jueves, 17 de enero de 2013

Competencias


Hasta ahora, por lo visto, nuestros alumnos eran incompetentes. Ahora los profesores trabajarán  competencias y dentro de cuatro días ya serán competentes. ¿Se trata de ésto, verdad?

No estoy seguro... 

En realidad no hay competencias, sino personas competentes, que son los referentes de quienes quieren incrementar sus destrezas. Pero nosotros queremos hacer a todos competentes enseñando  competencias. Pobre Aristóteles, ¡si levantara la cabeza!

Cuando yo estudiaba magisterio, allá por los años setenta, me enseñaron la taxonomía de Bloom, que  no es otra cosa que un despliegue de las dimensiones del saber. Saber una cosa, decía Bloom, es en primer lugar tener conocimientos sobre ella y, además, comprender esos conocimientos, estar en condiciones de aplicarlos, analizarlos y sintetizarlos y, por último, ser capaz de autoevaluar lo que sabemos. Ahora nos dicen que saber es saber aplicar, y punto, y a esta reducción tan notable del campo del conocimiento la llaman progreso pedagógico.

Una profesora intentaba hoy mismo en un diario digital explicar qué es una competencia. Según ella, saber comentar un texto no es saber la fecha en que fue escrito. Yo he pensado inmediatamente que si no sabemos cuándo fue escrito, no sabemos comentarlo. En un segundo ejemplo decía: "es más importante saber utilizar una norma ortográfica que saberla de memoria". Según este criterio, somos competentes cuando sabemos usar algo sin saber por qué, tal como -dicen- les ocurre a los poetas arrebatados por las musas. Claro que nunca se ha oído hablar de una musa de la ortografía y mucho me temo que, de existir, sería preciso ponerle un bozal. Por último esta profesora recurría al argumento (algún nombre hemos de darle) más de moda: "En el mundo que se acerca es mucho más importante saber buscar la información que tenerla almacenada en el cerebro, porque la información que ayer era válida mañana habrá sido actualizada y ya no servirá de nada (¿de qué me sirve hoy a mí saberme las capitales de Europa?)". Aquí ya me doy por vencido. Si lo que es valioso es buscar información sin conocimientos previos que nos permitan evaluar la relevancia de lo que encontramos y si saber las capitales de Europa es un lujo inútil, me rindo. Los pedagogistas han ganado. Pero me paso a la resistencia. ¿Alguien se apunta?

33 comentarios:

  1. Apúnteme, se supone que antes no enseñábamos a aplicar los conocimientos y el resto? Esas revoluciones educativas desde arriba siempre acaben en agua de borrajas y destruyendo lo que ya funciona. Me temo que, como siempre, se generarán cursillos, reuniones, reciclajes, expertos i nuevos libros de textos, qué miedo. La Taxonomia de Bloom... ¡oh, cuantos recuerdos evocadores me sugiere este nombre!

    ResponderEliminar
  2. Hay memes memos: como el de la caducidad de la información de un día para otro.

    ResponderEliminar
  3. Yo, aunque tendríamos que ponernos de acuerdo primero en algunas cuestiones básicas.
    Recomiendo:
    http://books.google.es/books/about/C%C3%B3mo_aprender_y_ense%C3%B1ar_competencias.html?hl=es&id=2h08NJ4fDwgC

    ResponderEliminar
  4. Mi ex-jefe debía ser un seguidor acérrimo de esa doctrina pedagógica: no conseguí, en doce años y medio que trabaje con él, hacerle entender que si no conocía los conceptos básicos de lo que hacía no podía hacerlo: no se puede hacer un buen programa de tratamiento de imágenes si no se que son las imágenes.

    ResponderEliminar
  5. El gato de Schrödinger9:00 a. m., enero 17, 2013

    El discurso de esa profesora es la coartada perfecta para los profesores incompetentes: no tienen que transmitir conocimientos de los que carecen. Como los conocimentos son, al parecer, perecederos, ¿para qué molestarse en aprender nada? Con enseñar a los alumnos a buscar en Google, ya tienen compentencias para el mundo moderno.

