viernes, 21 de septiembre de 2012

Clío II

Me decido a llamar a Moscú. Al segundo intento me contestan en ruso, como era de esperar. Yo hablo en español (no hay otro remedio). Se pone al teléfono D.Z., que fue marido de Conxita Brufau. Comenzamos a hablar y al poco tiempo era como si nos conociéramos de toda la vida. Me da la impresión de que estoy contactando esta tarde con las personas más amables y generosas del mundo. Clío sigue recuperando la memoria y allí donde no había apenas nada comienzan a existir historias. Me falta el hijo de Mariano Brufau. Nadie contesta al teléfono cuando llamo al pueblecito donde reside, en los Pirineos Orientales (para los franceses) o en la Catalunya Nord (para los catalanes ibéricos). Está bien así. Todo no podía salir bien al primer intento.

Me voy a Jaén