martes, 13 de mayo de 2008

La degradación como amor propio

José Antonio Marina recoge en “La inteligencia fracasada” la siguiente confesión de una paciente a su terapeuta:

“Llevo doce años de novia, pero estoy comenzando a cansarme… El problema no es el tiempo, sino el trato que recibo… No, él no me pega, pero me trata muy mal… Me dice que soy fea, que le produzco asco, sobre todo mis dientes, que mi aliento huele a… (llanto)… Lo siento, me da vergüenza decirlo… que mi aliento huele a podrido… Cuando estamos en algún lugar público, me hace caminar delante para que no lo vean conmigo, porque le da vergüenza… Cuando le llevo un detalle, si no le gusta me grita “tonta” o “retrasada”, lo rompe o lo tira a la basura lleno de furia. Yo siempre soy la que paga. El otro día le llevé un trozo de pastel y como le pareció pequeño, lo tiró y lo aplastó con el pie… Yo me puse a llorar… Me insultó y me dijo que me fuera de su casa, que si no era capaz de comprar un mísero pastel, no era capaz de nada… Pero lo peor es cuando estamos en la cama… A él le fastidia que lo acaricie o lo abrace… Ni qué hablar de besarlo… Después de satisfacerse sexualmente, se levanta de inmediato y se va a lavar… (llanto)… Me dice que no vaya a ser que lo contagie de alguna enfermedad… Que lo peor que le puede pasar es llevarse pegado algo de mi…”

Cuando uno lee esta terrible confesión lo primero que piensa es “¿Por qué no lo deja?”. Pero claro si fuera tan fácil hacerlo ya lo hubiera hecho. La pregunta adecuada es “¿Por qué no puede dejarlo?”. Esta paciente se lo explicó perfectamente a su terapeuta: “Es que lo amo… Pero sé que usted me va a ayudar a desenamorarme… ¿no es verdad?

Dostoievski escribe en las “Memorias del subsuelo” que puede haber un infierno peor que el ultraje: el de la ausencia de quien te ultraja, porque al menos mientras te humilla te sientes alguien, pero si te abandona, te sientes nada. Adam Smith decía, en este sentido, que el pobre más pobre es aquel a quien nadie ve, el que camina por la vida en completa transparencia, sin que nadie detenga en él su mirada. De ahí que con frecuencia con tal de llamar la atención seamos capaces de degradarnos. Seguro que todos recordamos algún compañero en clase que lo hacía.

Este fenómeno, el de la degradación como forma de amor propio me resulta el fenómeno humano más inquietante.

30 comentarios:

  1. Coñe Don Gregorio, vaya unos Spots que nos trae. Se lo agradezco como reflexión, a veces creo que es lo único que nos queda, la reflexión.

    Saludos Cordiales

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  2. Acaba de dar en el engendro del mal trato: el aislamiento. Le aplaudo.

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  3. Pero el aislamiento ¿de qué? ¿De todo lo demás menos de quien ejerce el poder sobre la víctima? A topda víctima le corresponde un torturador. A todo vampiro un vampirizado. ¿No es ese el territorio por el que se deslizan las relaciones humanas? ¿Equivale el aislamiento a la ausencia de libertad? ¿Es la carencia de amor propio la ausencia de libertad? ¿O es por el contrario la necesidad de ser reconocida? ¿Quien solamente aspira a ser reconocido, aún por el torturador, ejerce su libertad?

    La fragilidad de la naturaleza humana en sus relaciones conduce a lo patético, que no deja de ser el punto de vista de los otros. "Ayúdeme a desenamorarme" dice el personaje de tu ejemplo. ¿Es pues su situación una simple adicción?

    ¿Podemos imaginar un grupo de terapia en que alguien llegue y diga "soy fulanito de tal, estoy enamorado y aspiro a desenamorarme"? ¿Para qué? Para recuperar mi amor propio, mi dignidad, para huir de la tortura que tan necesaria me es...