    Qué alivio para todos aquellos que han ingresado en la función docente sin haber aprobado unas oposiciones.

    ResponderEliminar
  6. Si no sabemos qué buscamos, ¿encontraremos algo?

    Si leo que la capital de Francia es Estrasburgo -como he visto en una forum de debate-, y no sé que es París, ¿cómo sabré que la información obtenida es falsa?
    Si me creo todo lo que me comunican, dejo la educación para abrazar la fe (del carbonero, pues la verdadera fe consiste en poner en duda los dogmas)

    ResponderEliminar
  7. Por supuesto. Resistiremos. Sigue siendo lo de "aprender a aprender", ¿no?

    ResponderEliminar
  8. Ahora no hay que aprender a aprender, sino a hacer, porque no hay nada sustancial que aprender, sino que todo es instrumental. El mismo hombre debe ser concebido como un instrumento en rediseño completo que, por supuesto, estará al servocio de los que sí saben. ..
    En fin, que cada vez estoy más convencido que son los profesores escépticos y conservadores los que salvan a la escuela: hacen como que siguen las modas, pero una vez que entran en su aula, hacen lo que creen que tienen que hacer. ¡Benditos sean!.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sabia disposición: decir que sí a todo (a las necedades) y luego hacer lo que a uno le dé la gana (en el buen sentido: la voluntad asistida por la conciencia).

      Eliminar
    2. Yo soy uno de esos. Ahora mismo estoy escribiendo un informe para la inspección que me mandará al infierno por embustero cuando llegue el momento, pero que me permitirá seguir dando mis clases como casi siempre cuando el inspector se aburra y se vaya.

      Y que conste que ser escéptico y conservador no es dar la clase como en los setenta ni como en los ochenta. Mis alumnos no me temen ni yo les golpeo, y en mis exámenes no se premia únicamente la memoria. Pero sí intento que trabajen y se esfuercen un poquito. E incluso de vez en cuando trato de que razonen, aunque eso ya es más difícil...

      Eliminar
  9. Los conservadores ya estamos todos -o casi- jubilados/as.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Le digo yo que no, alguno quedamos con treinta años de profesión por delante y que no creemos a pies juntillas en toda la pedagogía moderna. Nos miran raro y nos dicen cosas, eso sí...

      Eliminar
  10. ¡¡pero si Merkel no sabe ni dónde está Berlín en un mapa y ella no es de esta generación de jóvenes!! http://www.youtube.com/watch?v=y7ch_pkefjE
    Anna C

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por la referencia.

      Me ha dejado alucinado el vídeo. Esta señora, además de cancillera federal alemana es doctora en química analítica.

      Eliminar
    2. Y después criticamos a los norteamericanos por ser ignorantes de todo cuanto hay más allá de sus fronteras... Lo peor de este caso es que la Canciller parece estar señalando Polonia... o, en todo caso, Bielorusia, y la presentadora le dice que es Rusia.

