Hasta ahora Trump está tratando a Maduro muchísimo mejor de lo que Maduro ha tratado a los detenidos a los que ha mantenido en sórdidas prisiones durante años sin ningún juez que dictase su prisión provisional o un abogado que los defendiese. Me ha emocionado Lorent Saleh cuando ha preguntado qué estaban dispuestos a hacer por los millones de exiliados venezolanos, por los millares de presos venezolanos, por los que ganaron las elecciones en Venezuela... los que protestan en Europa por la detención «del que bailaba salsa mientras la gente era masacrada en las calles». ¿No debemos recordar que Maduro no reconoce el derecho internacional, como lo prueba su apoyo a la invasión rusa de Ucrania? Julio María Sanguinetti, expresidente de Uruguay sí ha recordado que Venezuela impugnó la Carta de derechos humanos interamericana, rechazó la Corte interamericana y la carta de la OEA, pero invoca los derechos que rechaza. Ante las dictaduras, concluye Sanguinetti, «no juega la no intervención». ¿Ya no nos acordamos del «amor armado» de José María Mendiluce y del «derecho a la injerencia»? No debiéramos perder de vista tampoco que lo que se juega en América es mucho más grande que Maduro. Es la presencia de China y de Irán en Nicaragua, es la presencia de China en Venezuela y en Perú (donde acaban de construir un puerto enorme para sus propios barcos), es la conciencia de que se está perdiendo la hegemonía en el continente.
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