jueves, 23 de marzo de 2017

Sevilla


Hay cosas, amigos, que no se olvidan. Dejan una huella que se mantiene siempre fresca. Este será, seguro, el caso de mi defensa del deber moral de ser inteligente en el salón de grados de la facultad de derecho de la Universidad de Sevilla, con la introducción del decano, Alfonso Castro, y la presentación de Javier Sánchez Menéndez, poeta y amigo. Concluí con estas palabras: "En 1622, estando Grocio en París, fue parado un día en la calle por un desconocido que le preguntó cómo podía convertirse en alumno de Grocio. Éste, calmadamente, le respondió 'Lege veteres, sperne recentiores, et eris noster'. Es decir: 'Lee a los ancianos, ignora a los modernos y serás de los nuestros'. Yo, como respeto mucho a los grandes modernos, os diría: 'Leed a los mejores y podréis ganaros el derecho de sentaros a sus pies'."

En las primeras filas estaban varios profesores de la facultad y Enrique García Vargas, que tuvo la gentileza de asistir, además, acompañado de otro sabio, Genaro Chic.  Espero, Enrique, que tengamos la oportunidad de vernos algún día despacio. He cargado con tus regalos toda la mañana.


Disponía de poco tiempo, pero estando mi hotel cerca del Parque de María Luisa, era inevitable caer gozosamente en la tentación de un largo paseo (On human nature de Roger Scruton en el bolsillo de la americana, sin abrir). He dejado para esta mañana una nueva visita al Museo Arqueológico. Esta vez me he detenido en los ídolos antropomorfos del III milenio a.C.





Y en las estelas de los siglos X al VII a.C.


Y, por supuesto, he visitado la nueva instalación del siempre sorprendente tesoro de El Carambolo.


Para despedirme de la ciudad, he navegado hasta La Isla de Siltolá, en busca de los signos geométricos que adornan la arena de sus playas. He salido con don Manuel Azaña bajo el brazo.


Ahora cuando escribo esto, echo la vista a las horas pasadas en Sevilla y me doy cuenta de que lo que verdaderamente me ha impresionado en este viaje ha sido el alumnado presente en la charla. Eran muchos y no se oyó ni una tos a lo largo de mi intervención. Notaba que estaban pendientes de cada palabra que decía y que eran jueces severos de cada una, que es como tiene que ser. Me atreví a defenderles la clase magistral. Más aún: me atreví a decirles que una buena clase magistral es una de las mejores maneras de aprender a pensar. Les hablé, sin piedad, de Concepción Arenal, de Balmes, de Luis Vives, de Daniel Bell, de Jacob Klein, de Sócrates, de Proust, de Plutarco, de Rosenzweig, de Derrida, Maquiavelo, Hiparco de Nicea, Andrés Fernández de Andrada, Juan de Zabaleta, Bernardo de Chartres, Teresa de Jesús, Baudrillard, William James... y del "denken ist danken" de Heidegger. ¿Y saben qué? ¡Al salir me dieron las gracias!

El deber moral de ser inteligente

En El Subjetivo

lunes, 20 de marzo de 2017

Dios

"El Dios de los filósofos desapareció detrás del mundo porque lo describían en tercera persona, en vez de dirigirse a él en segunda persona".

- Roger Scruton, El alma del mundo.

Día del padre


Al fondo, el hijo. Entre padre e hijo, el Espíritu Santo.

domingo, 19 de marzo de 2017

Confesión de un patriota

Jovellanos a su amigo Carlos Posada:
Sí, tú lo sabes; sabes que mis días,
partidos siempre entre Minerva y Temis,
corrieron inocentes, consagrados
siempre al público bien. Sabes que en ellos
sumiso y fiel la religión augusta
de nuestros padres, y su culto santo
sin ficción profesé. Que fui patrono
de la verdad y la vitud, y azote
de la mentira, del error y el vicio.
Que fui de la justicia y de las leyes
apoyo y defensor, leal y constante
en la amistad, sensible y compasivo
a los ajenos males; de la pura
y cándida niñez padre, maestro,
celoso institutor; y de la patria,
¡oh cara patria!, de tu bien, tu gloria
constante y ciego promotor y amigo.

Bilbao


Fui a Bilbao y me cargué de argumentos para volver melancólico a casa.


Me alojé en el Hotel Ercilla, que tiene una terraza magnífica desde donde se puede ver todo lo que alcanzan los ensayos de Valera, comprados en una librería de viejo de la ciudad. Casi era obligado leer desde allí lo que dice don Juan sobre el patriotismo.


El motivo central del viaje, como ustedes saben, era la educación o, mejor, los mitos de la educación posmoderna. Que un acto así sea hoy necesario, debería hacernos pensar, pero que el único que se ha tomado en serio este asunto sea éste, roza el escándalo. Se dijeron verdades como puños. Pero de todo lo dicho, me quedo con algo que les ofrezco a ustedes como pregunta: ¿Qué carrera universitaria exigiendo una nota muy baja para entrar es la que tiene mejor relación entre créditos matriculados y aprobados y la que luce las mejores notas finales? 


Pasé por el Museo de Bellas Artes. Había una exposición de Renoir de la que me interesaron mucho algunos paisajes. Decía Jean Renoir que su padre "miraba las flores, las mujeres, las nubes del cielo como otros hombres tocan y acarician". A mi me parece que Renoir era especialmente sensual mirando el paisaje quizás porque, como él mismo decía, pintar paisajes era para él un descanso del cansancio que le producían los retratos.  Pero lo que me dejó fascinado no fue Renoir, sino esta talla de Santa Ana, la Virgen y el Niño del círculo de Niklaus Weckmann (c. 1515). 




Para mi sorpresa, unas salas más adelante me esperaba Zurbarán, que volvía a resaltar la relación entre María y la lectura.


Zurbarán, La Virgen con el Niño Jesús y San Juan Bautista, 1662.



Después me limité a pasear en torno al Guggenheim como Josué en torno a Jericó. El edificio se mantuvo en pie, pero a mi me entró hambre que, entre nosotros, es una de las mejores cosas que te pueden pasar en Bilbao.


Están ustedes invitados


Sevilla

Hay cosas, amigos, que no se olvidan. Dejan una huella que se mantiene siempre fresca. Este será, seguro, el caso de mi defensa del deb...