lunes, 29 de julio de 2019

Cuento para mi nieto para después de la operación

La india apache Brote de Plumón de Almendro era tan guapa que siempre iba envuelta en una nube de mariposas. Tenía una voz bellísima y cantaba las antiguas historias de su tribu de una manera tan encantadora que cada vez que cantaba, florecían las flores de la pradera. Yo le debía la vida porque fue ella quien me atendió y curó cuando un grupo de comanches me atacó por sorpresa. 

Brote de Plumón de Almendro podría haberse casado con cualquier gran guerrero apache, pero estaba enamorada de Mirada Alta, el hijo del jefe Antes de Ayer.  Se enamoró de él una noche de luna llena en que lo vio tocar las castañuelas ante el fuego central con tanto salero, que parecía un principe gitano. En realidad tocar las castañuelas era lo único que Mirada Alta sabía hacer. Eso a Brote de Plumón de Almendro, no le importaba, pero a Antes de Ayer sí, ¡y mucho! Precisamente porque no veía nada claro el futuro de un indio apache que lo único que sabía hacer bien era tocar las castañuelas, estaba empeñado en casar a su hijo con alguien que tuviera trabajo fijo.

Mirada Alta, como todos los jóvenes apaches, también estaba enamorado de Brote de Plumón de Almendro, pero su padre le dijo que no se hiciera ilusiones porque ya tenía hechos planes para su futuro. Se casaría con una camarera del restaurante que Lobelto tenía en Tejas Verdes, porque decía que al menos, siendo camarera, tenía trabajo fijo. 

Nadie sabía por qué el jefe Antes de Ayer se llamaba Antes de Ayer, pero todos estaban de acuerdo en que tenía un genio malísimo y que no convenía llevarle la contraria. Así que el pobre Mirada Alta parecía condenado a casarse con la camarera de Lobelto, a la que no amaba.... pero justo en ese punto intervine yo. 

Le enseñé a Brote de Plumón de Almendro a leer, escribir y las cuatro reglas (la suma, la resta, la multiplicación y la división), y de esta manera se capacitó para abrir en el poblado apache una escuela de primeras letras que se llamaba Lobelto Autopizza. Tenía, pues, trabajo fijo y Antes de Ayer levantó sus objeciones para su boda con su hijo.

En fin, que Brote de Plumón de Almendro y Mirada Alta se casaron y puedo asegurar que fueron muy, muy felices. Brote de Plumón de Almendro cantaba, las flores de la pradera florecían, Mirada Alta tocaba las castañuelas entre las prímulas y un maestro becario de Tejas Verdes se ocupaba de la formación intelectual de los jóvenes apaches.

Me imagino que os habrá sorprendido el nombre de la escuela, Lobelto Autopizza, pero tiene su explicación. Lobelto era el nombre que le daban al propietario de un restaurante chino de Tejas Verdes. En realidad se llamaba Yan-yan Kuan Fo Rong Hong, pero como nadie sabía pronunciar este nombre, comenzaron a llamarlo Roberto. Dado que el chino se refería a sí mismo como Lobelto, con Lobelto se quedó. Lo de Autopizza se lo sacó Brote de Plumón de Almendro de la manga porque quería darle a su escuela un toque de sofisticación internacional.

6 comentarios:

  1. Me preocupa usted per su reincidencia narrativa tan poco actual...

    "...Le enseñé a Brote de Plumón de Almendro a leer, escribir y las cuatro reglas (la suma, la resta, la multiplicación y la división)"

    ...y además juega con fuego y provoca.

    Espero, por su bien, que el postoperatorio sea breve...

    Por cierto recuerdos a Yan-yan Kuan Fo Rong Hong, el gran Lobelto.

    José

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    1. Ya sé que tengo los tiempos en contra, pero hay ciertos músculos en el alma que sólo se fortalecen remando a contracorriente. Gracias.

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  2. Se te olvidó: Después de dos  años de decreciente interés por la vida al haberle dado la camarera calabazas, Lobelto traspasó el negocio, se mudó a Carson City, encontró a su soulmate y contrajo nupcias con una ventrílocua turca descendiente por vía colateral de Luciano de Samosata. Finalmente se hizo stand-up comedy y triunfó en toda Nevada. Eso sí, tuvo que repetir ochocientas treinta y cinco mil veces "el perro de Roque no tiene rabo" para mejorar su dicción.

    (Aquí está mejor)

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  3. Perdí los pasos de LObelto, pero veo que su biografía no fue precisamente aburrida.

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  4. Cautiva desde el arranque: esa nube de mariposas envolvente, el florecer de la pradera... Eso sí, el párrafo final ya es colosal. Digno de Muñoz Seca. Lobelto y el toque de glamour internacinal de la Autopizza me han arrancado una carcajada que espero no acabe en duelo con el Conde de Herzegovina ¡Bravo!

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