martes, 27 de enero de 2026

Futurizando

Me siento como un coche atrotinado, cargado de kilómetros, que siempre está pidiendo alguna reparación y cuando lo arreglas por aquí se te rompe por allí. Ayer estuve en Can Ruti, el remoto megahospital de Badalona en el que es imposible aparcar. Tenía que someterme a una epiluminiscencia. ¡Hay que ver qué poca cosa es un hombre de mi edad en calzoncillos siendo examinado milimétricamente por médicos que parecen recién salidos de la adolescencia. Fui en tren hasta Badalona y empalmé con un autobús hasta Can Ruti. Por el camino asistimos a un atropello de una mujer en un paso de cebra por parte del conductor de una furgoneta que quiso darse a la fuga. La atención en el hospital es muy profesional. Gente amable y eficiente. Cuando a mediados de diciembre me operaron del menisco de la pierna izquierda pedí, al salir, el libro de felicitaciones. No tenían. Solo disponían del de reclamaciones. Les dije que quería dejar constancia de mi alegría por haber sido tratado como un adulto. Punto y seguido. Vuelvo a ir a Badalona. Hoy me toca examen neurológico, que es lo que me ha pedido el otorrino que lleva el caos de mi oído interno. El mundo sigue adelante y mi agenda se va llenando de citas médicas. Lo constato. No me quejo. De hecho creo que tengo una enorme suerte por mantenerme activo (a veces hiperactivo) mientras eludo a los del camión escoba. Continuo futurizando.

lunes, 26 de enero de 2026

Hoy toca cantar

«El pensamiento libre proclamo en alta voz y muera el que no piense igual que pienso yo». Manuel Fernandez Caballero, zarzuela «La marsellesa» (1876).

sábado, 24 de enero de 2026

D.V.

De Rodríguez en un día gris, gris, gris. Un día propicio para metamorfosearse en erizo,  hacerse un ovillo y quedarte al resguardo del calor de tu ombligo esperando algún rayo de sol furtivo para salir corriendo a pillarlo por las calles. Tenía dos artículos largos pendientes y, por lo que parece, los dos acabarán en libro colectivo. Uno, sobre la función de la universidad y, otro, sobre alegría y virtud. El primero está terminado, rubricado y enviado a su destino. El segundo, D.V., lo terminaré mañana. Me preguntaba ayer un amigo qué significaba eso de «D.V.» ¡Qué lejos ha quedado de nosotros el «Deo Volente»! Leo en un diario digital de cuya existencia, hasta ahora mismo, no tenía noticia, un artículo sobre «La nueva derecha» y veo que han puesto un collage en el que aparezco junto a Jacques Philippe, Juan Manuel de Prada, Jano García, Ana Iris Simón, Antonio de Jiménez y Juan Soto Ibars. Me encanta que me sitúen cerca de Jacques Philippe, sin embargo he de decir que no lo conozco personalmente. De hecho, al único que conozco personalmente es a Soto Ibars, que estuvo una noche cenando en casa, compartiendo mantel con personad de distintas ideologías, y después nos hemos visto un par de veces. Cuando me preguntan por mi posición ideológica suelo decir que me siento un «red tory». Hay quien me entiende y quien no. Y nada hay más normal que eso.

viernes, 23 de enero de 2026

Explorando un mundo nuevo

Si alguna vez me ven quejarme de que tengo mucho trabajo, no me lo crean. Eso, exactamente, es lo que me gusta. Me siento bien con esta sensación de acorralado por las fechas de entrega de artículos, libros, textos de las conferencias, etc. De hecho es cuando voy al borde de la saturación cuando más rindo. Cuando tengo mucho tiempo por delante acabo incumpliendo los compromisos. Tras la publicación de La dignidad del mediocre estoy dando mi voz a un buen número de podcasts. Me llama muchísimo la atención que tengan tanta audiencia. Y me lo llama, sobre todo, porque es un hecho. Los de mi generación tendemos a creer que si no ha aparecido la reseña de tu libro en el suplemento cultural de un diario relevante, no eres nadie; pero resulta que los oyentes de los podcasts son muchísimo más numerosos que los lectores de los suplementos culturales de los medios tradicionales. Y esto nos sitúa ante un fenómeno nuevo. ¿Se está imponiendo el oído al ojo? No lo sé. La vida me ha enseñado que si te pones a hacer de profeta enseguida confundes lo episódico y coyuntural cono lo trascendente y estiuctural. En cualquier caso, ahí ando, sin parar de hablar, explorando un mundo nuevo.

