Ayer, haciendo caso a consejos insistentes de personas que me aprecian, fui a otro traumatólogo, a enseñarle mi maltrecha rodilla izquierda. Lo primero que me dijo es que la derecha tampoco la tenía muy bien, cosa que ya intuía yo. Pero la bomba vino después. «Usted no tendría que haber sido operado», me dijo con cara muy seria, y me explicó por qué en mi caso la operación era la peor de las opciones. Me sentí, de repente, pequeño, ridículo y confundido. Y la cosa fue a peor cuando me dibujó las opciones que tenía delante. Al salir de la consulta llovía. Y me sentía mal. Creo que por primera vez entendí a qué se refería Rousseau cuando decía que la felicidad consiste en no sentir vacíos en el alma. Entré a un bar, pedí en la barra «una cerveza y unas chips» y me senté a recomponer mis ideas. El camarero me puso sobre la mesa dos botellas de cerveza, una de ellas sin alcohol. Ante mi extrañeza, me aseguró que eso era lo que había pedido, «una cerveza y otra sin». Definitivamente, ayer no fue el mejor día de mi vida.
miércoles, 13 de mayo de 2026
martes, 12 de mayo de 2026
Respuesta a una invitación
Recibí recientemente una invitación a dar una charla en un lugar que me apetecía visitar, pero, a pesar de la amabilidad con que estaba escrita, tuve que rechazarla porque el tono de la invitación dejaba claro que el medio en el que tendría que hablar estaba impregnado de un progresismo que me convertía en predicador "in partibus infidelium".
Así que, tras agradecer, con sinceridad, la invitación, les dije que me temía que se habían equivocado de destinatario. "Yo soy un conservador -les dije- que cada día encuentra nuevos motivos para seguir siéndolo". A partir de aquí quise dejar clara mi posición frente a ciertos conceptos del catecismo progre que se enarbolaban en la invitación.
"No me gusta nada la expresión "pensamiento crítico", porque habitualmente entendemos por tal el pensamiento que coincide con el nuestro. Prefiero hablar de pensamiento riguroso. Respecto al diálogo, el viejo Platón me enseñó que suele terminar mal. Lo que de forma realista podemos pedirle a un diálogo honesto es la clarificación de las diferencias (no es poco, porque, como decía Aristóteles, la polis está hecha de diferencias). Términos como "resistencia", "memoria democrática", "identidad", "alteridad", "hegemonía" o "márgenes" sólo los utilizo con guantes y mascarilla. Detesto la beatería filosófica que a menudo les acompaña".
"Educación es política y, por tanto, una promesa destinada a permanecer incumplida. No creo que haya un despacho oculto donde "los poderes hegemónicos" diseñen los currículos educativos, pienso más bien que la sabiduría política es siempre escasa y que no conviene atribuir a una inteligencia maquiavélica lo que se pueda atribuir a la estricta falta de inteligencia. No me imagino a nadie que hoy nos quiera menos críticos y más vulnerables... Lo que constato es que pensar es difícil y que una sinécdoque tiene más poder de movilización que un silogismo. En definitiva, que la polis es la caverna y más allá no hay nada. Esperar a que un día la ciudadanía llegue a ser libre, crítica y responsable es confiar en la infinita pachorra de la eternidad. Nuestro comportamiento cotidiano (también entre filósofos) tiene mucho más que ver con un hooligan que con un científico en un laboratorio. Opinar es fácil, razonar es muy costoso y con frecuencia no es recompensado por resultados valiosos.
Es bien conocido que, según Marx, los filósofos hasta ahora no ha hecho más que interpretar el mundo, cuando lo que hay que hacer es cambiarlo. En mi opinión, de la premisa (los filósofos no ha hecho hasta ahora más que interpretar el mundo), debería deducirse que interpretar el mundo es tan difícil que no parece que lo podamos conseguir. Por tanto, existen indudables riesgos en intentar transformar lo que no hemos comprendido."
miércoles, 6 de mayo de 2026
Pliego de descargo
La mujer de la limpieza -una portuguesa de 40 años- ha roto en carcajadas cuando le he asegurado que estoy a punto de cumplir 50 años de matrimonio. Le ha costado creérselo. Cuando, finalmente, la he convencido, me ha mirado con pena, pero no por mí, sino por mi mujer. No se cree que una mujer en sus cabales viva tanto tiempo con el mismo hombre. Le parece aburrido, monótono y antiguo. ¡Con la de hombres que hay por el mundo para ir probando! Creo que, además, sospecha que si estamos juntos es por falta de valentía para separarnos. Su risa era tan evidentemente sincera que no he intentado convencerla de nada. Me he limitado a esconder la cabeza tras la pantalla del ordenador y escribir este descargo.
Mirando hacia atrás con sorpresa
Cuando miro hacia atrás siento el vértigo del azar. Todo lo importante que me ha sucedido parece azaroso. Si no hubiese estado allí aquella vez, si en vez de girar a la izquierda hubiese seguido para adelante, si me hubiese matriculado en aquello, si hubiese permanecido callado en vez de hablar... y, sin embargo, siento que soy el autor de mi biografía. Es cierto que me ha gustado arriesgarme, que siempre que me han ofrecido algo que hasta aquel momento me parecía remoto e inaccesible, he dicho que sí, es decir, que me ha gustado elegir lo improbable por los caminos inexplorados que abre, pero es muy extraño ese «mi» que utilizamos espontáneamente cuando decimos «esta es mi vida», «este es mi pensamiento» o, incluso, «mi cuerpo es mío». Sin embargo lo que en la vida pensada parece extraño y opaco, en la vida vivida discurre con normalidad, sin aspavientos. Por eso estoy cada vez más de acuerdo con Rousseau en que somos animales enfermos. Lo que pasa es que esa enfermedad, real, es la cura de nuestra animalidad.
lunes, 4 de mayo de 2026
Dolorcillos
domingo, 3 de mayo de 2026
El alma enferma
Siempre me ha dado que pensar el exabrupto que Bernardo de Claraval lanzó contra Pedro Abelardo (el de Eloísa): «Eres -le dijo- un hombre disímil de sí mismo». Bernardo, sin duda, creía estar afeando la conducta de Abelardo. Inicialmente yo me lo tomé así. Después, al crecer, a medida que fui aprendiendo a leer la superficie de las cosas, comprendí que, lejos de insultar a Bernardo estaba, voluntaria o involuntariamente, definiéndonos a todos, pues es propio de hombre ir deshaciéndose y rehaciéndose. En algunos casos (véase del macho hispánico cuando está de Rodríguez), más que disímil de sí mismo, está amputado de sí mismo. Y gracias a Bernardo de Claraval comprendí por qué dice Sócrates que no existe el alma en armonía. El alma siempre está enferma.
Una cerveza y unas chips
Ayer, haciendo caso a consejos insistentes de personas que me aprecian, fui a otro traumatólogo, a enseñarle mi maltrecha rodilla izquierda....
