sábado, 3 de febrero de 2007

Futesas XI

I

Del llamado "Evangelio de los egipcios": “El alma es difícil de encontrar y de comprender, pues no se queda quieta ni en una misma forma ni en una misma pasión, sino que siempre está cambiando”.

II

San Agustín: “anima humana no parva quaestio est”.

III

Kafka:

Y continuamente se oye al que pasa silenciosamente ante la puerta” (El castillo).

Cada uno tiene su manera de emerger del mundo subterráneo; yo lo hago escribiendo” (Carta a Felice).

IV

El conformismo comienza con la definición (Georges Braque)

V

Luciano, "Menipo" 25-30: “La mejor vida y la más sensata es la de los hombres corrientes (ho tôn idiôtôn áristos bíos), deja de especular sobre los fenómenos celestes y de examinar las causas finales y los primeros principios; escupe sobre estos silogismos sabios y considerando vanas todas estas preocupaciones, ocúpate de de una sola cosa entre todas; de cómo disfrutar del presente y pasarlo riendo de casi todo y sin tomarte nada en serio

VI

Hay entre las fábulas de Esopo una antifábula, la 63. Tiene como protagonista al político ateniense Démades (350-319), decididamente promacedonio. Dice lo siguiente: "Démades hablaba en una ocasión al pueblo de Atenas, al no prestarle los ateninses demasiada atención, pidió que le permitieran contar una fábula de Esopo, aceptaron y comenzó diciendo: 'Deméter, la golondrina y la anguila hacían el mismo camino. Llegados a un río, la golondrina echó a volar y la anguila se sumergió'. Dicho esto, se calló, y le preguntaron: 'Bueno, ¿y qué hizo Deméter?' El orador respondió: 'Irritarse contra vosotros, que abandonáis los asuntos del Estado y preferís oír una fábula de Esopo.'"
No sé muy bien si en esta fábula Esopo se ríe de sí mismo o está pensando en el día en que Démades intentó un proceso de deificación de Alejandro.

VII

En el cercanías de RENFE, camino de Barcelona. Al pasar por Montgat una mujer, a mi lado, hablando sin pudor por el móvil: “¡La soledad es tan mala compañera!”. Tendría unos treinta años. Llevaba sobre las rodillas “La mort d’Ivan Ilitx”, de Tolstoi, con una marca de lectura al comienzo. Se bajó en San Adrián. Al levantarse del asiento se le cayó un papel. Lo recogí al llegar a la Plaza de Catalunña. Tenía escritas dos frases. La primera decía: “Cristalero. Viernes, a partir de las 17. Y la segunda: “No entiendo a mis ojos si te veo, ni a mis manos si te ausentas”.

9 comentarios:

  1. ¡Anda que no he pensado yo veces lo que ese tal Luciano! Pero desear ser una persona corriente es lo menos corriente que una persona puede hacer, porque la persona corriente no distingue entre grupos de corrientes y no corrientes. O quizá sí, y en ese caso, todos estaríamos fuera del deseado grupo de la normalidad, un grupo ideal que no existe. ¡Vaya timo!

    Relatos como el de tu compañera de viaje son los que me hacen echar de menos el autobús (tres autobuses en cada viaje al trabajo, con ida y vuelta para comer, en total 12 autobuses al día).

    Saludos.

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  2. definitivamente he llegado a la conclusión, que la renfe al otro lado del besos, es mucho más interesante, que la del lado del llobregat.

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  3. Umla: Un respeto, por favor, "ese tal Luciano" es ni más ni menos que el gran Luciano de Samosata.

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  4. Celia: el tren da mucho de sí, sobre todo ahora que con esto de la telefonía móvil a todo el mundo le da por gritar sus trivialidades.

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  5. Don Gregorio y Odeo :)))))
    Yo que venía dispuesta a comentarle y me ha pegado un corte en seco :))

    Buenas noches.
    KSNDR

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  6. Explíquese, por favor, doña Kasandra. ¡Cómo voy a darle un corte a usted!

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  7. Una historia de desamor, un cristal roto; la cita con el cristalero un viernes después de las 17,00: mala hora. Treinta años, baja en Sant Adriá. Lee a Tolstoi, y especialmente a ese Tolstoi, acaba de empezarlo.Y le dice a una amiga por teléfono "la soledad es tan mala compañera". Ana Karenina, blanco y negro. Suena a Godard.

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  8. He sonreído don Gregorio. Sonreía por lo que leía :)

    Otro beso, que me dejé cosas pendientes por allá abajo...

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  9. Tienes razón, Luis, Godard resuena por aquí con más frecuencia de lo que yo hubiera estado dispuesto a admitir al principio de este Café. No hay manera de conocernos si no es e nuestros actos.

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