Mi mujer coleccionaba Triunfo; yo, El hermano lobo, del que, salvo tres números que algún día habré de lanzarme a buscarlos, tengo toda la colección. A mi padre, aunque muy derechoso, le gustaba La Codorniz, y a mí también. ¡Qué tiempos!
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A veces las osas hay que plantearlas con toda su crudeza, sin adornos retóricos, sin subterfugios, sin medias tintas. Es lo que ha hecho Bre...
Mi mujer coleccionaba Triunfo; yo, El hermano lobo, del que, salvo tres números que algún día habré de lanzarme a buscarlos, tengo toda la colección. A mi padre, aunque muy derechoso, le gustaba La Codorniz, y a mí también. ¡Qué tiempos!
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