sábado, 24 de febrero de 2018

Maestra, ¿tenemos que hacer hoy, otra vez, lo que queramos?

Manuel Durán, barcelonés exiliado a México tras la guerra civil, fue un buen poeta, un muy buen crítico literario y un meritorio filósofo. Tras diversas idas y venidas se instaló finalmente en la universidad de Yale, desde donde podía observar bien la realidad norteamericana. Por eso me alegré mucho al encontrarse un importante artículo suyo, titulado “Dewey y la crisis de la educación en los Estados Unidos”, en la revista Cuadernos Americanos (Núm. 5, septiembre-octubre 1959).

Durán comienza reconociendo “la conciencia de una crisis, de una falta de adecuación entre lo que se ha propuesto el proceso educativo y lo que efectivamente ha conseguido y está consiguiendo”. En los Estados Unidos esta conciencia fue especialmente aguda en los años en los que los soviéticos, tras poner el Sputnik en órbita (1957), parecían capaces adelantar tecnológicamente a los Estados Unidos.

Los norteamericanos se preguntaron por qué se estaban quedando relegados y la respuesta que encontraron fue que la educación que proporcionaban a sus jóvenes no estaba a la altura de las necesidades de los tiempos. Esta educación estaba mayoritariamente en mano de los seguidores de Dewey, que conformaban el "movimiento de ‘educación progresiva’ (o radical, o avanzada, o como queramos llamarlo en español).”

Manuel Durán no pone en duda las buenas intenciones de Dewey, aunque lo tacha, tanto por su biologismo como por su optimismo cientifista, de hombre del siglo XIX. Efectivamente, esto es lo que fue. Su pedagogía es una respuesta a las necesidades de la sociedad industrial y está elaborada con herramientas conceptuales propias de finales del siglo XIX. Por eso resulta tan irónico que los pedagogistas innovadores que critican a la escuela que llaman tradicional por considerarla la escuela de la sociedad industrial, recuperen a Dewey para dar forma a la escuela de la sociedad del siglo XXI.

¿Cuál ha sido el resultado de la escuela progresista americana? Esta es la respuesta de Manuel Durán: “La revolución ha sido en algunos casos radical, en otros menos, pero ha ido siempre en el sentido de aflojar la disciplina, dejar al niño mayor iniciativa, relacionar en lo posible los conocimientos que hay que adquirir y la experiencia cotidiana del niño (...). Ningún otro país ha llegado a tales extremos; a tal ausencia de disciplina a tanta libertad de elección de materias o asignaturas, a tanto desprecio por el pasado, a una entronización tan completa de las ciencias sociales y de todo lo que pueda ser ‘estudiar el presente’ (...). Dewey suponía que los estudiantes, absortos en problemas que de veras les interesaran, se disciplinarían a sí mismos, se impondrían espontáneamente un esfuerzo de atención y de respeto por los asuntos tratados, mucho más provechoso moral y prácticamente, que la disciplina cuartearía, impuesta desde arriba… Hay que confesar que estas nobles ideas fracasan en la práctica con aterradora frecuencia, y que los maestros, uno tras otro, incluso cuando son ardientes partidarios de Dewey, confiesan que la disciplina se ha convertido en el problema número uno, y que no pueden resolver precisamente porque el hacerlo por imposición autoritaria destruiría una base fundamental del sistema pedagógico en uso.”

“La escuela tradicional", concluye Durán, "desatendía al niño y sus problemas; la nueva pedagogía desatiende a la cultura (...). La falta de buenos cursos de matemáticas impide a muchos estudiantes seguir más tarde una carrera científica (...). La disciplina impuesta desde arriba es a veces indispensable para mantener el esfuerzo creador (y para no agobiar al estudiante con responsabilidades excesivas: ‘maestra, ¿tenemos que hacer hoy, otra vez, lo que queramos?’, clamaba cierto día, desesperada, una alumna de una escuela ‘progresiva’)."

viernes, 23 de febrero de 2018

Murcia

He pasado dos días en Murcia hablando y, sobre todo, aprendiendo; pero también aprovechando las ocasiones de ampliar el círculo de relaciones. "Cuando vayas al mercado, no te olvides de hacer un amigo", decía un filósofo griego. La vida es un frente amplio. Tan amplio como tus relaciones, que en esta tierra tan feraz enraízan fácilmente. No tengo dudas: volveré.


Fui invitado por el Consejo Escolar de la Región de Murcia. Dudo que haya otro más dinámico en toda España. Les hablé de educación y transparencia y me dio la sensación de que no les resultaba indiferente lo que me oían decir. Pero antes de llegar al lugar de la conferencia entré al Museo Arqueológico, a saludar a los íberos.  


Si hay una sección dedicada a los íberos en un museo español, es imposible salir defraudado. La Región de Murcia bien se merece un viaje de varios días para seguir la ruta de sus museos arqueológicos. Quizás algún día...


Me ha sorprendido este vino, que acompañó de manera muy adecuada a una larga conversación en la que Leo Strauss estaba invitado.



Murcia es uno de esos lugares en los que no se deja nada en la mesa. Se rebaña hasta el canto del plato.


Mi destino...


... era ser prologuista.

martes, 20 de febrero de 2018

Los semblantes del privado

Baltasar Gracián me anima a recuperar una entrada antigua dedicada al capitán Andrés Fernández de Andrada y a su inmortal Epistola moral a Fabio.

Recuerden: 
Más quiere el ruiseñor su pobre nido
de pluma y leves pajas, más sus quejas
en el bosque repuesto y escondido,

que agradar lisonjero las orejas
de algún príncipe insigne, aprisionado
en el metal de las doradas rejas.

Triste de aquel que vive destinado
a esa antigua colonia de los vicios,
augur de los semblantes del privado.
La colonia de los vicios es la Corte y el privado, el consejero o ministro del monarca. 

El poeta en lugar de “rostro” emplea “semblantes” resaltando la fuerza de la comparación., porque el semblante, además de la cara, es el estado de ánimo que se asoma al rostro. Y es precisamente aquí donde interviene Baltasar Gracián, que escribe en El Criticón: "Los áulicos, como siempre están contemplando el rostro de su príncipe y brujeándole los afectos...". 

La cita de Gracián se encuentra en la segunda parte del Criticón, publicada en 1653. Es, por lo tanto, posterior a la Epístola.

Y esto es lo que quería decir.
Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé: rompí los lazos.
Ven y sabrás al grande fin que aspiro,
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

La utilidad de la filosofía

"Yo debo a mis meditaciones filosóficas la doble ventaja de saber hablar animosamente cuando es preciso y callarme sin esfuerzo cuando la ocasión lo exige".

- Apuleyo, Las floridas.

La humana inhumanidad

Refiriéndose a los genocidas que masacraban a los judíos polacos en los años de la guerra civil rusa, escribe Jean Malaquais: "Los asesinos sólo tenían de humano lo inhumano (n'avaient d'humain que l'inhumain)".

- Jean Malaquais, Marianka.

Están ustedes invitados

Si están ustedes por la Ciudad de México el próximo día 7:


Entre otras cosas, mostraremos unas cuantas fotografías inéditas de Caridad Mercader y situaremos en su órbita a Siqueiros, Josep Bartolí, Frida Kahlo, Margarita Nelken, Juan Marinello, Silvestre Revueltas, Vlady, Carmen Brufau, José Luis Cuevas, Ramón Gaya, Carlos Lazo, