pude darme el lujo de un chocolate con churros que me dejó el alma bien predispuesta para encarar el resto del día. El teatro impresiona. No me esperaba nada semejante. De allí, siguiendo el perfil del puerto, llegué cojeando al Museo de arqueología submarina, con la intención de detenerme ante la mano de Sabazios, cosa que hice con gran placer.
Llevo siguiendo los rastros de esta extraña deidad desde mis tiempos de aficionado al mundo tracio. Después, la charla ante más de mil personas generosas y, corriendo, al hotel, donde me esperaba el taxi que me llevó de vuelta a Alicante. Como los dioses son buenos, en el aeropuerto me encontré con un exalumno que vive cerca de mi casa. Es un joven empresario muy dinámico, que me hizo sitio en su taxi. El 28, Cope (con Jorge Bustos) hablando de la falta de carácter jurídico del pueblo español (jueces incluidos), el hospital de Can Ruti (pruebas de equilibrio y audimetría) y encuentro telemático con Aparachiqui, al que tanto aprecio (¡qué bien nos lo pasamos).
Y ayer, cuando el sol rompía el horizonte, incendiándolo de entusiasmo, tomaba el tren para Barcelona: Clínica de Remei (visita preoperatoria), Rosamerón (que tengo muy abandonados a mis socios) y Podcast por la tarde con Joan Salicrú, defendiendo el conservadurismo, creo que con éxito, en partibus infidelium. Pero lo más importante, sin duda, es que el 27 mi nieto mayor cumplió 16 años.





No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.