martes, 1 de noviembre de 2011

Memónides de Moronea, otro fragmento.

- En cuanto a la sofística, querido Jeníades, es evidente que marca uno de los límites que la filosofía no puede pasar.
- ¿Te refieres, Memónides, a los dobles razonamientos, a la erística, a la retórica y a lo que decía Protágoras de que a todo razonamiento se le puede oponer otro de igual valor?
- No, no es eso.
- ¿Qué es entonces?
- Me refiero a que la filosofía si renuncia a su demanda de coherencia, se convierte en otra cosa.
- En sofística.
- Por una parte.
- ¿Por una parte?
- Sí, el otro límite indepasable de la filosofía es la poesía.
- ¿Pero si el filósofo, Memónides, renuncia a la retórica y a la poesía, qué le queda?
- La soledad, claro.
- ¿La soledad?
- La gente necesita la retórica y la poesia. Y la coherencia estricta es siempre antipolítica...
- Dices cosas extrañas, Memónides.
- Me callo, entonces.
- Así sea, y vayamos a contemplar la thermaustrís.

Nota: La "thermaustrís" parece ser una danza lacedemonia en la que se hacían diferentes tipos de pinzas o cabriolas con los pies.

2 comentarios:

  1. No sigo el razonamiento. Cuando dice: '¿Pero si el filósofo, Memónides, renuncia a la retórica y a la poesía, qué le queda?', ¿no sería otra opción la de no renunciar a la demanda de coherencia? De este modo, la tercera opción, la soledad, juanto con las otras dos, sería propiamente la de aquéllos que renuncian a la coherencia, no la del 'filósofo'.
    Seguro que me dejo algo, pero no acabo de verlo.

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  2. Bueno, habría que preguntárselo a Memónides. Por mi parte creo que no se puede renunciar a la búsqueda de coherencia sin renunciar a la filosofía y me parece también que la sospecha constante de que tal cosa aún no se ha conseguido es lo que mantiene vivo al verdadero filósofo.

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Z.

Me cuenta su viuda que en el transcurso de una revisión, a Z. le encontraron un pequeño carcinoma en un pulmón. Nada grave, en estos tiempo...