Los que, de verdad, no descansan nunca, son los tontos. Eso sí que es deprimente.
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Hablaba aquí hace unos días del coraje y lo hacía sin nombrar el rasgo más asombroso de esta virtud -porque el coraje es una virtud-: que se...
Los que, de verdad, no descansan nunca, son los tontos. Eso sí que es deprimente.
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