viernes, 27 de septiembre de 2013

Decíamos ayer...

... y por lo tanto podríamos volver a decir mañana...


Lo que dice se puede traducir así: "Este tarado le cuesta al pueblo una pasta"

6 comentarios:

  1. Hannah Arend: Eichmann en Jerusalén
    (trad. de Carlos Ribalta, ed. Lumen, 1999) pp. 66-69:

    La orden de exterminio de todos los judíos, no solo los rusos y los polacos, dada por Hitler, aun cuando fue promulgada más tarde, tuvo sus orígenes en época muy anterior. (…) Esta orden no guardaba ninguna relación con la guerra, ni se basaba, a modo de pretexto, en necesidades de naturaleza militar. Uno de los grandes méritos de la obra The Final Solution, de Gerald Reitlinger, es haber demostrado, con pruebas documentales que no dejan lugar a dudas, que el programa de exterminio en las cámaras de gas de la zona oriental nació a consecuencia del programa de eutanasia de Hitler (…).

    Las primeras cámaras de gas fueron construidas en 1939, para cumplimentar el decreto de Hitler, dictado en 1 de septiembre del mismo año, que decía que «debemos conceder a los enfermos incurables el derecho a una muerte sin dolor» (probablemente este es el origen «médico» de la muerte por gas, que inspiró al doctor Servatius la sorprendente convicción de que la muerte por gas debía considerarse como un «asunto médico»). La idea contenida en este decreto era, sin embargo, mucho más antigua. Ya en 1935, Hitler había dicho al director general de medicina del Reich, Gerhard Wagner, que «si estallaba la guerra, volvería a poner sobre el tapete la cuestión de la eutanasia, y la impondría, ya que en tiempo de guerra es más fácil hacerlo que en tiempo de paz». El decreto fue inmediatamente puesto en ejecución, en cuanto hacía referencia a los enfermos mentales. Entre el mes de diciembre de 1939 y el de agosto de 1941, alrededor de cincuenta mil alemanes fueron muertos mediante gas de monóxido de carbono, en instituciones en las que las cámaras de la muerte tenían las mismas engañosas apariencias que las de Auschwitz, es decir, parecían duchas y cuartos de baño. El programa fracasó. Era imposible evitar que la población alemana de los alrededores de estas instituciones no desentrañara el secreto de la muerte por gas que en ellas se daba. De todos lados llovieron protestas de gentes que, al parecer, aún no habían llegado a tener una visión puramente «objetiva» de la finalidad de la medicina y de la misión de los médicos. La matanza por gas en el Este —o, dicho sea en el lenguaje de los nazis, la manera «humanitaria» de matar, «a fin de dar al pueblo el derecho a la muerte sin dolor»— comenzó casi el mismo día en que se abandonó tal práctica en Alemania. Quienes habían trabajado en el programa de eutanasia en Alemania fueron enviados al Este para construir nuevas instalaciones, a fin de exterminar en ellas a pueblos enteros. Quienes tal hicieron procedían de la Cancillería de Hitler o del Departamento de Salud Pública del Reich, y únicamente entonces fueron puestos bajo la autoridad administrativa de Himmler.

    Ninguna de las diversas «normas idiomáticas», cuidadosamente ingeniadas para engañar y ocultar, tuvo un efecto más decisivo sobre la mentalidad de los asesinos que el primer decreto dictado por Hitler en tiempo de guerra, en el que la palabra «asesinato» fue sustituida por «el derecho a una muerte sin dolor». Cuando el interrogador de la policía israelí preguntó a Eichmann si no creía que la orden de «evitar sufrimientos innecesarios» era un tanto irónica, habida cuenta de que el destino de sus víctimas no podía ser otro que la muerte, Eichmann ni siquiera comprendió el significado de la pregunta, debido a que en su mente llevaba todavía firmemente anclada la idea de que el pecado imperdonable no era el de matar, sino el de causar dolor innecesario (…). Seguramente pensó también que el nuevo método de matar indicaba una clara mejora de la actitud adoptada por el gobierno nazi para con los judíos, puesto que al principio del programa de muerte por gas se expresó taxativamente que los beneficios de la eutanasia eran privilegio de los verdaderos alemanes. (…)

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    1. Muchas gracias, anónimo, por este comentario tan interesante. La eutanasia era, de hecho, la otra cara de la eugenesia.

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    2. Me alegro de que le parezca oportuna la cita. Tenía un poco de miedo, por una parte, de que resultara demasiado larga y, por otra, de que al recortarla la deformara en exceso (la cita que intenté introducir al principio era casi el doble de grande…, pero el programa no me permitía introducir un "comentario" tan largo. Es lástima, porque había muchos detalles interesantes).

      Sí, no cabe duda de que eugenesia y eutanasia eran (y siguen siendo) dos caras de la misma moneda: el bondadoso propósito de evitarle sufrimientos a los 'Untermenschen'. En la Alemania Nazi estas ideas se fueron expandiendo de abajo arriba, y yo no puedo evitar la sensación de que hoy se está haciendo otro tanto y, al igual que entonces, con una apelación constante a motivos "humanitarios" y "científicos". De hecho, pese a lo mucho que se habla de los nazis y del holocausto, creo que es francamente difícil encontrarse con textos en los que se recuerde la relación (obvia y explícita) que existió entre eugenesia (una de las más recurrentes justificaciones "humanitarias" del aborto), eutanasia (también "humanitaria" para evitar sufrimientos innecesarios) y "solución final" (siempre descrita, y así lo entendía Eichmann, como una generosa y humanitaria medida del Reich). Es más, creo que en la mayoría de los círculos considerados "progresistas" sería visto como una prueba de mal gusto recordar tales cosas, y yo soy tan cobarde que, para evitarme problemas, me guardo muy mucho de hacer tales comentarios en la mayoría de los círculos en los que me muevo.

      athini_glaucopis@hotmail.com

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  2. La eugenesia fue practicada en muchos países, especialmente en los socialdemócratas. Por cierto, en el congreso de los Estados Unidos se debatió una vez el hecho de que Alemania estaba más adelantada que los Estados Unidos en la práctica de la Eugenesia.

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  3. Arendt dice explícitamente que iban a por todos. Para crear una raza perfecta, hay que ir matando a todo el mundo. Reproduce textos nazis que hablan de cardiopatías y otras enfermedades graves.
    Por ello procuro no separarme de la moral cristiana. Hay una película, que ataca al Papa, pero que cuenta muy bien la línea pretendidamente continua entre eutanasia y solución final. Cierto que el pueblo alemán no transigió con la primera. Aún es más sangrante que cerrara los ojos ante la segunda.

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    1. Efectivamente, contra la barbarie, la imagen de mí mismo como guardián de mi hermano. Hay aquí un imperativo moral que es imposible reducir a ley positiva. Y esta resistencia a la reducción es lo sagrado, en última instancia.

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