miércoles, 26 de octubre de 2011

La segunda ejecución de Dios

Antes de ser Comisario Popular para la Instrucción Pública, Anatoli Vasílievich Lunacharski había sido un marxista peculiar y, a mi parecer, muy, muy interesante. En su obra más importante Religión y socialismo (1908-1911) interpretaba el pensamiento marxista como una "filosofía religiosa". Pero no en el sentido en que después Aron hablará de religiones laicas, sino en otro, mucho más nietzscheano o, mejor, feuerbachiano. Lo que Lunacharski creía era que el marxismo podía ser el fundamento de una nueva religión de la humanidad si se atrevía, sin complejos, a construir un nuevo Dios. En su opinión el materialismo dialéctico era demasiado cerebral para despertar los entusiasmos revolucionarios del proletariado. Para movilizar de verdad a las masas había que hacerlo religioso y fundar con él una nueva religión no-teísta que se apropiara de todos los instrumentos cultuales de las religiones tradicionales. En esta nueva religión la deidad suprema sería una Santísima Trinidad formada por La Producción (El Padre), El Proletariado (El Hijo) y El Socialismo Científico (El Espíritu Santo).

No sé a dónde hubiera llegado Lunacharski si hubiese contado con el apoyo de Lenín. Lo que sí sé es que en cuanto tuvo oportunidad se decidió a cantarle las cuarenta al Dios de toda la vida. Lo llevó a juicio, acusado por múltiples crímenes contra la humanidad. Como Dios no se presentó ante el tribunal, se puso una Biblia en el banquillo de los acusados para que lo sustituyera. Los acusadores acudieron cargados con la completa historia de la humanidad como prueba irrefutable. Los defensores sólo pudieron alegar la eximente de la senilidad. Ante la contundencia de las pruebas, Dios fue declarado culpable. Y a las 6.30 de la mañana del 17 de enero de 1918 se ejecutó la sentencia. Un pelotón de fusilamiento apuntó al cielo de Moscú, que justo comenzaba a clarear y disparó cinco ráfagas de ametralladora.

El sol siguió tranquilamente su curso, sin inmutarse.

10 comentarios:

  1. ¡Ay! ¡La vieja soberbia humana! Jerjes mandó azotar al mar, al inabarcable "ponto vinoso" de los griegos, y los bolcheviques ejecutaron a Dios.

    Magnífica entrada, D. Gregorio

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  2. El sol sí siguió su curso pero Dios ya no. Ahí quedó malherido y en Auschwitz lo enterraron definitivamente

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  3. Lunacharski es un tipo realmente interesante. Aquí van algunos datos sobre él:
    - Es autor de un par de notables obras de teatro, "La rebelión de los objetos" y "Don Quijote liberado".
    - El modelo que siguió en sus planes para reformar la educación de la URSS inmediatamente después de la revolución rusa fue el de las escuelas progresistas norteamericanas. Invitó a la URSS a Dewey y a Kilpatrick (discípulo de Dewey y creador del trabajo por proyectos, que ahora es el último grito en algunos lugares hispanos) e intentó copiar sus ideas. La cosa duró hasta que Stalin dijo que ya estaba bien de experimentos y que lo que hacia falta en la URSS eran más conocimientos. Así que mandó a Lunacharsky a España, donde en lugar de fusilar a Dios se achicharraban iglesias. A la gente que trabajaba con él la mandó a Siberia. Lunacharski murió creo que en Suiza, antes de llegar a España.

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  4. Respecto al sol, el hecho de que siguiera imperturbable sus revoluciones a pesar del fusilamiento de Dios no me parece en absoluto insignificante. A mi humilde parecer eso significa que las estrellas siguieron creyendo en Dios.

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  5. Usted vaya dando ideas, que cualquier día de éstos nos montan una de parecida por aquí. Solo que, en vez de fusilarmiento, lo enviarán a una clase de educación cívica, algo mucho más humillante.

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  6. Realmente bueno el post. Me ha encantado... pero soy nuevo aquí y... ¿podría decirme cual es exactamente el dios en que creen las estrellas?, o sea ¿cual es el dios de toda la vida?

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  7. Verá usted, don anónimo, yo pienso (sin intención alguna de convencer a nadie) que quien pregunta 'quid sit deus' és que ignora el dios en el que cree.

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