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  4. Pienso ahora en alguien como Oscar Wilde (en el Wilde de "De Profundis"), quien pese a vivir en la gloria del éxito y los laureles, cayó en una espiral de humillaciones y degradación por parte de su "querido Bosie" hasta terminar en la carcel despojado de todo y cubierto de vergüenza y escándalo público. Y en todo momento fue consciente de ello, hasta el último momento creyó que podía salvarse, pero no pudo porque estaba "enfermo de amor" y nadie, ni siquiera sus amigos más íntimos (a quienes desoyó, defendiendo y justificando los desplantes que sufría), pudieron evitarlo.

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  5. No es amor , es enganche a una situacion inadecuada , es una adiccion en la que se confunde el amor , se "ama demasiado y mal " .Una concepcion erronea , muy literaria de las relaciones humanas " quien bien te quiere te hara llorar" ....eso de sufrir por amor es una trampa malevola , muchas veces auspiciada por las constumbres sociales .

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  6. Rubén: No exagere... sólo hay que reflexionar cuando no queda otro remedio.

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  7. Mar: ¡Qué lista es usted! Efectivamente, la demonización de la criminal violencia machista puede dar votos, pero no da en el clavo.
    Y me temo que para dar en el clavo se necesita ser lo suficientemente como para ver lo que hay.
    ¿Sabía usted que, según la 'Clinical Psychology Review' se registran casos de violencia entre el 48% de las parejas lesbianas y entre el 38% de las parejas gays?

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  8. Luis: Yo aquí me guío por la famosa dialéctica del amo y del esclavo. Me parece que explica, con sus deficiencias, lo que pasa mejor que ninguna otra.
    - Todos necesitamos sentirnos portadores de valor.
    - Ese valor nos lo concede la mirada del otro.

    El deseo humano es deseo de deseo o, deseo de ser deseado que es más patológico, por lo que parece, cuando menos valor nos conceden.

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  9. Arrebatos: ¡Qué gran texto, el "De profundis". Si yo tuviese que quedarme con una obra de Wilde, me quedaría con esta.

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  10. Pegy: ¿Y qué mayor enganche que el amor?

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  11. Luri: yo me refería también a la dialéctica amo-esclavo, que amplío a víctima-torturador. Y en plan cinematográfico, recomiendo pensar en The Servant, de Joseph Losey.

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  12. Me recuerda también a Humillados y ofendidos, del mismo autor. La reflexión era parecida: al que se siente humillado y ofendido en su miseria, no le queda más orgullo al que aferrase que su humillación y la sensación de ofensa.

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  13. Luis: Reconozco que el final de tu comentario me había despistado.

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  14. Hiper Santiago: ¿Ha habido en la historia un psicólogo más grande que don Fiodor Mijaïlovich?

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  15. Las magas sólo se comunican con las águilas.

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  16. Necesitamos llamar la atención... siempre he considerado que hacemos lo que hacemos para llamar la atención, después de todo, es lo que impulsa esa necesidad en los psicópatas a ser descubiertos y encarcelados, matan para ser famosos, además de satisfacer otras ¿compulsiones? en el camino, pero si nadie sabe que ellos son quienes matan no son famosos...

    Por otra parte, degradarse para llamar la atención me parece ausencia de amor propio, no existencia de y si nos basamos en la existencia de los opuestos: blanco-negro, dios-satán, amor-odio ¿No sería posible que existiese un odio propio como contraposición al amor propio?

    Quizás esa mujer siente que él le dice que es como ella piensa que es y no se anima a decírselo, esto nos llevaría a la idea de que ella siente que tiene lo que merece, soy esto y el ve lo que soy y sin embargo está aquí, conmigo. Lo amo (tendríamos que aceptar que esta mujer sabe lo que dice cuando dice "lo amo", por otra parte) porque él me odia como yo me odio, lo necesito para que él me trate como yo deseo tratarme...

    También podría suponerse que en 12 años de relación la mujer ha adquirido una especie de "Síndrome de Estocolmo", es decir, que siente por aquel quien "secuestró" su amor propio un afecto de raíces patológicas.

    Lo más raro es el inicio... después de 12 años se está cansando.

    Un abrazo.

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  17. Sergio: Pero ¿qué valor nos concede la atención que le ganamos al otro?

