viernes, 6 de mayo de 2011

Demeter, la golondrina y la anguila


El orador Demades miró fijamente a los ciudadanos atenienses. Había subido a la tribuna para hablarles de cuestiones serias y ellos seguían con sus cosas, como si lo que les estaba diciendo no fuera con ellos. Tampoco a su silencio prestaron atención. Permaneció callado unos segunos y, finalmente carraspeó y les pidió permiso para contarles una fábula.

"Demeter, la golondrina y la anguila -les dijo- viajaban juntas." Inmediatamente los atenienses abandonaron sus entretenimientos y le prestaron atención. "Llegaron a la orilla de un río; la golondrina se elevó en el aire, la anguila desapareció en las aguas." Aquí se detuvo y ya no dijo nada más. Los atenienses, viendo que no tenía intención de contrinuar, le preguntaron: "¿Y Demeter? ¿Qué hizo Demeter?" "Demeter -les contestó- montó en cólera contra vosotros porque descuidáis la política y os entretenéis con las fábulas de Esopo".

Esta historia no dejaría de ser una fábula moral más si se redujese a ésto. Lo que la convierte en una fábula muy especial es que está relatada por el mismo Esopo. Y comienza así: "El orador Demades hablaba un día a los ciudadanos de Atenas, mas como no prestaban mucha atención a su discurso, pidió que le permitieran contar una fábula de Esopo. Concedida la demanda, empezó de este modo..."


En ninguna otra fábula he sentido de manera más clara que Esopo se dirigía directamente al lector. "¿Qué demonios haces leyendo fábulas de Esopo?" Claro al lector le ha proporcionado ya una buena respuestal: "Es que sólo Esopo cuenta fábulas de esta manera".

3 comentarios:

  1. Aquí, sin embargo, la política se ha sustituido por la "politiquería", vasto terreno abierto para la bandería, la facción, la demagogia y el triste exhibicionismo de los ignaros, y nadie se entretiene en prestar atención a una buena fábula, y menos aún en leer a los excelentes fabuladores, que haylos. Ahí va una sugerencia: "El asno de oro", y a disfrutar durante esta hórrida y estentórea campaña de compañones que acaban de inaugurar: un pantano de lodo retórico.

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  2. Me agrada saber que compartimos el amor Apuleyo. El Asno de Oro es muchas cosas, tantas, que uno no acaba nunca con él. Pero esto de permanecer inacabadas para el lector, por mucho que sea reincidente, creo que es el estigma de los grandes libros.

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