viernes, 5 de marzo de 2010

Carta a un maestro

En los años veinte del siglo pasado había un maestro en Argel. Era uno de esos maestros de la escuela republicana francesa que entendían su labor como una misión: debían acompañar a los alumnos en su tránsito hacia ciudadanía de la República. Tenía una clase de más de treinta. Entre ellos se encontraba un niño huérfano de padre, que vivía una madre analfabeta, un hermano un poco mayor y una abuela cascarrabias empeñada en que los niños se pudieran a trabajar cuanto antes. ¿Es que podían aprender algo útil huroneando entre los libros? Por si acaso, en casa no había ni uno.

Aquel niño era tan pobre que vivía su pasión por el fútbol desde la ingrata posición de portero, que es el puesto en el que menos se desgastan los zapatos. Su madre lo había educado para que, sin perder la conciencia de la pobreza en la que vivían, no se rindieran a la condición de pobres.

Era, aparentemente, otro niño travieso al que le gustaba liberar los animales de la perrera y tenía los puños preparados por si había que enfrentarse a un matón de patio.

Su lengua no era exactamente el francés, sino el “pataouète”, el dialecto que se hablaba en Argelia. Pero su maestro era un maestro. ¿Y qué es un maestro sino el celoso amante de lo mejor que podemos llegar a ser? Lo ayudó a dejar de ser extranjero en su propia lengua, le consiguió una beca y lo guió por la fascinación de la palabra bien dicha. En clase, al terminar las lecciones de día, el niño escuchaba con la imaginación encendida a su maestro leer el capítulo de una novela, cada día uno. Y así se despedían todos hasta el día siguiente.

El día que el niño se presentó al examen para el acceso a la secundaria, se limpió los zapatos de portero hasta dejarlos relucientes. En la puerta del liceo lo esperaba su maestro, con un croissant en la mano, por si no había desayudado lo suficiente.

Este maestro se llamaba Louis Germain. Treinta años después, a finales de noviembre de 1957, recibió una carta fechada en París. Era de su alumno, que había obtenido el Premio Nobel de literatura. La leyó emocionado: “Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiera sucedido nada de todo esto”. Firmaba la carta Albert Camus.

Posteriormente Camus hizo una descripción deliciosa de Louis Germain en "El primer hombre", la novela inconclusa que llevaba en el coche en el que murió, recordando que fue él quien !por primera vez lo hizo sentirse digno de descubrir el mundo". No conozco un elogio superior para un maestro.

24 comentarios:

  1. Supe que sería Camus desde la primera palabra. Pero desconocía esta historia tan conmovedora. Gracias por compartirla.

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  2. Precioso. Cosas como esas, aunque no tengan meta alguna, diluyen la absurdidad y crean el sentido... Es tan malo no verlo como creer que puede llegar a serlo todo.

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  3. Derrida también jugaba al fútbol. Pensaba que era Derrida.

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  4. "El primer hombre" es un libro magnífico, incluso en su inconclusión muy camusiana, del todo, vamos. Es inevitable pensar en Sartre, "Les mots" (me guardo les mots que le dedicaría). Y en la gratitud. Releo con cierta frecuencia el "Critón", debería ser de lectura obligada en algún modelo de enseñanza obligatoria.

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  5. Ah, acabo de escuchar a la niña Leire. Esta hornada de chicos psoecialistas son una vergüenza para este país.

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  6. ¡Jo, Luri!
    Acabado de levantar y ya con los ojos mustios por su culpa. Se va a enterar.

    http://www.youtube.com/watch?v=Gv1uLfF35Uw

    'I am not dumb'

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  7. Disculpe Don Gregorio, acabo de ver el video de Leire. Asi nos va el pelo.

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  8. El caso de Camus mencionando a su maestro en la concesión del Nobel es un 'bolet', por desgracia. Al maestro o maestra actual ya le es difícil descubrir talentos y promocionarlos, están mal vistos y el sistema lo dificulta del todo.

