jueves, 1 de febrero de 2007

Por qué voy a tener la luz encendida

Basta echar un vistazo al calendario para darse cuenta de que el viejo santoral está siendo sustituido por una sucesión creciente de días internacionales dedicados a las más diversas y magnánimas causas. No hemos hecho más que dejar atrás el Día escolar de la paz y la no violencia y ya se anuncian el de la Lengua Materna (21 de febrero) y la avalancha de marzo (día de las Naciones Unidas para los derechos de la mujer y la paz internacional; día internacional de la eliminación de la discriminación racial; semana de solidaridad con los pueblos que luchan contra el racismo, etc.). A este calendario hay que añadir la emergencia más o menos espontánea de jornadas de “concienciación”, como la del apagón convocado por diferentes organizaciones ecologistas para esta tarde.

Hay en todas estas campañas –además de la evidente buena fe que las promueve- un componente que me parece, más que bueno o malo, inevitable: la necesidad de constatar ante la propia conciencia (que es la mirada del otro interiorizada) que nos hallamos en el lado bueno de la humanidad. Desde Platón sabemos que el hombre no sabe vivir sin sentirse orientado hacia el Bien. Tradicionalmente esta orientación la proporcionaba la propia comunidad política, que a cambio exigía del ciudadano su predisposición a soportar, incluso con la propia vida, la continuidad histórica del ámbito de copertenencia que lo había acogido. Formaba parte del sentido común la conciencia de que nada recibido de la comunidad podía ser gratis, porque ésta no hacía más que redistribuir lo que cada ciudadano ponía a su servicio.

Las cosas han ido cambiando a medida que se ha ido confundiendo el derecho ciudadano y el capricho del individuo. Si el ciudadano sabe que no hay derecho sin el correspondiente deber, el individuo, carente de toda conciencia de deuda hacia su comunidad de acogida, se considera no sólo propietario de todos sus caprichos, sino, sobre todo, perplejo si alguien pone en cuestión la legitimidad de sus pretensiones.

Para el Credo de la religión laica imperante, el poder es evidentemente malo, mientras que la espontaneidad individual y, sobre todo, la espontaneidad rebelde, es siempre buena. Por lo tanto, los medios que fomentan la espontaneidad no mediatizada por institución alguna, son los más democráticos (mensajes por teléfonos móviles, Internet, etc.). Lo paradójico es que los poderes públicos, como si para hacer creíble que son públicos tuvieran que renunciar a la representación de su poder, se apunten tan alegremente a las protestas de la espontaneidad inocente. Tanto la ministra Cristina Narbona como la Generalitat y los ayuntamientos catalanes han apoyado con entusiasmo el apagón de esta tarde, sin, por lo que parece, pararse a pensar que ese filantrópico gesto ecologista, tan romántico y desprendido, podía estar echando un pulso a la infraestructura energética del país.

Hay elementos para sospechar que el discurso político de la responsabilidad está siendo barrido por el discurso antipolítico del narcisismo del gesto. Es antipolítico porque nos exime del compromiso con la gestión directa de lo concreto mientras estimula el derecho al pataleo del ciudadano con la complicidad de los poderes públicos. Pero si ignoramos la necesidad de acompañar las reivindicaciones justas con renuncias necesarias, estamos educándonos a nosotros mismos y a nuestros hijos en la irresponsabilidad política. Por ello quizás debiéramos atrevernos a convocar el día internacional de la bondad irresponsable. Su objetivo, evidentemente, sería, simple y llanamente, el de animarnos a nosotros mismos a llamar a las cosas por su nombre.

17 comentarios:

  1. Oye, estás que te sales.
    Ningún día sin que sea un día de caprichillo colectivo si podemos leer tus post ad hoc.

    Lola

    ResponderEliminar
  2. Pues te confieso una cosa: me da la sensación que esta tarde tendremos la guerra civil en la familia. A ver si salgo indemne o indemnizado.

    ResponderEliminar
  3. Claudio.

    "...la necesidad de acompañar las reivindicaciones justas con renuncias necesarias,..."
    ¡Ay, ay, ay! ¿Le ha comido el tarro la familia o es que no le entiendo? ;-)

    ResponderEliminar
  4. El gesto aniquila el contenido y lo arrumba.
    Justifica además a la clase política que con el gesto se conmemora a si misma.
    ¿Es narcisismo?
    Todos los problemas que día a día se conmemoran, están bajo el paraguas de la ley.
    Mañana o pasado es el Día del Cáncer, creo. Y me pregunto, ¿para qué sirve?

    ResponderEliminar
  5. Claudio: quiero decir que por muy justa que se crea una reivindicación no por ello su satisfacción va caer del cielo. Si queremos contaminar menos (y parece una reivindicación justa) no basta con proclamar nuestros buenos deseos. Debemos especificar qué es aquello de lo que estamos dispuestos a prescindir. Y a continuación reclamar la legislación correspondiente.

