Ese adolescente de 16 años, Julio, que fue uno de los primeros en llegar en Adamuz al lugar del accidente ferroviario, me tiene conmovida el alma. Cuenta, como la cosa más normal del mundo que al ver a una mujer descalza le prestó su calzado. No es un detalle menor. O, quizás mejor, es un gigantesco detalle menor. Mientras en las cátedras de ética sesudos filósofos de todas las universidades del mundo se preguntan qué es el Bien, un adolescente no tiene duda alguna en identificar lo bueno y en actuar en consecuencia. "No tuve miedo de no seguir hacia adelante, porque lo asimilas y continúas haciendo lo que crees que tienes que hacer", le dijo a Chapu Apaolaza. ¡Qué frase! «Continúas haciendo lo que crees que tienes que hacer».Y ante estas palabras, amigos, uno se siente pobre, engolado y fuera de juego y entiende plenamente el sentido de aquellas palabras de Jesús: «Dichosos los humildes».
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