sábado, 1 de febrero de 2020

Repúblico o cosmopolita

Dice García-Máiquez en The Objective que, para muchos británicos -la mayoría, de hecho-, el brexit se ha presentado como la garantía de que no acabarán siendo ciudadanos del mundo. Ha dado en el clavo.

El dilema político fundamental de nuestro tiempo es el de la elección fatal (o elegimos nosotros o elegirán por nosotros) entre repúblico o cosmopolita.

Me gusta la palabra "repúblico", muy frecuente en los tratadistas políticos hispanos, que se mantuvo viva hasta el primer tercio del siglo pasado. Es la mejor traducción del "zoon politikón" aristotélico. 

Lo que nos decía el estagirita no es que el hombre sea un animal ciudadano, sino que es un animal político, que está moldeado por una "res pública" (una "politeia") y, por lo tanto, se debe, al menos en parte, a ella.

A mi modo de ver, los únicos cosmopolitas -ciudadanos del mundo- coherentes han sido los cínicos (herederos de Antístenes, Diógenes y Crates), porque pretendían vivir no sólo sin la protección de ningún Estado sino contra la protección de cualquier Estado, por considerarla contraria a la genuina vida natural. Para ser de verdad cosmopolita hay que limitarse a ser ciudadano de la Naturaleza.

Para llevar a cabo su pretensión, los cínicos se comprometieron con un impertinente ejercicio de la libertad de palabra y con una radical renuncia a todo derecho de propiedad. El cínico siempre está de paso, porque esta es la manera cabal de asumir íntegramente la propia naturaleza sin ceder parte alguna de la misma a la gestión del Estado.

El nuevo cosmopolitismo es menos coherente, pero es más insidioso. Se presenta como ciudadanía con derechos de propiedad y, sobre todo, de subsidio, sin deudas hacia el Estado cósmico que le garantizaría mágicamente el ejercicio de esos derechos pero permanentemente en deuda con la naturaleza.





4 comentarios:

  1. Si me permite el atrevimiento, me trae al recuerdo la opinión de Adolph von Knigge (pertinentemente cuando está hablando del trato entre padres, hijos y parientes) sobre el cosmopolitismo:

    "El patriotismo ya es un sentimiento compuesto, pero aún más cordial y cálido que el espíritu cosmopolita, para un hombre que no haya sido expulsado pronto de la sociedad civil, que no sea un aventurero que vaga de país en país, sin sentido alguno de la propiedad o del deber cívico. Quien no ama a la madre cuyos pechos le han amamantado, quien no tiene un corazón que se enternezca a la vista de los campos en los que vivió sin cuitas y feliz los años inocentes de su juventud, ¿qué interés podrá tener en el bien común, ya que la propiedad, la moralidad y todas las cosas que un hombre puede querer en este mundo se basan, de hecho, en la preservación de aquellos vínculos que nos unen a la familia y a la patria?
    El hecho de que estos vínculos se vayan debilitando cada día que pasa solo demuestra que nos vamos separando diariamente del orden excelente de la naturaleza y de sus leyes; y cuando un balarrasa a quien su patria ha expulsado como un miembro inservible por no quererse someter a las leyes, insatisfecho con la coacción que le imponen la moralidad y la policía, afirma que es propio del filósofo disolver todos los vínculos estrechos y que no reconoce otro vínculo que el espíritu fraternal entre todos los habitantes de la tierra, eso solo nos convence de que no hay frase, por estúpida que sea, que no encuentre asiento en un sistema filosófico como uno de su pilares fundamentales...

    "De como tratar con las personas" (1788)

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  2. Este Adolph Franz von Knigge resulta un quebradero de cabeza para los conspiranoicos, ya que fue francmasón e integró la Orden de los Iluminados de Baviera, que se supone propiciaban -y hay quienes sostiene propician- un gobierno mundial. Rotundo mentís del caballero Knigge

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    1. Si, llamativo para un noble alemán, defensor de la Revolución francesa y traductor de las Confesiones de Rousseau. Además de un conocedor de Cicerón, como se puede ver.

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