      Eliminar
  11. Tengo pocas lecturas de neurología, pero siempre me ha apasionado el funcionamiento del cerebro, e incluso tuve el valor de enfrentarme con un libro que acabó apasionándome: "Gödel, Escher y Bach". De toda esa información perecedera, porque mi memoria es un pozo sin fondo, sí me quedó, sin embargo, que para la actividad cerebral es esencial la repetición, lo que explicaría que un alumno que se aprendía la lista de los reyes godos o el capítulo VI del evangelio de San Lucas, como fue mi caso personal en segundo de aquel bachillerato de los años 60, estaba programando el cerebro para que le funcionara adecuadamente para el futuro, ¡o eso espero! Ese perfeccionamiento cerebral lo asocio al poder vivificador de las rutinas para apreciar lo extraordinario, y esa es la razón por la que me pareció tan tramposa "El club de los poetas muertos", porque obviaba las largas y monótonas clases de los grises días de otoño e invierno en que se tenian que "fijar" los conocimientos y los procedimientos.
    En efecto, Gregorio, esa fue siempre mi estrategia: ignorar la superioridad y ofrecer a mis alumnos lo que necesitaban tras hacer la insoslayable prueba de nivel. Me jugabaa un expediente, pero, por fortuna, jamas un inspector llamó a mi puerta...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Juan: Solamente se puede justificar la relevancia del saber si se tiene curiosidad, ganas de saber. Cuando uno redescubre una y otra vez que lo que te proporciona el saber es la posibilidad de reformular tus preguntas para investigar en la direccióna decuada, no puede sino sentirse ofendido por esa pretensión de investigar desde la indigencia intelectual, sin la guía de un saber previo. La imbecildiad se ha apoderado de la pedagogía. Sin embargo para quien quiera verlo, está claro que el tiempo una y otra vez acaba en estas cuesitones de la educación dando la razón a los que piensan que para que haya una escuela es imprescindible un alumno con ganas de aprender, un profesor con ganas de enseñar y algo que merezca la pena ser aprendido y de cuya dignidad el profesor, por su condición, es más consciente que el alumno. Todo lo demás son notas a pie de página.

      Eliminar
  12. Una vez más, atina D. Gregorio con sus dardos. La revolución educativa es hoy traducir todo al lenguaje de las "competencias", aunque, por supuesto, para ello hay que dajar fuera muchas de las cosas que formaban lo que tradicionalmente llamábamos "educación".
    Por ahora podemos ser "conservadores escépticos", pero, ¿cuándo seremos acusados ante las autoridades de pervertidores de la juventud, a la Sócrates? Hoy en día se da un poder tan asfixiante, unas estructuras jerárquicas tan colosales, que los profesores -sepultados en la base- son casi insignificantes en la labor educativa: lo importante son las modas metodológicas que los expertos del ramo se encargan de inventar o copiar, y la burocracia de extender e imponer.
    Ante el panorama que se presenta, uno tiene también la tentación de rendirse. Hemos dejado demasiadas cosas, casi todo, en manos de la administración, y ahora vemos cómo se hace tan difícil realizar las cosas, simplemente, con sentido común, sensatez o prudencia.

    Un abrazo, D. Gregorio

    ResponderEliminar
  13. Ave, domine praeceptor, bene tibi sit. ab hodie studere volo. rogo te ergo, latine loqui. Doceo te, si me attendas. Ecce, attendo. Bene dixisti, ut decet ingenuitatem tua.
    ¡Esto es todo, queridos!.

    ResponderEliminar
  14. A este respecto, permítanme recomendar (para quienes aún no lo hayan leído) un artículo de Julio Carabaña titulado "Competencias y Universidad, o un desajuste por mutua ignorancia". Aunque centrado específicamente en la disparatada pretensión de organizar la enseñanza según la moda de las "competencias", el artículo deja bien claro que, en el fondo, el propio concepto de "educación por competencias" no es más que el típico humo que nuestros pedagogos a la violeta llevan años vendiéndonos.

    La conclusión final es la siguiente:

