miércoles, 20 de noviembre de 2019

En desazón

Son las 7:00 de la mañana. El despertar del día me pilla con un libro sorprendente entre las manos, El hombre en desazón (gracias, Karl Mill), de un filósofo al que cuando tenía más prejuicios que ahora, no sospechaba que pudiera leer algún día, Gonzalo Fernández de la Mora. 

Ha sido comenzar a leerlo y comenzar a tropezar con afinidades en el tratamiento del hombre como ser iluso. Necesariamente iluso. Esencialmente iluso. 

Me imagino que nunca nos libramos de una buena carga de prejuicios. Probablemente lo que vamos haciendo es ir cambiándolos, pero sí creo que podemos aprender a sospechar sobre qué prejuicios nos mantenemos erguidos cuando miramos hacia el horizonte. Y quizás sea eso lo más lejos que podamos estar de nosotros mismos.

Mañana viajo a Santiago de Compostela, donde estaré hasta el sábado. Voy a dar una charla a los editores gallegos, pero también a ver el restaurado Pórtico de la Gloria y, sobre todo, a rendir un pequeño homenaje a Amor Ruibal, a quien descubrí hace tiempo, pero al que leo con atención desde hace poco. Me llevaré el tomo I de Los problemas fundamentales de la filosofía y del dogma para el viaje.

El dogma elemental de los humanos: deberás creer en las ilusiones que proyectas sobre tí mismo. 

Por supuesto, saltarse el dogma tiene sus consecuencias: no encontrar acomodo en la naturaleza. El estado de naturaleza está a nuestro alcance: consiste en vernos a nosotros mismos desnudos de ilusiones y no creer en otro futuro que el que nos imponga en cada caso nuestra bioloogía.

Cierro el libro con la sospecha de que la ignorancia voluntaria es la forma más vil del olvido.

2 comentarios:

  1. Llegué a "El hombre en desazón" merced a una reseña elogiosa de José Luis García Martín, un tipo inteligente y fino crítico literario amén de hombre de izquierdas , que se sorprendía de la sintonía que encontraba con un exministro de Franco. De su lectura recuerdo una prosa muy particular , de un engolamiento ortegiano a veces, que me fatigaba y me sorprendía a la vez. Se lo recomendé porque si se parte de una visión de la tecnología como prótesis, como el regalo de Prometeo para paliar la imprevisión de Epimeteo, esta visión antropológica privativa le corresponde como anillo al dedo . Es un planteamiento muy extendido , el último autor que he leído en esta línea es John Gray pero hay muchos más.Junto con cierta melancolía á la Pla basta para ser "conservador" de alguna manera ,¿verdad? .A eso me refería.
    Y lo entiendo ,aunque me parece que una cosa es la insignificancia y la precariedad de la especie humana , y la insignificancia y la precariedad del individuo, y otra cosa sostener que la tecnología en sentido lato, la cultura extrasomática, objetiva,es algo que sustituye o prolonga una disposición o condición humana animal preexistente. No, es una condición trascendental,que reestructura la vida humana:sin las ilusiones de Marx esto me lo enseñó Gustavo Bueno, y sólo espero que los hombres que no necesiten argumentos para entenderlo, como en el asombro del personaje del Padre en "La carretera" de Cormac McCarthy , tarden muchos siglos en vivir.

    Y una cosa más sobre Fernández de la Mora. Cuando se le caracteriza como defensor de la tecnocracia no se debe olvidar otra faceta: su condición de nacionalista español. Su admiración por los comunistas chinos ya a comienzos de los ochenta, una elite autoritaria devota de la eficacia reclutada por cooptación, es sintomática. No es que desocultase lo que debia ser ocultado, es que creía que bastaba el patriotismo para embridar las heridas de la modernización. Por cierto, "La razón conservadora", la biografia que de él escribió González Cuevas , amenísima, no sé le caerá de las manos.

    Y una anecdóta. Fernández de la Mora y Gustavo Bueno fueron compañeros de tienda durante su servicio militar, por milicias. Carlos París también estaba allí y formaba parte del " ala izquierda" de la tienda... creo que el cuarto hombre era un Luca de Tena. Y Bueno acababa de leer a Freud . Muchos años después París se acordaba alegremente del hostigamiento a los monárquicos....

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    1. Me está gustando, aunque mis compromisos me fuerzan a leerlo a ratos. La prosa tiene su cosa barroca, pero, sin embargo, fluye con naturalidad, como expresión de un estilo, no de un amaneramiento. Hace tiempo que me pregunto la relación (directa o indirecta) que González de la Mora y Fueyo pudieron tener -si es que la tuvieron- con Kojève. En cualquier caso hay más de una familiaridad entre ellos. Incluyendo a China. No olvide usted que el primer regalo que Prometeo entrega a los hombres es la "esperanza ciega" y que es ella la que dará sentido a las técnicas (de la tekhné politiké) a la religión. Yo, que dependo de varias prótesis, no las minusvaloro, ni mucho menos. Además sé que el progreso de los años va acompañado de un incremento de prótesis. Voy a por La razón conservadora.

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