Iba ayer por la mañana caminando tan ricamente de la estación de Sants al convento de los capuchinos de Sarrià, mientras por los auriculares sonaba a todo trapo La Gran Vía, del insigne Chueca, y al llegar a la Diagonal recibí un mensaje de un amigo con, entre otras, dos frases terribles: La primera, de Chejov: «Si tienes miedo a soportar la soledad, no te cases»; la segunda, (posiblemente) de mi amigo: «Cuando un matrimonio se grita, no se está gritando lo que parece, sino ¡No eres suficiente para mí!». Y me rebanó de golpe la alegría de la mañana. A partir de ese momento me pasé el día rumiando. Por la noche, mientras sobrellevaba mi reincidente condición de Rodríguez, pensaba que la soledad no depende de las distancias físicas, sino de las afectivas. Es mayor cuanto más sientes que te ignora la persona con la que intimas. No sé si habrá alguien que se sienta solo ante una persona que le resulta indiferente (aunque estos días estoy releyendo Memorias del subsuelo y me siento predispuesto a creer que nada inhumano nos es ajeno). Sí, hay momentos de soledad profunda en la cotidianeidad de un matrimonio y son mayores cuanto más te tomas en serio a ti mismo. La ironía, sin embargo, parece ser un privilegio de la experiencia. Los años de convivencia te van enseñando que la vida en pareja está plagada de saltos emotivos hacia los extremos. ¿No era Jung el que decía que ninguna teoría sobre el alma te sirve cuando te asomas al alma de alguien concreto? Con la edad descubres que la trayectoria importa más que los meandros, por grandes y retorcidos que sean estos. Respecto al «no eres suficiente para mí» que a veces insinúa nuestro narcisismo (que da por supuesto que la otra persona ha de amarte exactamente como tu crees que debieras ser amado), no me parece más doloroso que el "no soy suficiente para ti", con el que a veces nos hiere nuestro sentido de la realidad. Es esta conciencia de la propia insuficiencia la que te lleva, finalmente, a descubrir que comprender al otro es una tarea quimérica, pero que la incomprensión no importa. Quererse es mejor.
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