miércoles, 26 de abril de 2017

Magris, otro de los nuestros

Es evidente que el conocimiento fáctico no basta. No basta con saber dónde está el esófago para ser un buen médico ni dominar la gramática y la sintaxis para ser un verdadero escritor. Pero es asimismo ridículo suponer que basta con no conocer las bases del oficio de uno para trascender su rutina mecánica y alcanzar una mayor originalidad. No todos los que le dan patadas a la gramática son poetas, no todos los que se embarullan con el teorema de Pitágoras son geniales matemáticos… el poeta que renueva y revoluciona el lenguaje lo hace a través de su estructura y de sus fundamentos. Los esquemas y las clasificaciones tienen una intensa carga de pasión y poesía, porque constituyen un esfuerzo por poner orden en el caos del mundo y por comprender, valorar y abarcar la realidad de la vida… Nuestra cultura está obsesionada por el miedo a lo artificioso y lo inauténtico, por la desazón ante la idea de perder frescura y espontaneidad y por el cómodo y retórico prejuicio según el cual el esprit de géometrie, el rigor conceptual, le corta las alas al esprit de finesse, a la espiritualidad y al alma…. 

El espíritu de libre investigación exige paciencia, atención y respeto por su objeto de búsqueda, conciencia de la dificultad de comprensión y capacidad de someterse al trabajo necesario para llegara  él.

- Claudio Magris, Utopía y desencanto

martes, 25 de abril de 2017

Francia y nosotros

Conviene escribir de aquello que no acabamos de entender porque frecuentemente escribiendo nos vamos entendiendo. 

Creo que todos tenemos conciencia clara de que en Europa ya no hay elecciones nacionales. Todas las elecciones tienen una repercusión europea y eso, en términos generales, es positivo. Significa que Europa se impone como una realidad incuestionable (aunque eso no signifique que sea fácil de gestionar). Obviamente, no tienen la misma repercusión unas elecciones en Francia o en Alemania que en Luxemburgo o Malta, pero todas son ya elecciones internas. Los franceses, cuando votan, también están decidiendo cosas relevantes que nos interesan a nosotros, los españoles. Por esta razón yo no puedo sino sentir simpatía por aquellos políticos que se presentan enarbolando sin complejos la bandera europea, como ha sido el caso de Macron.

Macron, básicamente, les está diciendo a los franceses, que para sus problemas la receta es más Europa. Y visto que nuestros problemas son problemas europeos, cualquiera que defienda que la alternativa a nuestras miserias es Europa, cuenta con mi apoyo.

Alain Minc me cuenta en un mail que Le Pen ha perdido un 7% en relación a las últimas elecciones (regionales) y que de esta manera ha pagado su hostilidad al euro. Minc es una persona infinitamente mejor informada que yo y por eso me fío de sus palabras, pero, sobre todo, quiero creer que los ciudadanos europeos están dispuestos a castigar la hostilidad a Europa. "Macron -continúa Minc- no tiene miedo de ocultar su credo europeo y por eso saldrá elegido". Sin embargo apunta un riesgo: que los sondeos, que le son muy favorables, fomenten la abstención. 

Para valorar bien lo que puede suceder en Francia hay que tener muy en cuenta que poco después de las presidenciales vienen las elecciones legislativas y Macron se verá obligado a cohabitar... posiblemente con el centro-derecha. Pero eso no le supondrá demasiados problemas. De esta manera, concluye Minc, "Francia retomará su iniciativa en la construcción europea".

Ainsi soit-il

Pero de aquí a las próximas elecciones -presidenciales y legislativas- habrá que ver por quien apuesta el islamismo. Porque todos nos tememos que no se quedará con los brazos cruzados.

Mi amiga B. me añade una observación que, viniendo de ella, no puede ser sino sensata: "En el año 2002, cuando se supo que Jean-Marie le Pen se enfrentaría a Chirac, dos millones de personas salieron a la calle para manifestar su oposición al FN. Ahora no ha ocurrido nada de esto. Marine le Pen se ha incrustado en el paisaje político. El FN ha prosperado y ganado centenares de miles de votos, cosa que se encuentra casi normal. Apenas se escuchan los grandes intelectuales que normalmente expresan su opinión sobre estas cuestiones". 

La manera de contrarrestar la influencia del FN y de otros partidos similares en Europa es analizando las razones que llevan a sus electores a confiar en sus propuestas. Podemos criticar las propuestas de le Pen, pero no podemos ignorar el malestar social de fondo que le permite desplegar sus velas con vientos portantes.

Con respecto a los socialistas, ellos tendrán que explicarnos por qué se quieren tan poco a sí mismos. Porque si su desamor es manifiesto, difícilmente pueden salir "a la calle buscando amor".

lunes, 24 de abril de 2017

Siguen rondándome los muertos


La niña de la derecha es Carmen Brufau Civit



Ficha de León Trotsky en la Dirección General de Seguridad

Museos de arte contemporáneo

Una de las características más singulares de nuestro tiempo es nuestro afán por erigir museos a la vanguardia que, en cierta manera, son museos melancólicos, pues recogen la rápida obsolescencia de la novedad o, si se quiere, el impulso innovador negándose a sí mismo en sus productos, como Cronos devorando a sus hijos. Son, pues, museos al hambre. Lo que nos dice un museo de arte contemporáneo es que todo lo que está allí, está para ser superado. Más aún: cuando lo que está en un museo de arte contemporáneo está para ser relatado, el museo deja de ser de arte contemporáneo. En este sentido, nada más normal que la desorientación que siente el visitante. Un museo de arte contemporáneo es un umbral de salida a algo que no puede, por definición, ser programado: el arte de mañana. Todas las contradicciones de nuestro presente se guardan en un museo de arte contemporáneo. Ahí está su valor: son museos de antropología.