    "En fin, resumo mi hipótesis. Poseídas de un loable celo por no dejar a España fuera de las economías más competitivas del mundo basadas en el conocimiento, habiendo oído que la Universidad era crucial en este empeño y estimándose exentas de entender la relación entre todo ello por el marchamo europeo de la propuesta, nuestras autoridades compraron en Europa el enfoque de las competencias como el instrumento adecuado para acabar con los privilegios de la Universidad y ponerla al servicio de la
    economía y de la sociedad. Se equivocaron, porque o no entendieron el manual de instrucciones del instrumento, que debía indicar que había tenido un éxito muy dudoso en la reforma de la Formación Profesional en algunos países anglosajones, pero que no había llegado a usarse en la Universidad, o no entendían que la Universidad no contribuye normalmente al desarrollo económico suministrando a las empresas titulados «llave en mano», sino formando a sus alumnos en ciertos conocimientos y destrezas generalmente aplicables, que, después y no siempre, se convierten en competencias funcionales, en conjunción con lo que aportan otras instituciones y experiencias, entre ellas el aprendizaje en los empleos. El resultado ha sido una humillante presión sobre la Universidad para que fingiera ser lo que no es, presión que ha sido resistida de diversos modos, a veces incluso con dignidad. Sin dar por imposibles algunos efectos positivos puntuales, que difícilmente van a compensar los negativos, el resultado global más probable de todo el proceso será la subversión por las Universidades del programa gubernamental mediante la adaptación de su jerga a las exigencias de la realidad."


    El artículo puede descargarse aquí:

    http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=%22por%20mutua%20ignorancia%22%20%2B%20competencias&source=web&cd=1&ved=0CDIQFjAA&url=http%3A%2F%2Fdialnet.unirioja.es%2Fdescarga%2Farticulo%2F3600070.pdf&ei=71H4UNzsLtS4hAe_uoDACw&usg=AFQjCNHJSCKXL1F3WFroaI45p5LDiIeuIg&bvm=bv.41018144,d.ZG4&cad=rja

    ResponderEliminar
  15. Gracias a todos los comentaristas... pero no tengo tiempo para contestar personalmente. So sorry. Lo hago colectivamente y con otro post sobre este asunto de las comeptencias.

    Reivindiquemos pues la dignidad del profesor eficiente, competente y gris, que hace del camaleonismo un arte de subsistencia económica y del trabajo en clase un acto de subsistencia profesional.

    Orwell defiende en sus artículos que lo que salva a una cultura no es el grueso teórico de sus intelectuales, sino la fe sencilla de las gentes de a pie. Más aún, añade que la reticencia de estas buenas gentes a las palabras de los intelectuales, es un gesto de salud política. Lo mismo podemos decir de la escuela.

    Se resalta con frecuencia que hemos tenido muchos cambios legislativos. La verdad es que hemos tenido muchísimos más cambios metodológicos. Lo curioso de los últimos es que nos llevan hacia atrás en el tiempo. Las competencias nos retrotaen a los años ochenta y el trabajo por proyectos, que ahora tan de moda está en algunos centros, a los años veinte.

    La mayor parte de las ocurrencias pedagógicas exigen mucho trabajo de los profesores que no se ve correspondido por una mejora de los resultados de los alumnos (aunque sí con frecuencia con una desmejora), por eso es imposible mantener mucho tiempo el entusiasmo doctrinario. Pero como los pedagogistas están empeñados en someter la realidad de los centros a sus esquemas teóricos, a método muerto, método puesto, y vuelta a empezar.

    ResponderEliminar
  16. Doy mi visión simplista del asunto, reflejo de lo que llega al mundo laboral:

    Parece que en vez de querer preparar a un alumno para su autonomía se le prepara para la obediencia, la ejecución rápida y concreta. Así, encuentro a personas que esperan órdenes y son incapaces de hacer razonamientos y encontrar soluciones: uno, por el desconocimiento profundo de lo que tratan; dos, por la incapacidad de encontrar sistemas y mecanismos eficaces para la consecución de un objetivo.

    Y, en mi opinión, ese lastre sistemático está muy arraigado en la formación post universitaria.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gran Pedro, exactamente se trata de eso: de afinar instrumentos. Lo que no sea instrumental no es interesante porque no es productivo. La educación al servicio del antiintelectualismo.
      Un abrazo.

      Eliminar
  17. Una falacia tan vieja como la humanidad es contradecir un argumento por el sistema de la "pendiente resbaladiza", o del "hombre de paja". Se caricaturiza la posición contraria, para así llevarla al absurdo o al ridículo.

