sábado, 11 de junio de 2011

Rorty y los intelectuales de izquierda

-Pero ahora no podemos seguir siendo leninistas y debemos enfrentar algunas cuestiones que el leninismo nos ayudaba a eludir: ¿estamos más interesados en aliviar la miseria o en crear un mundo en el que los intelectuales fueran los guardianes del bienestar público? ¿Qué hay tras el sentimiento de pérdida que nos invade cuando nos vemos forzados a concluir que los Estados de bienestar democrático-burgueses son lo mejor que podemos prever?

LOS INTELECTUALES Y EL FIN DEL SOCIALISMO / RICHARD RORTY

En Salmonetes

17 comentarios:

  1. Bueno, estos días andan algunos encontrando jirones de sus pérdidas por nuestras plazas. Ayer en La Vang, García Calvo, tan contento... Tantos años sin alegrías.

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  2. Ciertamente. Però desde el eclecticismo me pregunto también: Que hay tras el sentimiento de pérdida del paraíso consumista?

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  3. Insisto: Al fondo de ese sentir de izquierda están los Profetas Veterotestamentarios y El Judío Errante.Eso sí, con trajes nuevos.Si no, no se entiende tanta pasión por "el bien de los pobres" y toda la pesca. Desde luego a un Hindú sería imposible conmoverle con eso "hacer el mundo mejor y que haya menos pobres".
    La izquierda es un Profeta Judío trasvestido.

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  4. A propósito de la caridad, como elemento constituyente de la economía moderna: http://youtu.be/YdezVlHLWHE

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  5. El bueno de Rorty me recuerda aquí al último Tony Judt. El diagnóstico no es malo, el remedio is very... fuzzy.

    Lo que entiendo menos es lo del leninismo.

    ¿Este hombre sabía quien era Rudolf Meidner?

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  6. Más o menos a propósito: el articulito del notario Gómez Burniol ayer en LV, escriturando las nobles causas de: los indignados y violentando groseramente (creo) algunas tesis de Hannah Arendt. A ver qué os parece, Gregorio y Lola, vosotros que habéis leído mucho mejor a Arendt que yo.

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  7. Vaya no se ha activado bien el enlace. Ahí va: http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20110611/54167919233/indignados-con-causa.html.

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  8. No, si al final va a resultar que Fernández de la Mora lo acertó...
    O repensamos los lugares comunes o los comunes del lugar se nos comen, como ha pasado en las últimas elecciones, quiero creer que para bien y escarmiento de tantos demagogos como confunden realidad y lenguaje.

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  9. D. Gregorio: el texto de Rorty me parece claro y perinente en su denuncia de la "República" leninista y la nostalgia de los intelectuales autodenominados de "izquierda" por recuperar un proyecto en el que puedan sentirse todavía vanguardia de algo. Sin embargo, como me pasa generalmente con Rorty, al final todo se queda en una aspiración blanda y meliflua, en una renuncia a llegar a encontrarse con la verdad de nada, no sea que presente algún peligro. En este sentido, plantear claramente que el leninismo es el anuncio del despotismo más implacable -y yo diría que también lo es el marxismo en tanto bebe del mito de la "humanidad organizada", es decir, de la confianza en que la organización en torno als directrices del filósofo acabará con los males seculares que nos aquejan- no tiene por qué desembocar en la renuncia a toda forma nueva de pensar lo político. La de Rorty me parece una postura muy fiel a su general renuncia a algo que no sea un rutinario seguir como estamos , ya que "podríamos estar mucho peor"; es como su renuncia a la verdad como tal: es algo muy complicado y no nos trae más que quebraderos de cabeza, así que, mejor, cada uno tenga su "léxico" para hablar de las cosasy yo, el ironista, elijo el relato qure en cada caso mejor funcione. Sinceramente creo que, para devolver a lo político su sentido -para que exista política y no uno de sus variados sucedáneos- es preciso renunciar a Lenin, pero también aRorty. Ni partitocracia bolchevique ni partitocracia del Bienestar