miércoles, 21 de enero de 2026

A Torrelavega


 

Competencias del futuro pasado

Me llega un mensaje de un respetado grupo pedagógico que me pregunta por las competencias del futuro. Le respondo que sobre algunas de estas competencias, el futuro guarda sus secretos y se reserva la última palabra; sobre otras sabemos, a ciencia cierta, que no serán muy diferentes de las del pasado. Como quien me interroga padece novolatría no entiende lo que quiero decir. Le cuento mi visita a una empresa de tecnología punta en Valencia (visito muchas escuelas y cada vez más empresas). Allí descubrí que hay competencias esenciales que la escuela simplemente ignora porque son poco sofisticadas. Por ejemplo: la de dejar cada cosa en su sitio. Si los trabajadores no se toman en serio esto, están poniendo el futuro de la empresa en riesgo. Dejar las cosas en su sitio es algo que afecta a la misma lengua: hay que poner cada palabra en su sitio para evitar ambigüedades. Un cirujano no puede pedir "pásame el cacharro", ni un ingeniero debe hablar de "la cosa esa". Otras competencias esenciales que forman los cimientos de todas las demás: La puntualidad, el orden, la limpieza, la capacidad no para trabajar en equipo, sino para dirigir equipos; el compromiso con el bien común (en la empresa de Valencia eso significa, entre otras cosas, que un papel en el suelo es una afrenta colectiva, como lo sería una colilla en el suelo de un quirófano; la ambición y la capacitación para competir internacionalmente, etc. Pero, por encima de todo, esta: la fidelidad a la palabra dada. La empresa que cumple sus compromisos y sus plazos, tiene futuro.

martes, 20 de enero de 2026

Julio

Ese adolescente de 16 años, Julio, que fue uno de los primeros en llegar en Adamuz al lugar del accidente ferroviario, me tiene conmovida el alma. Cuenta, como la cosa más normal del mundo que al ver a una mujer descalza le prestó su calzado. No es un detalle menor. O, quizás mejor, es un gigantesco detalle menor. Mientras en las cátedras de ética sesudos filósofos de todas las universidades del mundo se preguntan qué es el Bien, un adolescente no tiene duda alguna en identificar lo bueno y en actuar en consecuencia. "No tuve miedo de no seguir hacia adelante, porque lo asimilas y continúas haciendo lo que crees que tienes que hacer", le dijo a Chapu Apaolaza. ¡Qué frase! «Continúas haciendo lo que crees que tienes que hacer».Y ante estas palabras, amigos, uno se siente pobre, engolado y fuera de juego y entiende plenamente el sentido de aquellas palabras de Jesús: «Dichosos los humildes».

lunes, 19 de enero de 2026

A la búsqueda del sabor rememorado

La masa me ha dado media hora de tiempo y vengo aquí a contarlo. Estoy haciendo rosquillas de cuaresma y he dejado la masa a descansar durante 30 minutos antes de comenzar a freírlas. Llevo desde noviembre intentando recuperar, con más terquedad que éxito, sabores de mi infancia, manía que, mi familia me soporta compasivamente. Pero yo sigo en mis trece, intentándolo. No sé por qué me ha entrado esta dulce pasión. Hasta ahora me limito a ejercicios culinarios de resurrección de pastas, tartas y dulces y para nada de esto tengo recetas, solo dispongo de la rememoración de un sabor casi perdido que espero reconocer al encontrarlo. A esta faena dedico en mis ratos libres. 

domingo, 18 de enero de 2026

The Nomba

Día invernal, lluvioso, desangelado, que invita a comidas calientes de cuchara y a pasar las horas junto a una chimenea inmerso en el misticismo casero del chisporroteo de la leña. Pero hoy, además, es domingo, y, como cada domingo, me llegan puntuales los versos que me envía un capuchino, poeta letraherido y buena gente, Víctor Herrero de Miguel, que me arrancan a mí chispas de alegría íntima. A falta de sol, buenos son los versos. 