    Si en lugar de hacer eso se analiza con imparcialidad un punto de vista, dentro de su contexto, la supuesta evidencia contraria puede que no lo sea tanto.

    ¿Cual es nuestro contexto, el de la enseñanza en España? Pues un contexto en el que la reclamación que se ridiculiza tiene absolutamente todo el sentido.

    Porque nuestro sistema de enseñar, y los curriculos y programas que padecemos están en las antípodas de enseñar a hacer cualquier cosa, en las antípodas de enseñar destrezas y en las antípodas de hacer hincapié en la comprensión, en la capacidad de relacionar.
    En resumen, en las antípodas de la transmisión de saber en cualquier nivel de dominio suficiente para que sea útil. Y útil no quiere decir necesariamente útil solo para emplearse o para manejarse en la vida, sino también útil para seguir aprendiendo, para ser autónomo, para desarrollarse uno mismo y para cualquier fin legítimo que se proponga la enseñanza. Aunque ser empleable y manejarse en la vida práctica son parte de esos fines legítimos, y la parte seguramente que la mayoría de los interesados más valoran, por lo que despreciarlas está fuera de lugar.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Se miren como se miren las competencias nacen en el mundo laboral a partir de la evaluación de las personas competentes y a partir de esta evaluación se plantean, en un sengundo momento, las competencias que deberían adquirirse en la escuela para que los alumnos se integren en el mundo laboral. Yo creo que la coordinación del sistem educaivo y productivo es una necesidad. Pero la coordinación no debería significar subordinación. Bajo el dominio competencial nos quedamos sin saber téorico y convertimos a los alumnos en instrumentos.
      Respecto a lo mal que lo hacemos... bueno habría que preguntarles a los sorianos por qué tienen resultados superiores a los de Finlandia. ¿Porqué las escuelas concertadas navarras tienen resultados muy superiores a las escuelas concertadas catalanas? A ver si va a resultar que las zonas que menos alardean de innovadoras son las que mejores resultados tienen...
      Creo, sinceramente, que está usted despreciando la labor eficiente de miles de maestros.

      Eliminar
    2. En mi humilde opinión, derivada simplemente de haber elegido precisamente el tema para un trabajo hace mucho tiempo (en Historia económica), tal diferencia se debe principalmente al entorno familiar y social de ambos lugares.
      Desde hace al menos cinco siglos, el nivel educativo de la cornisa cantábrica, norte de Castilla, Navarra y Aragón es superior al resto, y sobre todo a Andalucía, Extremadura y Levante, quedando el resto de las regiones en puntos intermedios.
      Como usted sabrá, la familia (su nivel educativo y socio-económico, y el interés o grado de prioridad que conceden a la educación) es la variable fundamental que explica más (y con diferencia) la variación de resultados educativos. Eso sale siempre así, en todos los estudios.
      Y lo que me dice lo sigue confirmando: Las familias de las zonas tradicionalmente con más nivel educativo y que tradicionalmente conceden más importancia a la educación, siguen dando promedios superiores al resto. Lo mismo que en el XVI o XVIII, por ejemplo.
      Lo que añade dos interesantes consideraciones:
      - Una, que las administraciones educativas no parecen haber sido capaces hasta ahora de cerrar esa brecha secular. Desde luego, eso las deja en bastante mal lugar.
      - Y otra, que los profesores parecen influir muy poco o nada, según usted mismo, en esos resultados, dado que no se reclutan ni se seleccionan de forma distinta, ni estudian en diferente sitio o con diferente exigencia, así que, que se sepa, no son diferentes los que enseñan en Soria que los que enseñan en Murcia, ni los contratados en la concertada de Navarra son distintos en principio que los contratados en cualquier otra parte.

      Yo no me alegro nada de estas cosas, que conste. Me producen bastante melancolía. Pero es lo que hay.

