sábado, 17 de marzo de 2012

Fragmento de una carta

Muy señor mío: Saludamos al pueblo americano con motivo de su reelección. Desde el comienzo de la titánica batalla en América, los obreros de Europa han sentido instintivamente que los destinos de su clase estaban ligados a la bandera estrellada”.

La carta iba dirigida a Lincoln.
Está fechada en noviembre de 1864
La firma Carlos Marx

3 comentarios:

  1. Los secesionistas de la Confederación creían que la dependencia británica del algodón era tal que podrían contar con la Royal Navy.

    Tenian razón en lo primero pero se equivocaron en lo último.

    "En general los líderes de la clase obrera están decididamente a favor de la política del Norte y siguen firmes en su odio a la esclavitud y fe en la democracia" escribió R.Arthur Arnold en su "Historia de la hambruna del algodón".Un inspector del gobierno creía que "en ningún momento de la historia de las manufacturas los sufrimientos han sido tan repentinos y severos ni se han soportado con tan callada resignación y tanto paciente respeto por uno mismo".En lugar de manifestarse los obreros aceptaron los caprichos del mercado mundial con un estoicismo a toda prueba;según la opinión oficial victoriana , parecía que la clase obrera por fin había alcanzado la mayoría de edad."

    Esto lo cuenta Tristam Hunt en la biografía de un industrial del algodón ,muy amigo del autor de la carta , que se llamaba Federico Engels.

    Mire don Gregorio, de verdad, yo también creo que el ser humano no tiene remedio y que Lucrecio "dit la verité",y que no habrá un fin de la historia "à la Marx", lo que sucede es que vivimos en sociedades de una complejidad tecnológica y social que hace que se abran diferentes opciones institucionales al compás de su desarrollo.

    Bueno, y en casi todo, mejor el Moro que Calhoun.

    Otra cosa es que pasó con el socialismo en los EE.UU después de la Segunda Guerra Mundial.Pero eso es otra historia.

    ResponderEliminar
  2. Lincoln, del Partido Republicano además.

    ResponderEliminar

Si es viernes, toca Tocqueville