Ayer los geniales inconscientes de The Nomba montaron un grandioso encuentro de 7 horas en Madrid que reunió a más de 6.000 jóvenes en el Palacio de Vistalegre. The Nomba: The no MBA, son hermanos gemelos de mis muy queridos muchachos de It's Time to Think, con cuyos "thinkglaos" intento colaborar siempre que me llaman. Están impulsando una autentica revolución contracultural que está ayudando a dar forma a corriente de fondo que vienen creciendo entre los jóvenes.



sábado, 17 de enero de 2026

Una amante de fidelidad voluble

La «razón victimológica», cada vez más asentada en nuestras sociedades, pretende dar la mayor visibilidad posible a las propias heridas para utilizarlas como artimaña de control de quien se acerque a compadecerme. Quiere hacer de algo que tengo pero hubiera deseado no tener (mi dolor) el escaparate de mi identidad y así poder eludir toda responsabilidad sobre la propia vida. De esta manera, el pasado se convierte en presente continuo y mi padecimiento es la prueba de que los demás me deben mi bienestar. Es el mundo el que tiene obligaciones conmigo. No tengo, pues, iguales, sino personas que me deben abrazos. Ahora bien, el hecho de que mi vida no haya transcurrido como a mí me hubiera gustado, no me convierte en víctima. Solo afirma mi condición de ser vivo. Para estar, además de vivo, sano, debo habitar el presente y sus complejidades, asumiendo que mi vida real es la única vida que tengo. Por supuesto, está bien el consuelo ajeno, pero nadie está obligado a encadenarse afectivamente a mi dolor. No debería convertir mi herida en un reclinatorio para los que se me acercan con su consuelo. La propia victimización es la renuncia voluntaria a la vida adulta. La madurez es la valentía de decirle sí a la vida aunque esta se nos muestre como una amante de una fidelidad caprichosa. 

viernes, 16 de enero de 2026

Vuelta a casa

Vuelves a casa, odiseíllo a cara descubierta, y está tu mujer esperándote en la estación del tren. Pues eso es la vida liviana llamando a las puertas de la felicidad.

jueves, 15 de enero de 2026

Aleteando en Madrid

Comenzó bien el día de ayer, con un largo paseo sin destino concreto por un Madrid que estrenaba la luz del nuevo día, flaneur de despertares. No hacía mucho frío y la ciudad se estaba quitando el sueño de encima. Por la tarde les dije a un grupo numeroso de personas que cuando se sintieran pesimistas sobre nuestro tiempo, madrugasen y salieran a las calles a ver la cantidad de personas que van a trabajar a horas intempestivas para conseguir que sus hijos tengan un plato de comida en la mesa. Esas personas que cumplen sus compromisos con discreción diligente, en silencio, son el sustento cotidiano de todos nosotros. No solemos ser conscientes de ello, pero nos sostienen. Son los maquinistas del mundo de la vida. Tardé en entrar. a una cafetería para desayunar, demorando la vuelta al hotel. A las 10:00 tocaba podcast con la buena gente de Educatio Servanda y a las 12:00 una entrevista con la buena gente de Alfa y Omega. Aquí me encontré, gratísima sorpresa, con Ricardo Ruiz de la Serna, con el que di un paseo por el viejo Madrid. Me propuso comer juntos, pero yo tenía un día peripatético y un poco autista y le dije -la amistad también es decir no- que quería andar sin rumbo por el Madrid de las primeras horas de la tarde. A las 19:00, la presentación de La dignidad del mediocre en la sede de Abante, sobre la Puerta de Alcalá. Descubrí que el día iba de Ricardos. Cuando salí de este último acto me apetecía mucho, de nuevo, estar solo y volver al hotel dando un largo rodeo mientras la ciudad se iba recluyendo en sus casas. Mantuve una larga conversación telefónica con mi mujer, y a la cama. Hay soledades que no son tales porque son, en realidad, la condición imprescindible para sentir el rumor de fondo de la vida cotidiana, sus alegrías, silencios y quehaceres, ese aleteo que nos lleva a todos, sin apenas darnos cuenta, a ponernos en manos de nuestras esperanzas. 

