Los que, de verdad, no descansan nunca, son los tontos. Eso sí que es deprimente.
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Odo Marquard nos comparó, a los ciudadanos del presente, con aquella princesa del cuento que no podía dormir por las molestias que le causa...
Los que, de verdad, no descansan nunca, son los tontos. Eso sí que es deprimente.
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