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  9. Maravillosa maestra, milagrosa maestra, esta Sullivan. ¡La he entendido! ¡En inglés! Claudio, ya sé que no era su intención, pero me acaba de alegrar el día

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  10. A mediados de años noventa del siglo pasado se encontraron en el departamento de Somme, en el norte de Francia, casi diez mil exámenes corregidos del «certificado de études» de los años 1923, 1924 y 1925. Se trataba de unas pruebas de madurez que evaluaba a los alumnos de doce años al acabar la educación primaria (la que superó Camus con el croissant de su maestro). El ministro de educación del momento (en Francia no duran los ministros de educación ni dos años en el puesto), François Bayrou, decidió entonces medir el nivel de los actuales alumnos franceses con el rasero de esta prueba, introduciendo las correcciones pertinentes para garantizar la fiabilidad de los resultados. Lo que el nuevo examen puso de manifiesto fue un alarmante descenso del nivel académico. Los alumnos actuales hacen muchas más faltas de ortografía y presentan muchas más dificultades para resolver problemas de matemáticas que los de hace un siglo. Hoy sólo el 33% de los alumnos franceses es capaz de resolver los problemas que el 80% de los chicos de comienzo de siglo resolvía perfectamente.

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  11. Hace mucho que lamento -y me lamento- de esta progresiva caída del nivel académico de los alumnos; si sucede en Francia, que en cuanto a educación fue siempre el espejo en qué mirarnos, qué no sucederá en España. Sin embargo, no podemos dejar de hacernos una consideración: en números absolutos, el 33% de alumnos actuales (capaces de resolver los problemas) es muy superior al 80% de alumnos de hace un siglo (capaces de resolver los mismos problemas).

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  12. me ha emocionado..esto le da sentido a nuestra profesión.

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  13. Brian: Los datos que he ofrecido ya están estadísticamente cribados. Es decir: si a todos los alumnos franceses de los años 23-25 y a todos los alumnos franceses de finales de los 90 se les hubiese hecho la misma prueba, los resultados serían los que digo. De los 90 para aquí los resultados de los alumnos franceses en las pruebas internacionales no han hecho más que empeorar.

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  14. Con la melancolía de esta tarde lluviosa más esta historia, al final me he emocionado como una tontaina. :(

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  15. Por si interesa:

    http://www.nytimes.com/2010/03/07/magazine/07Teachers-t.html?em

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  16. Los grandes funcionarios de la humanidad, los llama, Jose antonio marina.

    Pero, los médicos, ¡ Qué manos tiene, el Doctor Concha!

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  17. Lo leí el otro día en La Vanguardia. Y este artículo y el de Víctor M. Amela sobre un niño que conoció en Chile y murió como consecuencia del tsunami me emocionaron a primera hora de la mañana. Deben ser cosas de la paternidad reciente...

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  18. Hay historias que te dignifican por el mero hecho de leerlas... Gracias, don Gregorio.
    Adjunto este enlace a un artículo de Josep Maria Solé i Sabaté, en el diari Avui. Merece la pena leerlo (está en catalán): http://paper.avui.cat/article/dialeg/186123/mestres/base/la/societat.html

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  19. Una historia bella e inolvidable. Abrazos.

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  20. Gregorio: Creo que lo interpreté correctamente. Lo que quería decir es que la proporción de niños escolarizados en los años 90 era muy superior a la de niños escolarizados en los 23-25. (Al margen del total de población, por supuesto).

    Dicho con otras palabras: la escolarización se ha democratizado (se ha universalizado) pero a costa de perder nivel medio. Claro que lo ideal sería la enseñanza gratuita y obligatoria hasta los 18, de ahora, con los niveles medios de entonces, pero, a veces, lo mejor es enemigo de lo bueno...

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  21. Luri,

    Ideas promocionales (baratas) para el próximo libro.


    http://www.youtube.com/watch?v=TyM6b3lUm8s

    ¡Imagínese si además saliera Bacallà Salat!

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Si es viernes, toca Tocqueville