    ResponderEliminar
  6. Luis: Hay algo que desde hace tiempo me preocupa. Se trata del intento de llevar a las escuelas todo tipo de problemas. El adulto puede gestionar sus compromisos de manera diversa y decidir, por ejemplo formar parte de una determinada asociación en apoyo de lo que sea, comprendiendo que no puede echarse sobre sí todas las causas de la humanidad. Pero cuando insistimos en los niños llevándoles los problemas del mundo, llega un momento en que piensan que la suma de los problemas que se les presentan es de tal magnitud que no pueden tener ninguna responsabilidad sobre ninguno. Entre el mero gesto narcisista y el cinismo está la responsabilidad con lo concreto que cada uno puede y debe asumir.

    ResponderEliminar
  7. Claudio.

    Mi comentario quería decir que me preocupa más cuando no es un gesto irresponsable, sino una reivindicación irresponsable. Se le exige al poder que haga algo (aquí está el espontaneísmo) en vista a ese objetivo y sí, se está dispuesto a que paguemos todos un precio. Es la gente diciendo: prohíbenos tal cosa.

    ResponderEliminar
  8. Claudio: Ahora me temo que soy yo el que no te sigo. Sin un sistema de prohibiciones no hay un sistema de afirmaciones. Y, por lo tanto, tampoco de valores.

    ResponderEliminar
  9. Claudio.

    A ver si me sé explicar.
    Entiendo su división:
    ciudadano: derecho/deber
    individuo: derecho "gratis", narcisismo, pataleo.
    Pero, en la reivindicación como la de hoy ¿seguro que se pide algo gratis? ¿Hemos de ver sólo el gesto vacío que se agota en sí mismo?
    Sin duda que algo hay de eso. Pero a mí me preocupa más lo que tiene de actitud política que sí acepta "pagar", que sí espera una respuesta del poder. Que la complicidad con éste no se queda en el pataleo. Que es irresponsable porque no piensa en lo que puede pasar, no porque no vaya a pasar nada. Que sí ha aceptado las renuncias, incluso antes de saber porqué.

    ResponderEliminar
  10. Creo que hay dos enfoques y los dos son banales.

    Uno: el día del orgasmo universal por la paz y el amor. Más que una banalidad es una chorrada, pero consigue prensa.

    Dos: El día del cancer. Contra el cancer se lucha cuando se tiene en la intimidad o cuando se colabora con fondos en asociaciones que investigan, de manera regular, al margen de un día. El Día no representa nada... en absoluto.

    Tres: Tomemos un problema real: el calentamiento global. Vale. Apagamos la luz. Los niños entienden que tenemos un problema. Les decimos que apagamos la luz porque queremos que el problema se arregle y que eso lo deben hacer los que pueden hacerlo porque si no el mundo que les queda a ellos será mucho peor. Encendemos la luz. A la siguiente semana volvemos a hablar del calentamiento global. Los niños comprenden que los señores que tienen que hacer las cosas no las hacen.
    Pero ¿qué señores? ¿Que cosas?
    Se trata de un uso de gestos en que nos complacemos y que no tienen otro beneficio práctico que la popularización, durante un día, de unos políticos que ejecutan el gesto.

    No creo que nadie espere una solución desde un sentido racional en su pensamiento. Ya no se trata de La Rebelión de las masas, sino de las masas dóciles y domadas sintiéndose benéficas.

    ResponderEliminar
  11. Claudio: entendido. Lo paso al departamento de meditación.

    ResponderEliminar
  12. Luis: La rebelión de las masas dóciles. Me quedo con este concepto.

    ResponderEliminar
  13. Acojo Gregorio tus palabras sobre el gesto "ecológico"(?) de la luz para amoldarlas a la sequía que se nos avecina tras años de adoración empecinada a Santa Bárbara, bendita y sacrosanta patrona de los que se acuerdan de ella sólo cuándo truena.
    Dicho de otra forma: ¿Qué gesto inventarán para concienciarnos de que el agua es un recurso a salvaguardar SIEMPRE, y no sólo cuando es preciso? ¿Quién y cuándo se malgasta el agua, a millones de litros la hora?.
    "Entre todos la mataron y ella sola se murió" (la Tierra, claro).

    ResponderEliminar
  14. Pedra Lletraferida: Si la capacidad de admiración es, como decía Aristóteles, la condición imprescindible para filosofar, tenemos materia para rato.
    Lo que más me molesta de todo esto es el papel de las instituciones. Es como si los empresarios quisieran hacer huelga para demostrar que están con el obrero.

    ResponderEliminar
  15. Resultó paradójico y aleccionador que en el 'Día de la no-violencia y por la convivencia en las escuelas' (o algo así), un padre le rompiera la nariz a un maestro en Cataluña.
    Saludos, Gregorio.

    ResponderEliminar
  16. Gabriela: es exactamente a esto a lo que me refiero: mientras fomentamos una bondad irresponsable (porque no nos exige más que la manifestación periódica de nuestra solidaridad con causas absolutas), ignoramos el complicado ejercicio de la prudencia responsable.
    Un abrazo, Gabriela.

    ResponderEliminar
  17. No suelo reivindicar nada... suelo acoplarme a ser lo más cívica dentro de mis posibilidades egoístas.

    Y otro beso más...
    Me rindo de rendida que estoy pero siempre es un placer pasarse por aquí

    ResponderEliminar

Días de lluvia

Días de lluvia caprichosa. Unas veces, sorda y monótona; otras, violenta, con fuertes ráfagas de viento, que ha llenado las aceras de hojas...