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  18. Psicólogo no sé. Sondeador del alma human, lo dudo bastante

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  19. No sabía esas estadísticas, pero me las apunto; será curioso lanzarlas al aire en según dónde.

    Saludos.

    Mar

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  20. Dos dudas:
    ¿El/la que siente ese enganche necesita ese tipo de vida para justificar su existencia?

    ¿Es la vida de la chica del ejemplo tan miserable que necesita del otro para existir?¿Eso es lo único que recibe a cambio, su justificación para existir? Son 12 años...

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  21. La respuesta a tu pregunta, Gregorio, es no lo sé aunque cabría suponer que el valor descansa en la persona que busca que el otro la valore, ya sea positiva o negativamente. Aún a riesgo de meterme en una camisa de 33 varas (ya no de 11 porque engordé un poco y es mi talla) todos deseamos que "nos tengan en cuenta" de una forma u otra, aún el grito de "¡Dejadme solo!" suele ser una súplica de compañía. Por otra parte si tenemos un Yo masacrado (como creo que ha de tenerlo esta mujer después de 12 años de tal noviazgo) seguramente necesitamos apuntalarlo con algo, ya sea este algo un Yo ajeno que nos de la fuerza para tomar una decisión que deberíamos tomar nosotros mismos (dejar al bestia de su novio en este caso), ya sea un Yo que nos permita dar una razón al estar vivos (servir y soportar al bestia ese, por ejemplo).
    Como verás, mis conocimientos de psicología no son solo vagos sino más bien paralíticos, pero recuerdo el libro "¿Qué dice usted después de decir hola?" y "Los juegos que la gente juega" de Eric Berne en el cual sostenía que las relaciones humanas podían ser explicadas o comprendidas mediante una serie de fábulas o juegos, esto pertenece al Análisis Transaccional y no pretendo, ni mucho menos, profundizar en el mismo pero podría aplicarse a este caso.
    En pocas palabras, Berne hablaba del cuento de la Caperucita Roja para explicar el caso de muchas jovencitas (caperucitas) que se sienten atraídas por hombres mucho mayores (lobos), también comentaba que una relación cualesquiera tiene sus "recompensas" si cada jugador cumplía correctamente su rol. Es loco pensar que un insulto pueda ser una recompensa pero en algunos juegos un insulto es exactamente eso, por eso la relación puede sobrevivir pese a ser enfermiza.
    Supongamos que en este caso la mujer es la esclava y el hombre el amo, la mujer buscaría en su psiquiatra al "liberador o emancipador", una persona con más prestigio social que su pareja que la libere de esta, sin embargo para el psiquiatra aceptar este papel sería aceptar su rol en el juego y por eso se ve inhibido a ello, es la mujer, por sí misma, la que ha de liberarse de su adicción a ese juego. Esto es una posible explicación, más no la explicación correcta, espero que quede claro.
    Por otra parte, y regresando al principio, en uno de tus post hablás de los "hábitos" y esto podría también, se me acaba de ocurrir, enlazarse con el mismo. La mujer podría haber sido, desde pequeña, habituada a tener la necesidad de agradar, de ser acpetada como demostración de ser alguien. De allí que ser aceptada, aún en la degradación, pueda para ella ser una señal de que no ha fracasado.
    Y corto aquí porque los que me conocen ya saben que me enrollo más que una persiana.
    Un abrazo.

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  22. Manuman: No tengo las respuestas, obviamente sólo sé de este caso lo que cuenta Marina, pero sí que he visto con mucha frecuencia, sobre todo en mis tiempos de maestro, el alumno que prefiere ser castigado por llamar la atención, que pasar desapercibido.

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  23. Sergio: La degradación como camino de aceptación... me parece que el caso es aún más grave: el desprecio de sí misma como reconocimiento de ser alguien para el otro. Porque, no lo olvidemos, está enamorada.