    Doña Teresa: es una lástima no poder leer el artículo (me dice que la página ya no existre), pero yo sí pienso una relación clara entre la aparición de las asambleas y la noción de política en Arendt. De hecho, literalmente, su idea de política es ésa: la espontánea formación de consejos y asambleas. Otra cosa es que estas asambleas hoy existentes se conviertan en instrumentos de programas ideológicos. Lo fundante- según yo entiendo a Arendt- de la política es la apertura del espacio público que se da para que los hombres puedan hablar, actuar y aparecer ante los otros. De esto del 15M me quedo con esa emergencia espontánea de lo público -el lugar donde se puede hablar ante los otros-; el problema se plantea por la pervivencia de las viajas categorías ideológicas, cuando se toman estas asambleas como instrumentos para otras cosas, sean "destruir el capitalismo", proclamar la independencia de cataluña o abolir las corridas de toros. Entonces se desvirtúa su misma aparición. Pero el hecho mismo de su surgimiento es, para Arendt, el hecho mismo de la política, como puede comprobarse en "Sobre la revolución", o "Qué es política", o en sus reflexiones sobre el sistema de consejos en la rebelión húngara contra la tiranía soviética.
    Precisamente he colgado en otro blog un pequeño texto de Arendt sobre el tema, por si le interesa:

    http://www.feacios.com/2011/06/hannah-arendt-sobre-el-15m.html

    Saludos

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  10. Borja: Es un lujo tenerte como cliente de este café.
    Respecto a Rorty no hay que olvidar que procede del troskismo-leninismo y que se crió en contacto con la vanguardia progresista de los Estados Unidos. Yo creo que se le puede dar la razón en este caso sin por ello aceptar que nos ofrezca una vía de salida al atolladero político del presente. Sin embargo su lema "democracia antes que filosofía" es, a mi parecer, de mucho calado. La filosofía puede ser nihilista y, de hecho, el nihilismo parece presentarse como su destino; pero la vida no, y aquí aparece una contradicción entre teoría y praxis que -estoy con usted- Rorty no nos ayuda a resolver porque, en última instancia, su propuesta es la de la fe en la propia racionalidad de lo político... una racionalidad, sin embargo, sumamente débil, porque sería desmentida por al teoría. Hay aquí una cuestión que es la central de todo el posheideggerianismo... es decir, es nuestra cuestión.
    Respecto a Arendt, posiblemente, sí, estaría animando a la ocupación de la plaza pública por la palabra alternativa del ciudadano de a pie. Pero me temo que inmediatamente haría alguna salvedad: animaría a ese ciudadano a no dejarse arrastrar por el radicalismo retórico y por las propuestas meramente emotivistas. Pienso aquí sobre todo en su correspondencia con Mary Maccarthy.

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  11. Pego aquí (en dos comentarios, por razones de espacio) el artículo "Indignados con causa" de Juan José López Burniol:

    "Las relaciones entre el Estado y el sistema capitalista han pasado por tres etapas. En la primera, el Estado – laissez faire, laissez passer– se limitaba a preservar un espacio de libertad y seguridad. En la segunda, el Estado devino intervencionista, para limitar los abusos que la situación anterior propiciaba, mediante la creación del Estado de bienestar. Y en la tercera, ante lo que se juzgó un exceso intervencionista, el sistema capitalista ha optado por suplantar al Estado y ocupar su lugar, mediante un doble proceso de liberalización y desregulación. El banquero Sigmund Warburg lo explicó así: “La Segunda Guerra Mundial fue una guerra entre la democracia y la autocracia, que ganó la burocracia”.

    En esta fase nos hallamos hoy: el Estado está sometido –como sistema jurídico– a un proceso de desguace por una doble vía de privatizaciones y desregulaciones. Este proceso exige –como todos– una justificación que viene dada por una corriente de pensamiento atisbada por Hannah Arendt, hace años, en La condición humana. Arendt anticipó lo que hoy sucede: el predominio de la mentalidad privado-profesional en la vida de la mayor parte de las gentes, que dejan el espacio público en manos de los políticos profesionales, a los que se limitan a votar periódicamente sin inmiscuirse luego en su gestión. Se consolida así un totalitarismo permisivo que concede al ciudadano una amplia gama de gratificaciones sensibles, con el fin de que se abstenga de intervenir en los procesos públicos, que son gestionados por expertos procedentes de los grupos de presión surgidos en torno a los poderes financieros. Si añadimos que el sistema de partidos ha mutado en una partitocracia burocratizada, integrada por políticos de hoja perenne, el resultado está servido: una obturación del sistema político, manifestada en una falta grande de receptividad a las demandas de los ciudadanos que no están instalados. Así las cosas, ¿a quién puede extrañar que comiencen a ceder las costuras del sistema, cuando la economía decae y disminuyen las gratificaciones sensibles con las que neutralizar a los ciudadanos?