miércoles, 14 de enero de 2026

Prejuicios y amarres

Emilio del Río es riojano y para mí eso es un mérito. Me pueden alegar ustedes que esta es una conducta prejuiciosa. Se lo acepto. Pero es que llega un momento en que uno ama a sus prejuicios conscientemente, como si fueran amarres a la realidad. En tiempos de fluideces y fluctuaciones, un buen prejuicio es cosa seria. A lo que iba. Emilio del río, el riojano, me invitó a participar en un podcast que tiene en RNE -Locos por los clásicos- y yo le dije que encantado. Por eso ayer pasé un buen rato en la Casa de la radio hablando del mito de Prometeo y de La dignidad del mediocre. No sé si se creerán lo que les voy a decir pero hubo un momento crítico en la grabación en que a Emilio se le saltó una lágrima y a mí se me formó un nudo en la garganta. Fue cuando, recordando a Argo, el perro de Ulises, casi caemos en la pornografía emocional. No entraban en el guión ni Argo ni nuestra reacción, pero es que la realidad no cabe en un guión y por eso, de repente, una historia mil veces contada te afecta de manera imprevisible y profunda. Por la tarde estuve cenando en Aravaca, con las dos almas de la Librería Ontanilla. ¿Por qué hay personas que nada más verlas te caen bien y sabes, a los dos minutos de contacto, que estás iniciando una relación de amistad, y personas que nada más conocerlas concluyes que hay que mantener con ellas relaciones higiénicas de distancia? Sin duda, la razón es el prejuicio, luego el prejuicio tiene razones que la razón no entiende, pero cuyo valor la memoria constata. También tengo prejuicios favorables con los murcianos, con los bocadillos de calamares y con mis amigos venezolanos.

martes, 13 de enero de 2026

Hoy ceno con Diotima

Estoy en Madrid. He cogido dos taxis. El primer taxista era venezolano y el segundo ecuatoriano. Nada que objetar. Al contrario. Los hispanoamericanos no son extranjeros. Las dos carreras han sido largas y en las dos la candente actualidad ha sido tema de conversación. Uno de ellos me ha contado que la última vez que estuvo en su país "de origen" (ha puntualizado) lo asaltaron en la puerta de la casa de sus padres. Justo cuando iba a abrirla alguien a su espalda le puso una navaja en el cuello. El asaltante quería sus botas. Al ir a dárselas lo reconoció. Habían sido muy amigos en la infancia. El viaje en tren ha sido amenizado por las rabietas de un niño de unos 12 años, que viajaba con dos adultos y una niña un poco mayor que él. Uno de los adultos, supongo que el padre, se ha quedado dormido nada más sentarse. La madre ha sacado todos los libros sobre Picasso, Dalí y Gaudí que se habían comprado. El niño no ha parado de comer chuches. Únicamente detenía su voracidad para protestar a voz en grito por cualquier cosa. Todos en el vagón estábamos pendientes de sus rabietas, menos su padre, que ha dormido profundamente todo el viaje (o, al menos, lo ha aparentado). He descubierto una nueva librería de viejo, pequeñita, pero muy bien surtida. El propietario me ha dicho que antes del verano la cierra. Hemos hecho buenas migas. Hoy ceno con Diotima.

lunes, 12 de enero de 2026

La vida liviana

Hay días que se esfuman sin que te des cuenta y suelen ser los que discurren a paso tranquilo, sin nada excepcional que venga a alterarlos. Son los que te dejan impresa en el alma la ligereza de la vida liviana que, a mi modo de ver, es superior a la vida feliz.  Entre otras cosas porque aquella es real, mientras que esta es un ideal que con frecuencia se convierte en juez implacable de la vida real. Ante el tribunal de la felicidad, tan inflado por la publicidad, cualquier arañazo existencial es un trauma, cualquier frustración una injusticia. Hagas lo que hagas, la distancia entre lo que te pasa y la vida feliz es inabarcable, con lo cual la vida que realmente vives es siempre deficiente. En cambio, la vida liviana tiene esa intrascendente de plumón al viento en la que nada te aprieta, todo encaja sin aspavientos. La vida liviana es esa poquita cosa a la que no le falta nada. No deja ninguna huella memorable en el calendario de la memoria. No te proporciona ideas para escribir en un blog. Es la vida discreta, como una mañana de invierno sentado plácidamente en la Plaza de Ocata disfrutando de un buen café, un buen libro y de la generosidad regalada del sol benefactor.

viernes, 9 de enero de 2026

Una felicitación tardía

Uno tiene prendida el alma de ciertos lugares, ciertas personas y ciertas experiencias. Y a veces el lugar, las personas y las experiencias coinciden de tal forma cualquier noticia que te llegue de allí te alcanza de lleno en la diana del corazón. Es el caso de una felicitación navideña que me llegó ayer, pasadas ya las navidades. Dejaremos para otro día el desbarajuste de Correos, que fue durante décadas una institución de eficacia ejemplar. Yo tenía 5 años cuando escribí una carta con lápiz, puse dos nombres casi ilegibles en el sobre, a lápiz, el de una persona y el de una ciudad y, sin sello, la eché en un buzón. Llegó a su destino a los pocos días. La felicitación que me llegó ayer venía de la sección de pediatría oncológica de un hospital y estaba ilustrada con el dibujo de un niño de 6 años que mostraba, en medio de un paisaje desolado, una cuna con un niño. La cuna y el niño parecían abandonados en un desierto. A la derecha un sencillo árbol navideño con una estrella. La parte superior del dibujo estaba reservada para las estrellas del cielo, rutilantes, festivas, acogedoras. Pero la soledad del niño de la cuna y su distancia con el árbol y las estrellas del cielo es tan grande, tan triste, tan conmovedora... Este año la Navidad, para mí, va a durar mucho.

