martes, 13 de enero de 2026

Hoy ceno con Diotima

Estoy en Madrid. He cogido dos taxis. El primer taxista era venezolano y el segundo ecuatoriano. Nada que objetar. Al contrario. Los hispanoamericanos no son extranjeros. Las dos carreras han sido largas y en las dos la candente actualidad ha sido tema de conversación. Uno de ellos me ha contado que la última vez que estuvo en su país "de origen" (ha puntualizado) lo asaltaron en la puerta de la casa de sus padres. Justo cuando iba a abrirla alguien a su espalda le puso una navaja en el cuello. El asaltante quería sus botas. Al ir a dárselas lo reconoció. Habían sido muy amigos en la infancia. El viaje en tren ha sido amenizado por las rabietas de un niño de unos 12 años, que viajaba con dos adultos y una niña un poco mayor que él. Uno de los adultos, supongo que el padre, se ha quedado dormido nada más sentarse. La madre ha sacado todos los libros sobre Picasso, Dalí y Gaudí que se habían comprado. El niño no ha parado de comer chuches. Únicamente detenía su voracidad para protestar a voz en grito por cualquier cosa. Todos en el vagón estábamos pendientes de sus rabietas, menos su padre, que ha dormido profundamente todo el viaje (o, al menos, lo ha aparentado). He descubierto una nueva librería de viejo, pequeñita, pero muy bien surtida. El propietario me ha dicho que antes del verano la cierra. Hemos hecho buenas migas. Hoy ceno con Diotima.

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