domingo, 25 de enero de 2015

Había una vez un francés y un español...

Diálogo entre un francés y un español en una comedia satírica anónima rusa de los años treinta del siglo XVIII:

Francés: Serviteur, seigneur (quiero decir que estoy a su disposición).
Español: Señor, no entiendo francés.
Francés: Pues yo no entiendo español. No se ofenda, señor, oigo que está hablando en eslavo. ¿Dónde, señor, ha aprendido esa lengua?
El español quiere eludir la respuesta, pero el francés insiste: Señor mío, me asombra ver a un español hablando una lengua extranjera.
Español: ¿Por qué?
Francés: Porque los españoles viajan poco, no salen de su tierra.
Español: Es que no les hace falta: en su tierra tienen todo lo que necesitan.
Francés (al público): Señores, no se rían; señor mío, no se ofenda, pero en otras tierras hay muchas cosas que en España sería imposible hallar.
Español: No entiende lo que le digo. No me refiero a fruslerías, que en otras tierras hay, sino a la astucia, al arte bélico y a la vida perfecta.
Francés: Que es precisamente lo que en España no hay, pero vuelvo a lo anterior; me gustaría saber dónde, señor, ha aprendido a hablar en eslavo.

Más adelante nos enteramos que el español aprendió eslavo en la guerra contra el turco, cuando "servía al César". 
El francés y el español defienden sus respectivos modelos de vida buena. El francés prefiere vivir atado, pero en un palacio, que libre, pero pobre y vagabundo. El español pregunta: "¿Hay mayor esclavitud que la de un palacio? ¿Hay mayores pecados que los que se cometen en un palacio?", a lo que responde el francés: "Señor mío, no se enfade, pero en la guerra los pecados no son menores". El español le espeta: "Está usted hablando con un caballero español!".
Esta es la respuesta del francés: "No conozco un pueblo más orgulloso y vago que el español; se pone por encima de todo el mundo, y la mayoría, para tener una vida regalada, se mete en un monasterio y allí trabaja para su estómago".


Contra esta herencia peleó el gran Joaquín Costa. Maeztu lo que pretendía era explicar el fracaso de Costa.

1 comentario:

  1. El gato de Schrödinger2:58 p. m., enero 25, 2015

    Se agradece la aclaración.

    Serán cosas de la lucha contra el turco, porque ese caballero español me recuerda al poema de Petöfi "Soy un noble magiar".

    ResponderEliminar