miércoles, 7 de enero de 2026

La crisis espiritual de la democracia

En situaciones de crisis como la presente es cuando mejor se ve que todas las cosas políticas relevantes están en la superficie... pero no las sabemos mirar. Lo que hoy nos muestra la superficie de la realidad es la primera ley de lo político: que no son tus ideas las que definen tus posiciones sino que son tus posiciones las que definen tus ideas. Por eso a Sánchez el derecho internacional le importa poco cuando se trata del Sáhara y le importa mucho cuando se trata de la Venezuela que impugnó la Carta de derechos humanos interamericanos y rechazó la Corte Interamericana y la carta de la OEA, pero cuyo gobierno exige que le reconozcan los derechos que él no reconoce a sus ciudadanos. ¿Y qué decir de ese feminismo que sufre mucho más la situación de las mujeres palestinas que la de las iraníes? El silencio de las feministas con lo que está sucediendo en Irán es tan escandaloso que, por sí mismo, debiera hacerles perder toda credibilidad a unas cuantas. Obviamente tal cosa no sucederá porque la incoherencia cuenta con un fuerte aliando en lo político (y esta es la segunda ley); la desmemoria colectiva. Vivimos tan ocupados intentando seguir a esa frenética factoría de noticias inesperadas que es la historia, que lo que hoy es de la mayor actualidad, a los pocos días queda olvidado. Hoy, en lo personal, he tenido una gratísima sorpresa, Julio Borges Junyent, expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, me ha enviado su último libro. No ha podido llegar en un momento más oportuno.


martes, 6 de enero de 2026

El amor armado

Hasta ahora Trump está tratando a Maduro muchísimo mejor de lo que Maduro ha tratado a los detenidos a los que ha mantenido en sórdidas prisiones durante años sin ningún juez que dictase su prisión provisional o un abogado que los defendiese. Me ha emocionado Lorent Saleh cuando ha preguntado qué estaban dispuestos a hacer por los millones de exiliados venezolanos, por los millares de presos venezolanos, por los que ganaron las elecciones en Venezuela... los que protestan en Europa por la detención «del que bailaba salsa mientras la gente era masacrada en las calles».  ¿No debemos recordar que Maduro no reconoce el derecho internacional, como lo prueba su apoyo a la invasión rusa de Ucrania? Julio María Sanguinetti, expresidente de Uruguay sí ha recordado que Venezuela impugnó la Carta de derechos humanos interamericana, rechazó la Corte interamericana y la carta de la OEA, pero invoca los derechos que rechaza. Ante las dictaduras, concluye Sanguinetti, «no juega la no intervención». ¿Ya no nos acordamos del «amor armado» de José María Mendiluce y del «derecho a la injerencia»? No debiéramos perder de vista tampoco que lo que se juega en América es mucho más grande que Maduro. Es la presencia de China y de Irán en Nicaragua, es la presencia de China en Venezuela y en Perú (donde acaban de construir un puerto enorme para sus propios barcos), es la conciencia de que se está perdiendo la hegemonía en el continente.

lunes, 5 de enero de 2026

Un regalo de Reyes

https://x.com/danielguilop/status/2008251956029259971?s=20

Lo imposible es inmoral

A mediados de mes pasado el Partido comunista de Venezuela condenó públicamente la falta de libertades de la dictadura de Maduro. En Europa, o estamos a favor de Maduro, o decimos que sí, que era un tirano, pero...  Europa es la dialéctica del «pero...», o sea, de la confusión moral. Europa nos está diciendo que el derecho internacional protege a los tiranos, sean de Venezuela o de Irán, pero olvida a las víctimas, que es moral proteger a un gobernante cuyo triunfo electoral no reconoces. Si Europa está confundida es porque tiene más intereses comerciales internacionales que políticos y porque, a falta de poder quiere lucir una superioridad moral que, paradójicamente, le impide ver la realidad en los términos en que esa realidad se muestra: que son los de las dinámicas de poder. El mundo en el que vivimos no es un mundo de tribunales internacionales de justicia, sino de pugnas internacionales por la hegemonía científica, tecnológica, energética, financiera y militar. Pero... Europa parece dispuesta a defender la ley mientras renuncia a influir en la historia. Pero... ningún valor universalista sobrevive sin poderes particularistas que lo sostengan y lo hagan respetar. Hacer política es hacer real la parte del ideal posible en cada momento. En política, lo imposible es inmoral.

