viernes, 4 de junio de 2010

San Agustín va al cole

Habla muy mal Agustín de sus maestros de escuela en las Confesiones. Los recuerda como tristes sádicos de mano larga y corta inteligencia, pero a los que, incomprensiblemente, sus padres hacían caso. Las cosas iban mal porque a él le gustaba jugar más que estudiar, mientras que los maestros, ciegos a sus necesidades lúdicas, estaban empeñados en que dedicara el tiempo de estudio al estudio. A veces sugiere que las cosas importantes las aprendió "sin la presión odiosa" de los maestros. En algún caso se deja llevar por la hipérbole, tan del gusto de la casa, y habla "del vino del error que nos propinaban maestros borrachos". Nada hay nuevo en estas quejas. Todo esto no sería más que un recitado agrio de lugares comunes si no fuese por dos hechos relevantes. El primero es que Agustín se ve obligado a reconocer que eso de la inocencia infantil no hay que tomárselo al pie de la letra. El segundo, de más peso, tiene que ver con su paso de discípulo a maestro, y sus confesiones de fracaso cuando tiene que sufrir en sus propias carnes las gamberradas de sus alumnos.

Llevamos hablando mal de los maestros desde que los hay. Eso o significa que estamos todos locos, por mantener una institución dedicada al sadismo sañudo contra la infancia, o, simplemente, que el magisterio es una institución imprescindible... aunque diste mucho de ser perfecta (podríamos decir lo mismo de otras muchas profesiones, obviamente).

Tanto tiempo como llevamos hablando mal de los maestros llevamos investigando formas eficientes de aprendizaje que no nos exijan pagar el peaje del esfuerzo, de la evaluación, de la comparación y del fracaso potencial. No las hemos encontrado. De hecho hasta en los mejores sistemas educativos, y hasta en las mejores escuelas de esos sistemas, las más constructivistas, dinámicas, centradas en el alumno y generadoras de interés, los niños siguen remoloneando en la cama cuando los despiertan por la mañana para ir al cole.

Evidentemente, no cambiaremos la escuela hasta que no cambiemos la realidad, que se empeña, la muy terca, en ser tan conservadora.

Podemos dejar de utilizar la sangre para abrirle el camino del alma a la letra, pero ésta, la letra, no hay manera de que se aposente en nuestra inteligencia gratuitamente, sin ejercicio ni esfuerzo. Podemos evitar que las aulas sean mazmorras, pero no que dejen de ser aulas... mientras queramos seguir manteniendo abiertas las escuelas.

12 comentarios:

  1. Em sembla que, tal i com sense l'esforç de sortir a caçar, el gaudi de menjar-se la carn no ho és tant; efectivament, passa també amb el saber. Potser és una màxima essencial que uneix el cos i l'esperit: esforç-recompensa. La tragèdia és que tendim per naturalesa al mínim esforç... per això tantes ments intel·ligents són nul·les en l'escola (regida per l'esforç), perquè la intel·ligència tendeix, anàlogament als organismes naturals i als economistes, a la "optimització" de beneficis. Si comprenem que el benefici entès com a "felicitat" sovint està intrinsecament lligat a l'esforç, em sembla que no tindrem més remei que "fer el burro" i esforçar-nos. Salut i bon divendres!

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  2. Recuerdo haber leído en parte hace mucho otro libro suyo "El Maestro", en el que retirados a una finca maravillosa, con su madre de gobernanta, se "recreaba en la suerte" y mostraba cómo siguiendo las técnicas de Platón, él y su hijo formaban el dream team de la pedagogía.
    No bromeo.Yo tenía unos 17, ergo Aulas, deberes,exámenes finales, etc., y me decía ¿ves, así debería ser, todo el día de charleta en el cesped y encima se aprende una barbaridad.Se me quedó grabado.Y encima era cura!

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  3. Igual es que ningún animal acepta de buen grado ser domesticado, por más que luego se alegre de haberlo sido.
    A mí, en clase, se me venían ideas como esta:

    http://www.youtube.com/watch?v=TKlub5vB9z8

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  4. Creo que la docencia es fundamental. Aunque creo también que necesita unas adaptaciones a los nuevos tiempos y eso es caro y requiere demasiada fuerza de voluntad de todas las partes implicadas. Por lo pronto, creo que aún funcionando pésimo como ocurre en muchas instituciones educativas de mi país no deja de cumplir un rol esencial el de ser un espacio de socialización llamemoslo "analógico" en contraposición a la amplísima gama de su contraparte digital/virtual.

    Saludos

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  5. Yo estaba siempre mirando por la ventana, con o sin monotonía de lluvia en los cristales. Ida. A mis alumnos, les digo: "si conmigo pudieron...".

