sábado, 19 de enero de 2019

Joyas parlamentarias, 3. Romanones por Azorín.

Azorín describe al Conde de Romanones.

Hay unanimidad en considerar a Azorín uno de los más notables cronistas parlamentarios y el primero que introdujo la literatura propiamente dicha en sus crónicas. Tenía el olfato literario muy fino y sabía cuándo aquel nimio detalle que se les escapaba al resto de cronistas, describía con más fidelidad que sus crónicas lo que realmente había sucedido en la cámara y, especialmente, el ambiente de las sesiones. Como muestra, aquí está un botón, que tomo prestado de El show de sus Señorías, de Luis Carandell.

Todas las tardes nosotros presenciamos en la Cámara popular un pequeño espectáculo. Se trata de la corta peregrinación que el señor conde de Romanones se ve precisado a hacer para ir desde el despacho de los ministros al banco azul o bien desde el banco azul al despacho de los ministros."

Varios diputados se agolpan ante el señor conde y él reparte apretones de manos. Todos son amigos del señor conde, todos aprovechan su paso para saludarle, para recordarle antiguas promesas. Azorín escribe: ¡Caramba, Fulánez, le grita el conde a uno, tanto tiempos sin verle! y le echa el brazo sobre el hombro y le golpea cariñosamente la espalda. ¡No olvido eso, Mengánez, le vocea a otro, lo tengo bien presente! ¡Queridísimo Zutánez, exclama ante un tercero reteniendo su mano entre las suyas y dedicándole la mejor de sus sonrisas, sabe usted que se le quiere más que a nadie! ¡No me diga usted nada!, se apresura a decir a un cuarto que ve llegar desde lejos hacia él; no me diga usted nada, recuerdo perfectamente lo que hablamos y haré cuanto yo pueda.

Concluye Azorín: Y de este modo, entre abrazos, sonrisas, promesas, palmadas en la espalda y apretones de manos, atraviesa por fin el señor conde de Romanones el salón de conferencias y desaparece en el despacho de ministros. He aquí un político.  

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