Parece que los ucranianos están ganando la guerra de drones y no por casualidad. Están sabiendo combinar bien la ayuda tecnológica de Europa occidental y la capacidad para encontrar en la experiencia inmediata respuestas inmediatas. Los ucranianos no tienen más capacidad que los rusos para imaginar el futuro, pero están demostrando tener mucha más capacidad que ellos para entender el presente. Han puesto en marcha un ciclo de innovación tan eficiente que cualquier cosa que suceda en el frente es inmediatamente analizada como un reto en los laboratorios. Si los rusos van adelantados en una tecnología militar, los laboratorios ucranianos se ponen a encontrar contramedidas eficaces. Y las encuentran sin tener que lidiar con montañas de requisitos burocráticos. Aquí está lo relevante: no andan imaginando cuáles serán las competencias del futuro, sino hallando las respuestas urgentes para aquí y ahora. La programación a largo plazo es una quimera para ellos porque no saben de cuánto futuro disponen, aunque sepan que ese futuro se juega en el día a día: fabricando lo nuevo más rápidamente que el adversario. Aquí hay un mensaje importante para la UE... si es que lo quiere aceptar. En Ucrania no está solo en juego un modelo de hacer la guerra; está sobre todo en juego un modelo industrial. El futuro que nos espera es una economía de guerra.
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