    En este marco se inscribe la reacción de los indignados, expresada en sus acampadas, que supone antes que nada un rechazo frontal al sistema. Por eso son absurdas las descalificaciones de este movimiento, con el pretexto de la falta de rigor e inviabilidad de sus propuestas. Lo que importa no es lo que piden, sino lo que rechazan: un sistema político obturado en su representatividad profunda y que es rehén, hoy más que nunca, del poder económico acumulado por las instituciones financieras. De ahí que las acampadas deban ser percibidas como un síntoma claro de una enfermedad grave. En resumen: la obturación del sistema político hace que se desborden los cauces de participación establecidos y se pase a la desobediencia civil.

    En su conferencia Sobre la desobediencia civil –1970: guerra de Vietnam–, Hannah Arendt sostuvo que la infracción de la ley no puede justificarse por medio de la propia ley. No obstante, se esforzó por salir de esta contradicción. Éste es su pensamiento:

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  12. 1. La desobediencia civil surge cuando un grupo significativo de ciudadanos se convence de que los canales para conseguir cambios están obturados.
    2. No puede equipararse la desobediencia civil con la criminal, porque hay una gran diferencia entre el criminal que se oculta y el desobediente que desafía la ley a la luz del día. Además, a diferencia del revolucionario, el desobediente civil acepta la autoridad existente y la legalidad general.

    3. Las sociedades modernas están sujetas a un acelerado proceso de cambio, que el derecho legaliza una vez producido, pero que suele ser resultado de acciones extrajurídicas. Ante este cambio, los canales de participación política de los ciudadanos son muchas veces insuficientes.

    4. Por esta razón, a la desobediencia civil le corresponde una relevancia creciente en las democracias modernas: constituye una manifestación extrema del derecho del pueblo a asociarse para reclamar al gobierno o para protestar por sus decisiones.

    5. El derecho a asociarse para disentir tiene su fundamento en el hecho de que la obligación moral de cumplir la ley nace del consenso originario fundacional del Estado, que limita el poder de los ciudadanos y fundamenta el poder del Gobierno, pero que no enerva el derecho de aquellos a participar en las tareas públicas.

    6. Este consenso originario implica el derecho a disentir, de lo que resulta que la asociación para manifestarse –o para acampar– puede llegar a ser el único medio de acción.

    Hasta aquí el discurso de Hannah Arendt, que –es cierto– difícilmente puede ser asumido por un juez a la hora de juzgar, pero sí debe ser tenido en cuenta por los políticos al reaccionar frente a los actos de desobediencia. Las soluciones de fuerza atajan los síntomas, pero no curan el mal. Y la enfermedad existe. Para darse cuenta de ello basta con hacerse esta pregunta: de verdad, de verdad de la buena, ¿quién manda?"

    Borja: gracias por la respuesta. Totalmente de acuerdo con eso de "la pervivencia de las viejas categorías ideológicas", uno de los lastres, a mi juicio, del movimiento indignado. Con todo, pienso modestamente lo mismo que Luri respecto a la posible postura que tendría Arendt sobre la cuestión.

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  13. Don Gregorio: gracias por su respuesta, estoy plenamente de acuerdo con usted en que la crítica del izquierdismo que presenta el texto es plenamente apropiada,´y es la parte propositiva (al final) la que suena, me parece, muy blanda y conformista. Es un placer, por mi parte, tener la oportunidad de participar en este café incomparable que monta todos los días. Gracias.
    También estoy de acuerdo, como Doña Teresa, en la puntualización en torno a Arendt, como muestra el texto de su carta a McCarthy que cité en mi comentario. Arendt aplaudiría la "cosa pública", no la toma de lo público por las ideologías.

