Una nota a lo que comenté ayer sobre la guerra: hay que tener en cuenta el láser. Casi sin darnos cuenta, el láser ha dejado de ser un objeto sobre el que experimentar en los laboratorios y ha pasado a convertirse en uno de los pilares emergentes de la guerra del futuro. Ha sido probado con éxito en Israel, Estados Unidos, China y Ucrania. Me cuentan que su principal atractivo no es solo tecnológico, sino estratégico: un coste por disparo insignificante, una velocidad instantánea y la capacidad de neutralizar drones, cohetes y misiles antes reservada a sistemas extremadamente caros. Esa combinación anuncia una ruptura profunda en la defensa aérea y, más aún, en la lógica misma de la disuasión nuclear.
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