Filósofos y hombres perdidos

Louis-Sébastien Le Nain de Tillemont (1637-1698) escribió una Histoire des empereurs et des autres princes qui ont régné durant les six premiers siècles de l'Église, dedicando un capítulo al emperador Juliano que titula de esta manera: "La Corte de Juliano se llenó de filósofos y hombres perdidos". Esa conjunción copulativa duele. Pero el dolor se convierte en herida cuando uno se entera de lo que el gran Gibbon dijo sobre este título: "resulta enojoso no poder contradecir su exactitud".

domingo, 23 de abril de 2017

El alumno incompetente

Si nos tomamos en serio las competencias, cuanto más valor otorguemos al saber hacer, más nítidamente se nos pondrá de manifiesto lo que Sennett llama el “fantasma de la inutilidad”, es decir, el alumno incompetente. 

La escuela del saber podía suspender a un alumno por un conocimiento deficiente en matemáticas, sin por eso suponer la incompetencia del alumno para desenvolverse en la vida.

La escuela del saber cómo, a pesar de que asegura que no quiere que ningún alumno se quede atrás, les está diciendo a los que no adquieren las competencias mínimas que lo tendrán realmente chungo en la vida.

La escuela del saber pretendía ofrecerle al alumno ciencia, es decir, un orden en sus conocimientos (la ciencia, al fin y al cabo, es el conocimiento organizado) y para ello necesitaba de la teoría y de las asignaturas.

La escuela del saber cómo pretende ofrecerle al alumno sabiduría, es decir, una organización de su vida (la sabiduría no es otra cosa que la vida organizada) y para ello cree poder prescindir de la teoría y de las asignaturas.

La escuela del saber sabía que ella no era la vida, que un alumno pasa en la escuela en torno a un 12% de su tiempo en primaria y un 15% en secundaria; que aprendemos a vivir la vida viviéndola en diferentes ámbitos (el de hijo, el de nieto, el de hermano, el de amigo, el de vecino, el de alumno...) y que en cada uno de ellos aprendemos algo relevante precisamente porque vivimos de una manera específica nuestra relación con nosotros mismos y con los otros. Se podía fracasar en la escuela sin por ello fracasar en el resto de ámbitos en los que se movía el alumno.

La escuela del saber cómo se presenta orgullosamente como la educación para la vida y, por lo tanto, fracasar en ella viene a ser una condena a muerte... mejor dicho: vendría a serlo si la escuela del saber cómo no se viera obligada, para no ponerse en ridículo a sí misma, a bajar continuamente el listón de las competencias mínimas. 




sábado, 22 de abril de 2017

El saber no competencial

Emil Cioran (1911-1995) escribe en Écartèlement:  "Mientras preparaban la cicuta, Sócrates estaba aprendiendo a tocar una canción con la flauta. "¿Para qué te servirá esto?", le preguntaron. "Para saber tocar esta canción antes de morir." Si me atrevo a recordar esta respuesta, tan trivializada por los manuales, es porque me parece que muestra la única justificación seria de cualquier deseo de conocer, tanto se produzca en el umbral de la muerte o en cualquier otro momento".

Esta justificación seria es exactamente lo que el actual discurso de las competencias nos oculta. Las competencias ignoran el valor de lo no competencial y, por lo tanto, ignoran que el deseo de saber por el saber es el principal atributo del hombre libre. Es fácil percatarse de que este deseo ha desaparecido -ha sido esterilizado- cuando un alumno levanta la mano para preguntar "¿Para qué sirve esto?", refiriéndose a cualquier conocimiento que el profesor intente hacer visible ante los ojos de su inteligencia. Es posible, incluso, que la mayoría de nuestros alumnos, estimulados a aprender a aprender, sea incapaz de entender el significado del saber por el saber, pero si en una clase hay un alumno, sólo uno, que sea sensible al valor del saber no instrumental, deberíamos preservarle esta sensibilidad como un tesoro, porque significa que en clase tenemos un potencial hombre libre.

La teoría de las competencias ve al hombre exclusivamente como "homo habilis" o como "homo faber", es decir, como el animal tecnológicamente más desarrollado (las competencias son tecnologías intelectuales). Pero sólo si lo observamos desde su capacidad para la teoría (para la contemplación o el disfrute gratuito de lo que ve o hace), estaremos en condiciones de comprender su singularidad.

Se mire como se mire, la teoría de las competencias prioriza -cuando no absolutiza- el "know how" sobre el "know that", lo cual estaría muy bien si todo aprendizaje fuera similar al requerido para andar en bici. Pero no lo es.

Vaya usted por los centros educativos y pregunte cuántos de los que hacen programaciones por competencias consideran que el “knowledge-that”, es decir, el mero conocimiento proposicional es relevante.

Magris, otro de los nuestros

Es evidente que el conocimiento fáctico no basta. No basta con saber dónde está el esófago para ser un buen médico ni dominar la gramática ...