      Eliminar
  18. Voy a poner como ejemplo del motivo de mi desacuerdo el comentario de la entrada sobre la ortografía: resulta que la finalidad de enseñar ortografía es ser capaz de escribir ortográficamente. No hay otra. Es una finalidad exclusivamente práctica, exclusivamente instrumental, exclusivamente prágmática.
    ¿Se consigue mejor enseñando reglas de memoria, o se consigue mejor con la práctica y la memoria visual? Esa es una cuestión estrictamente de hecho, no una cuestión de principio. Y seguramente la contestación correcta dependerá de la cuestión: ¿Cómo le resulta más fácil a cada alumno? Pues como le resulte más fácil a cada uno será como haya que hacerlo, porque la cosa no tiene más.
    Porque en la ortografía no hay principios científicos que aprender, ni leches. Es una convención, como circular por la derecha o que el semáforo rojo signifique "Pare".
    Por tanto ¿qué puede tener de malo escribir con buena ortografía "sin saber por qué"? No hay un por qué pertinente al caso, como no sea el puramente práctico "porque si escribes con mala ortografía das muy mala impresión, y si es muy mala, dificultas la lectura". No hay ningún otro porqué.
    El caso es igualito que el del personaje paródico de Molière, aquel cuitado de M. Jourdain, que estaba tan contento de creer que había aprendido algo, al descubrir que "hablaba en prosa sin saberlo". Porque si no sabes que se llama "prosa", claro, en realidad no sabes hablar... :-)

    Yo escribí en el colegio siempre con buena ortografía, porque se me daba muy bien intuitivamente, por memoria visual o por lo que fuera. Me pasé la vida escolar disimulando el hecho de que no me sabía una sola regla de memoria, ni una sola lista de excepciones. Ahora considero que la palurda (en este asunto) era la maestra, no yo. ¿Qué me perdí de aprender? Evidentemente, nada.

    Pues esta (absurda) tiende a ser la actitud general de nuestra enseñanza, no tiene el defecto contrario ni por casualidad.
    Tan importante (en nuestra enseñanza) como entender un problema de mates (o más) es resolverlo con la fórmula que "se ha dado", y utilizar la notación que "se ha dado". Hacer análisis sintáctico es en la práctica mucho más importante que practicar la comprensión de textos y saber redactar con lógica y claridad. Saber que el "determinante" se llama así (o como se llame ahora) es lo importante, no saber hacer un resumen de los puntos principales de una exposición argumental. Aprenderse las partes de una planta industrial de energía es lo importante en Tecnología, no aprender algo de electricidad con las propias manitas.

    ... Y saberse la fecha de un texto resulta que es lo importante, no haber comprendido lo que dice, y ser capaz de exponerlo. Sí, claro, saber aproximadamente el siglo en el que se escribió, algo ayuda, y a la vez enseña algo también sobre la época. Pero ¿eso es lo que debe preocupar al profesor? ¿Que se sepan la fecha de "Hamlet", y no que el texto les diga algo?

    Nos faltan diez mil kilómetros para estar cerca de que un exceso de práctica y un exceso de énfasis en las destrezas empiece a perjudicarnos... más nos valdría estar por lo menos a medio camino.

    ResponderEliminar
  19. No, la finalidad de la ortografía es ética: se trata de una relación de amor con el lenguaje.

    Lo que le resulta más fácil a un alumno es no levantarse de la cama para ir a la escuela.

    Lo que nos separa a usted y a mi es la comprensión de lo que es una persona educada. Por eso soy partidario de que haya escuelas plurales y transparentes, que permitan elegir a los padres el centro al que llevan a sus hijos con conocimiento de causa. No tengo dudas de que la mayoría preferiría la escuela que propone usted a la que propongo yo.