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  24. Allí podría plantearte mi disensión con su discurso porque donde ella dice "estoy enamorada" yo leo "lo necesito" y donde ella dice "desenamóreme" yo leo "haga que deje de necesitarle".
    Esto nos lleva a: "¿Ella se degrada para que él esté con ella o él está con ella porque ella se degrada". Como en el caso del huevo y la gallina, empieza a ser importante lo que ha sido primero.
    ¿Es importante tener valor a los ojos de los demás? Considerando que los individuos aislados y solitarios suelen transformarse en psicóticos o rondar varias y distintas patologías jamás deseadas a nuestros hijos considero que sí es importante que los demás nos den algún valor.
    Que alguien nos de valor nos permite pertenecer a un grupo y pertenecer a un grupo nos salva de la soledad y del aislamiento.
    Por esto, si no tengo la capacidad suficiente como para ser valioso por alguna virtud, buscaré ser valioso a través de mis vicios: ser la fácil 8en el caso de las mujeres), el bufón, el chivo expiatorio, etc, etc, etc.
    Sin embargo no creo que todas las conductas de autohumillación provengan de lo mismo ya que es la repetición del hecho lo que conduce a sospechar una patología. De otra forma, hay mujeres que se desprenden de un marido golpeador solo para caer en los brazos de un nuevo golpeador mientras que otras mujeres dejan a un golpeador para llevar, luego, una vida normal y tranquila.
    A veces se da el fenómeno de la rana y el agua caliente (resumo: si echamos una rana en agua hirviendo saltará para salvarse pero si la colocamos en agua fría y luego la calentamos lentamente se quedará hasta que esta hierva y la rana muera). Una mujer (o un hombre) puede iniciar una relación perfectamente normal y poco a poco ir introduciéndose en el juego de las humillaciones sin darse cuenta hasta que algo la quema y salta o... termina muerta.
    Un abrazo.

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  25. Me encuentro ahora mismo, cuando buscaba otra cosa, con esta cita de Freud:
    "El enorme poder que la persona amada ejerce en quien la ama puede explicarse en parte por el hecho de que se invistió al objeto amoroso con la mística de todos los objetos perdidos del pasado"

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  26. Qué terrible, y qué común.

    No es amor , es enganche a una situacion inadecuada , es una adiccion en la que se confunde el amor: estoy de acuerdo, no creo que eso sea amor (claro que no sé qué es amor, actualmente).

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  27. Lo que a mí me sugiere es: salvo las que contruimos nosotros como cultura (como literatura) no hay etica ni estética. Es decir: todo vale en principio. Podemos quizá inventar y consensuar unos valores (¡quizá!); pero fuera de esa posiblidad (a veces remota) no hay límite a la creatividad: amar con sangre; violar como familia; castrar, encerrar para proteger, ensalzar con degradación, crueldad como diversión, genocidio como virtud... Fuera de ese (hipotético) consenso construido como juego, todos los dialectos se hablarán, se susurarán o se gritarán

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  28. Al anónimo que dijo...
    "Las magas sólo se comunican con las águilas".
    ¿Es que realmente te lo crees?

    J.Falzac

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  29. "Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien. Es un concepto nuestro –es, en suma, a nosotros mismos- lo que amamos.
    Esto es verdad en toda la escala del amor. En el amor sexual buscamos un placer propio que nos es dado por intermedio de un cuerpo extraño. En el amor distinto del sexual, buscamos un placer propio que nos es dado por intermedio de una idea nuestra. El onanista es abyecto, pero, en rigurosa verdad, el onanista es la perfecta expresión lógica del sentimiento amoroso. Es el único que no disfraza ni engaña.
    Las relaciones entre un alma y otra, a través de cosas tan inciertas y divergentes como las palabras comunes y los gestos que se emprenden, son materia de extraña complejidad. En el acto mismo de conocernos, nos desconocemos. Dicen los dos “te amo” o lo piensan y lo sienten a modo de trueque, y cada uno quiere decir una idea distinta, una vida distinta, puede incluso que un color o un aroma diferentes, en la suma abstracta de impresiones que constituye la actividad del alma."

    Del "Libro del desasosiego" de Pessoa

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Dos cosas

La primera, la nueva entrega del Locutori. La segunda, esto de hoy mismo de Fernando Savater en su columna de El País, "Conservador&quo...