    Saludos a ambos

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  14. Teresa: Acabo de enviar el siguiente artículo a La Vanguardia:

    Le debemos la expresión “Lucky Sperm Club” al sociólogo laborista Michael Young, uno de los arquitectos del Estado del bienestar británico. Con ella se refería a los potentados y aristócratas que se reservan hereditariamente los puestos dirigentes y, en consecuencia, también los nudos estratégicos del control social. Sus miembros crecen en un ambiente de riqueza y heredan con arrogancia la posición social de sus padres como si fuera la cosa más natural del mundo. La manera democrática de reducir su poder es fomentar la meritocracia, término que fue creado también por Young en su libro The Rise and Fall of Meritocracy (1954).
    Young intuyó que el mérito individual sería decisivo para el funcionamiento de las sociedades democráticas posindustriales. Si la economía agrícola produce castas y la industrial, clases sociales; la sociedad capitalista avanzada privilegia el conocimiento y el talento, haciendo realizable el ideal de “la carrière ouverte aux talents” de los revolucionarios franceses. Pero comprendió también que la meritocracia puede dar lugar un nuevo grupo social dispuesto a cerrarse en sí mismo para preservar sus privilegios, de manera que ningún intruso tenga acceso sin una previa renuncia a su clase de origen. Como los meritócratas están convencidos de que su posición se debe únicamente a sus méritos, no se consideran en deuda con nadie y se creen con derecho a sueldos astronómicos, “stock options”, “bonos de oro” o a indemnizaciones millonarias. Efectivamente, la excelencia técnica no garantiza la moral. Esta es la crítica que Young dirigió a Tony Blair, gran defensor de la meritocracia, en un artículo titulado “Down with meritocracy” (The Guardian, 29 de junio de 2001). Sin embargo Young fue insensible a las reacciones populistas contra la meritocracia. Acabamos de vivir una con el fenómeno de “los indignados”. Hemos asistido a la crítica asamblearia (jaleada por algunos intelectuales de renombre) de la “casta” de los políticos, de las “burocracias” sindicales antiobreras, de los medios de comunicación por manipuladores y, en general, de toda idea de jerarquía, como si ya no hiciera falta ser gobernados por los mejores, sino por la espontaneidad emotiva de unas asambleas que presentaban la sinceridad de sus sentimientos como garantía genuina de su pureza democrática. Para algunos la Plaza de Catalunya ocupada por una parte mínima de la emotividad pública catalana era más representativa de los auténticos intereses populares que el Parlament de Catalunya.

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  15. Interesante artículo, Gregorio.

    He leído hoy dos artículos de LV de ayer de dos profesores universitarios bajo el epígrafe "¿Es posible otra democracia?". Dan escalofríos por la superficialidad con apariencia de profundidad. Muy recomendable su lectura, de veras.

    A ver si hay suerte y todavía se puede leer en:
    http://edicionimpresa.lavanguardia.com/premium/epaper/20110612/lvg201106120341lb.pdf.

    Empieza la era de la "democracia absoluta", dice uno. Y añade: "La democracia del futuro que se constituye hoy subsume a los mediadores de antaño (notables o partidos) en el movimiento." Ha sido leer "democracia absoluta" y "movimiento" y pensar en Franco (por ejemplo diciendo aquello de que él no se metía en política). Y en Hitler, y en Lenin y Stalin, y en Mao, y en Castro, etc. No lo he podido evitar.

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  16. Teresa: Estamos escuchando argumentos de amparo a los indignados que serían compartidos con entusiasmo por los partidarios alemanes del "Volk".
    Esto de denigrar lo imperfecto que tenemos porque no se acerca a lo perfecto que nunca tendremos es una de las vías privilegiadas, desde siempre, de huida de la realidad. Desde luego si te atreves a poner en cuestión a los indignados, entonces el facha lo eres tú.
    Sigo sosteniendo que, básicamente, estamos asistiendo a una revuelta-LOGSE.

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