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  6. El jeffersoniano Paul Goodman defiende en "La nueva reforma" un cambio radical de la educación, y propone un modelo alterntvo basado en la imbricación social de los alumnos, enseñados en grupos reducidos, 10-12, por un profesor -cuya cualificación no deterina- que les enseña "en la calle", sí, fuera del aula, en contacto con la vida general de la sociedad, y mediaqnte un aprendizaje a partr de la experiencia del día a día. Es un modelo, desde luego.
    Como varon de edad provecta, recuerdo profesores como los de san Agustín, pero recuerdo también mi incapacidad de comprensión de todo aquello de lo que me hablaban, pero en mí, tan retrasado siempre para casi todo,era norrmal.
    Ahora no dejo de darle vueltas a lo que Gregorio dice casi de pasada: llevamos toda la vida, pongamos, para fijar una fecha desde la Institutio Oratoriae de Quintiliano, tratado de encontrar un método de aprendizaje adecuado y, ¡sobre todo, ¡productivo!, extensivo al ayor número posible de personas. La cuestión que me planteo es si el problea no estará en nosotros, en vez de en los métodos, que somos nosotros los que aportamos un plus de incapacidad para el entendimiento.
    Una de mis mayores tristezas como profesor con más de 30 años a la espaldas es contemplar la expresión facial, sobre todo la mirada, de la incapacidad de acceder a la abstracción. Me sigue rompiendo el corazón cada vez que la veo. Yo también la tuve. Sé de lo que hablo.

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  7. Juan: No hay buenos métodos, sino buenos maestros. Lo que no hay manera es de de hacer buenos a todos los maestros, por eso necesitamos métodos.

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  8. Amigos: Recientemente defendí en público una idea que no gustó nada. Sostuve que el sistema escolar, tal como lo tenemos concebido, es un producto de la Ilustración, que creía que -como proclamaba Victor Hugo- cuando el pueblo sepa leer será libre. La verdad es que hemos tenido pueblos muy ilustrados dispuestos a someterse tan felices a las botas de dictadores y, por otra parte, no hay manera de conseguir que todos los hijos del pueblo aprendan a leer (en el sentido fuerte del término). Pero como no estamos dispuestos a renunciar a los buenos ideales ilustrados, no acabamos de entender por qué nuestros sistemas escolares, siendo tan caros ellos, siguen produciendo tanto fracaso escolar. Pero claro... la Ilustración o es para todos... o no es Ilustración.

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  9. Don Gregorio, es normal que no gustara la idea, quizás por cómo se acerca descarnadamente a la realidad... Hace un tiempo tuve el privilegio de participar en una adaptación del musical "Los miserables" y aproveché la ocasión para leer y emocionarme con la obra homónima de V. Hugo. Y justamente desde entonces voy dándole vueltas a cuál sería la reacción del prócer francés si volviera a darse un paseo por nuestro principio de siglo... En mi día a día de profesor de secundaria, y sin tener tampoco muchos años de experiencia en mis espaldas, he vivido casi con dolor experimentar esta realidad que en foros "ilustrados" tanto incomoda... Definitivamente, y por razones inherentes a la condición humana, no todo el mundo quiere saber o, dicho de otro modo, quizás haya saberes o placeres "no formales" que atraen más ya desde tiempos immemoriales. La lástima es que históricamente también determinados sistemas políticos saquen provecho de ello, quizás porque también es condición humana... Supongo que nos queda luchar, eso sí, para que continúen apareciendo nuevos "San Agustines", curiosamente nunca por la senda más recta que nosotros trazamos para ellos.
    Gracias por ayudarnos a sentirnos vivos intelectualmente, don Gregorio.

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  10. Ramon: te contesto en el próximo post

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  11. buen comentario!
    yo creo que, para solucionar el problema, se necesita profesores/as con competencia profesional y pedagógica, además de empatía y que vivan el respeto a los educandos,
    saludos!

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  12. Hay quien ha aprovechado su experiencia traumática en la escuela para construir toda una teoría y hasta un negocio floreciente, pues ha hecho carrera así, me imagino que sin gran esfuerzo intelectual. Podemos leer una reseña de un catedrático de Pedagogía que habla de lo que sufría en el colegio en su libro LA ABORRECIDA ESCUELA, donde defiende una “pedagogía de la felicidad” que ya le hubiera gustado disfrutar a Agustín de Hipona en sus atribulados tiempos. Si todavía queremos saber por qué hay que apoyar la obra de este insigne defensor de una escuela guay pero que muy guay e impregnarnos más de una defensa de esa “pedagogía sin esfuerzo”, podemos acudir a dos enlaces, donde se previene de la “vuelta” a una enseñanza tradicional, que será para los futuros escolares otro valle de lágrimas.
    Habrá que preguntar a los discentes de este gran genio de la renovación pedagógica cuánto han gozado en las clases de tan lúdico y moderno profesor, o mediador, o animador, u orientador, o bufón del reino. Porque a mí siempre me han aburrido sobremanera todos los cursos y cursillos de pedagogía a los que he tenido que asistir, por narices. Por cierto, coincido con el iconoclasta y hoy instalado en el “establishment pedagógico” escribidor: las catequesis pedagógicas también me han parecido aborrecibles y tampoco me han hecho muy feliz. A lo mejor es que algunos tenemos el colmillo muy retorcido y no sabemos apreciar los néctares de esa “escuela nueva”, que siempre nos ha sonado a algo así como “el nuevo BioDixán” o el “nuevo Big Mac del McDonalds”.

    *Tanto las referencias al libro de LA ABORRECIDA ESCUELA como a los enlaces de OTRA ESCUELA ES POSIBLE están publicados en el comentario a tu entrada publicado en DESEDUCATIVOS. (No me permite incluir códigos ´http´ como comentarios a tu blog)

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