jueves, 29 de enero de 2026

Quererse es mejor

Iba ayer por la mañana caminando tan ricamente de la estación de Sants al convento de los capuchinos de Sarrià, mientras por los auriculares sonaba a todo trapo La Gran Vía, del insigne Chueca, y al llegar a la Diagonal recibí un mensaje de un amigo con, entre otras, dos frases terribles: La primera, de Chejov: «Si tienes miedo a soportar la soledad, no te cases»; la segunda, (posiblemente) de mi amigo: «Cuando un matrimonio se grita, no se está gritando lo que parece, sino ¡No eres suficiente para mí!». Y me rebanó de golpe la alegría de la mañana. A partir de ese momento me pasé el día rumiando. Por la noche, mientras sobrellevaba mi reincidente condición de Rodríguez, pensaba que la soledad no depende de las distancias físicas, sino de las afectivas. Es mayor cuanto más sientes que te ignora la persona con la que intimas. No sé si habrá alguien que se sienta solo ante una persona que le resulta indiferente (aunque estos días estoy releyendo Memorias del subsuelo y me siento predispuesto a creer que nada inhumano nos es ajeno). Sí, hay momentos de soledad profunda en la cotidianeidad de un matrimonio y son mayores cuanto más te tomas en serio a ti mismo. La ironía, sin embargo, parece ser un privilegio de la experiencia. Los años de convivencia te van enseñando que la vida en pareja está plagada de saltos emotivos hacia los extremos. ¿No era Jung el que decía que ninguna teoría sobre el alma te sirve cuando te asomas al alma de alguien concreto? Con la edad descubres que la trayectoria importa más que los meandros, por grandes y retorcidos que sean estos. Respecto al «no eres suficiente para mí» que a veces insinúa nuestro narcisismo (que da por supuesto que la otra persona ha de amarte exactamente como tu crees que debieras ser amado), no me parece más doloroso que el "no soy suficiente para ti", con el que a veces nos hiere nuestro sentido de la realidad. Es esta conciencia de la propia insuficiencia la que te lleva, finalmente, a descubrir que comprender al otro es una tarea quimérica, pero que la incomprensión no importa. Quererse es mejor.

miércoles, 28 de enero de 2026

Dos tesis provocadoras

Leía recientemente esta provocadora cita de Jonah Goldberg: «El culto a la juventud representa la peor forma de política identitaria y populista». Si tenemos en cuenta el culto a la juventud promocionado por las grandes tiranías del siglo XX es difícil no darle, al menos, algo de razón. Pero ayer me encontré con una reflexión mucho más provocadora de Helen Andrews que, lo confieso, me atrevo a traer hasta aquí solo porque su autora es una mujer. En esencia, Andrews sostiene que feminización = wokización. Le cedo la palabra: «Todo lo que llamamos "woke" —empatía más que racionalidad, seguridad más que riesgo, cohesión más que competencia, inclusión más que libertad de expresión— es simplemente el resultado natural de la progresiva feminización de las instituciones desde los años 70». Recoge Andrews encuestas que parecen mostrar que «aproximadamente dos tercios de los hombres priorizan la libertad de expresión, y aproximadamente dos tercios de las mujeres priorizan una sociedad inclusiva. Los hombres se inclinan hacia la "ética de la justicia" (reglas/hechos), mientras que las mujeres lo harían hacia la "ética del cuidado" (contexto/relaciones/emociones)». Las mujeres se orientarían por las emociones y los hombres por reglas objetivas.