domingo, 4 de enero de 2026

El soberano

Ocurre con el derecho internacional lo que con la ley moral kantiana. Va bien en situaciones normales, pero cuando la realidad se pone brava, se aplica el sálvese quien pueda. Lo vimos en la crisis sanitaria de la COVID. De un día para otro dejó de tener aplicación el principio de que el hombre es un fin en sí mismo, no un medio. Recuerdo bien lo ocurrido porque escribí varios artículos mostrando que la moral kantiana había dejado de aplicarse sin discusión. La  fuerza mayor se convirtió en soberana, que es lo que ha sucedido en Venezuela. Los que creían que Carl Schmitt estaba superado se llevan las manos a la cabeza al comprobar que hoy, como ayer y como mañana, es soberano el que tiene capacidad para decretar el estado de excepción. En situaciones normales la soberana es de la ley y, por lo tanto, el consenso; pero en situaciones de crisis, la soberanía es de la fuerza que no necesita consensuar nada.  De ahí el triste papel del gobierno español, pidiéndole prudencia al soberano. El verano pasado conocí en El Escorial a Lorent Saleh, un activista venezolano fundador de la ONG Operación Libertad. En el 2017 fue premiado con el premio Sajarov del Parlamento Europeo. En el 2018 fue detenido ilegalmente y retenido ilegalmente en La Tumba, un sótano cinco pisos bajo tierra que es la sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional. Las dimensiones de su celda eran de 2x3 metros, con un único color, el blanco. Sin luz natural ni aire libre, en contra de todo derecho, nacional e internacional. Recuerdo muy bien nuestro encuentro y su serenidad para alejar de sí el odio y acoger la esperanza. Ayer no podía dejar de pensar en él.



sábado, 3 de enero de 2026

El láser

Una nota a lo que comenté ayer sobre la guerra: hay que tener en cuenta el láser. Casi sin darnos cuenta, el láser ha dejado de ser un objeto sobre el que experimentar en los laboratorios y ha pasado a convertirse en uno de los pilares emergentes de la guerra del futuro. Ha sido probado con éxito en Israel, Estados Unidos, China y Ucrania. Me cuentan que su principal atractivo no es solo tecnológico, sino estratégico: un coste por disparo insignificante, una velocidad instantánea y la capacidad de neutralizar drones, cohetes y misiles antes reservada a sistemas extremadamente caros. Esa combinación anuncia una ruptura profunda en la defensa aérea y, más aún, en la lógica misma de la disuasión nuclear.

viernes, 2 de enero de 2026

Hacia una economía de guerra

Parece que los ucranianos están ganando la guerra de drones y no por casualidad. Están sabiendo combinar bien la ayuda tecnológica de Europa occidental y la capacidad para encontrar en la experiencia inmediata respuestas inmediatas. Los ucranianos no tienen más capacidad que los rusos para imaginar el futuro, pero están demostrando tener mucha más capacidad que ellos para entender el presente. Han puesto en marcha un ciclo de innovación tan eficiente que cualquier cosa que suceda en el frente es inmediatamente analizada como un reto en los laboratorios. Si los rusos van adelantados en una tecnología militar, los laboratorios ucranianos se ponen a encontrar contramedidas eficaces. Y las encuentran sin tener que lidiar con montañas de requisitos burocráticos. Aquí está lo relevante: no andan imaginando cuáles serán las competencias del futuro, sino hallando las respuestas urgentes para aquí y ahora. La programación a largo plazo es una quimera para ellos porque no saben de cuánto futuro disponen, aunque sepan que ese futuro se juega en el día a día: fabricando lo nuevo más rápidamente que el adversario. Aquí hay un mensaje importante para la UE... si es que lo quiere aceptar. En Ucrania no está solo en juego un modelo de hacer la guerra; está sobre todo en juego un modelo industrial. El futuro que nos espera es una economía de guerra.

Futurizando

Me siento como un coche atrotinado , cargado de kilómetros, que siempre está pidiendo alguna reparación y cuando lo arreglas por aquí se te ...