    Para que entienda mi postura, sin duda, conservadora:
    1. Creo que hay que pretender entender un texto tal como el autor lo ha comprendido, por un mero sentido del respeto. Y para ello hay que retener constantemente la impaciencia de la opinión.
    2. Creo que no hay creatividad sin un profundo conocimiento previo.
    3. Creo que el interés no es el motor del conocimiento, sino que el conocimiento es el motor del interés.
    4. Creo que todo conocimiento serio es problemático y, por lo tanto, crítico.
    5. Creo que aprender sirve, básicamente, para seguir aprendiendo.
    6. Creo que no hay aprendizaje válido si no va acomnpañado de la formación del carácter y que no se puede formar el carácter si no se domina la atención profunda.
    7. Creo que el lenguaje es tana rbitrario como la ortografía, por eso tenemos que enseñar a leer, a hablar, a escribir y a rumiar.
    .. y creo muchas más cosas de este tipo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si la finalidad de la ortografía es ética, apaga y vámonos. Según ese concepto, el protocolo http es también una parte de la ética, y al que no cumpla con un estándar ISO habría que encarcelarle (o quizá simplemente irá al infierno).
      Si la relación de amor con el lenguaje se manifiesta en la ortografía, debe ser que los analfabetos (casi todos nuestros antepasados) no tenían ese amor (aunque "inventaron" nuestras lenguas y su primera poesía, sus primeras canciones, sus primeras plegarias...), y, más raro aún, que nuestros clásicos no lo tenían tampoco, porque su ortografía era idiosincrásica a un punto que ahora no hubieran aprobado ni primaria. Asombroso.

      Pero supongamos que tiene razón. ¿Eso significa que si yo aprendí ortografía por mimetismo visual amo menos a mi lengua materna que si me hubiera memorizado largas listas de palabras que se escriben así o asá? ... Evidentemente no. Quizá es hasta al contrario, porque mi buena ortografía venía de leer mucho.
      Aunque en realidad la lectoescritura no es más que una parte (reciente y sobrevenida) del uso de la lengua, pero pasemos pulpo como animal de compañía, ya que se suele convenir en que es muy importante para dominar su nivel culto.

      De su lista de opiniones, no sé casi qué decir, porque no veo bien lo que importan al caso.
      Sí puedo decir que la formación del carácter es asunto de cada uno (y de toda una vida) y, como mucho, responsabilidad principalmente de su familia, en sus años preadultos. Quizá los centros de enseñanza deberían proponerse metas más modestas (que la gente aprenda algo, por ejemplo) y dejar la formación de carácter como algo que va sucediendo mientras teníamos otros planes (como dice la canción). Porque no recuerdo que dicho objetivo esté en la lista de objetivos, ni que un carácter bien encaminado sirva para dar puntos y pasar de curso...

      También me sorprende que admita que, si la gente pudiera elegir, elegiría otra clase de escuela que la que usted propone y defiende. Es admitir que la escuela no da lo que los ciudadanos quieren, sino lo que quiere un subconjunto de funcionarios (o cada uno de ellos a su bola). Para que eso sea defendible, hay que considerar que todos somos súbditos, que un estamento (los scholars) tienen la única autoridad para decidir qué debemos aprender todos los súbditos (y cómo), y que un puesto de funcionario enseñante es una parcela patrimonial y una concesión de potestad, en lugar de un trabajo de servidor público de los ciudadanos que le emplean.
      Un punto de vista tan peculiar quizá debería llevar a que los enseñantes que lo profesan fundaran sus propios centros y buscaran su propia clientela, maś que a considerar que tienen todo el derecho de imponerla, a pesar de ser conscientes de que no es lo que quieren los sufridos contribuyentes.

      Eliminar
  20. Hace tiempo que detesto esta tendencia de las competencias porque hace mucho daño a los chavales. Pero me apunto sin reservas otra vez ante tu invitación.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Queda usted nombrado general de las tropas del corso terrestre. ¡Un brindis por El Empecinado!

      Eliminar
  21. M'ha encantat l'article. Si no té inconvenient, el posaré al meu bloc. Gràcies

    ResponderEliminar