martes, 27 de enero de 2026

Futurizando

Me siento como un coche atrotinado, cargado de kilómetros, que siempre está pidiendo alguna reparación y cuando lo arreglas por aquí se te rompe por allí. Ayer estuve en Can Ruti, el remoto megahospital de Badalona en el que es imposible aparcar. Tenía que someterme a una epiluminiscencia. ¡Hay que ver qué poca cosa es un hombre de mi edad en calzoncillos siendo examinado milimétricamente por médicos que parecen recién salidos de la adolescencia. Fui en tren hasta Badalona y empalmé con un autobús hasta Can Ruti. Por el camino asistimos a un atropello de una mujer en un paso de cebra por parte del conductor de una furgoneta que quiso darse a la fuga. La atención en el hospital es muy profesional. Gente amable y eficiente. Cuando a mediados de diciembre me operaron del menisco de la pierna izquierda pedí, al salir, el libro de felicitaciones. No tenían. Solo disponían del de reclamaciones. Les dije que quería dejar constancia de mi alegría por haber sido tratado como un adulto. Punto y seguido. Vuelvo a ir a Badalona. Hoy me toca examen neurológico, que es lo que me ha pedido el otorrino que lleva el caos de mi oído interno. El mundo sigue adelante y mi agenda se va llenando de citas médicas. Lo constato. No me quejo. De hecho creo que tengo una enorme suerte por mantenerme activo (a veces hiperactivo) mientras eludo a los del camión escoba. Continuo futurizando.

lunes, 26 de enero de 2026

Hoy toca cantar

«El pensamiento libre proclamo en alta voz y muera el que no piense igual que pienso yo». Manuel Fernandez Caballero, zarzuela «La marsellesa» (1876).

sábado, 24 de enero de 2026

D.V.

De Rodríguez en un día gris, gris, gris. Un día propicio para metamorfosearse en erizo,  hacerse un ovillo y quedarte al resguardo del calor de tu ombligo esperando algún rayo de sol furtivo para salir corriendo a pillarlo por las calles. Tenía dos artículos largos pendientes y, por lo que parece, los dos acabarán en libro colectivo. Uno, sobre la función de la universidad y, otro, sobre alegría y virtud. El primero está terminado, rubricado y enviado a su destino. El segundo, D.V., lo terminaré mañana. Me preguntaba ayer un amigo qué significaba eso de «D.V.» ¡Qué lejos ha quedado de nosotros el «Deo Volente»! Leo en un diario digital de cuya existencia, hasta ahora mismo, no tenía noticia, un artículo sobre «La nueva derecha» y veo que han puesto un collage en el que aparezco junto a Jacques Philippe, Juan Manuel de Prada, Jano García, Ana Iris Simón, Antonio de Jiménez y Juan Soto Ibars. Me encanta que me sitúen cerca de Jacques Philippe, sin embargo he de decir que no lo conozco personalmente. De hecho, al único que conozco personalmente es a Soto Ibars, que estuvo una noche cenando en casa, compartiendo mantel con personad de distintas ideologías, y después nos hemos visto un par de veces. Cuando me preguntan por mi posición ideológica suelo decir que me siento un «red tory». Hay quien me entiende y quien no. Y nada hay más normal que eso.

viernes, 23 de enero de 2026

Explorando un mundo nuevo

Si alguna vez me ven quejarme de que tengo mucho trabajo, no me lo crean. Eso, exactamente, es lo que me gusta. Me siento bien con esta sensación de acorralado por las fechas de entrega de artículos, libros, textos de las conferencias, etc. De hecho es cuando voy al borde de la saturación cuando más rindo. Cuando tengo mucho tiempo por delante acabo incumpliendo los compromisos. Tras la publicación de La dignidad del mediocre estoy dando mi voz a un buen número de podcasts. Me llama muchísimo la atención que tengan tanta audiencia. Y me lo llama, sobre todo, porque es un hecho. Los de mi generación tendemos a creer que si no ha aparecido la reseña de tu libro en el suplemento cultural de un diario relevante, no eres nadie; pero resulta que los oyentes de los podcasts son muchísimo más numerosos que los lectores de los suplementos culturales de los medios tradicionales. Y esto nos sitúa ante un fenómeno nuevo. ¿Se está imponiendo el oído al ojo? No lo sé. La vida me ha enseñado que si te pones a hacer de profeta enseguida confundes lo episódico y coyuntural cono lo trascendente y estiuctural. En cualquier caso, ahí ando, sin parar de hablar, explorando un mundo nuevo.

Quererse es mejor

Iba ayer por la mañana caminando tan ricamente de la estación de Sants al convento de los capuchinos de Sarrià, mientras por los auriculares...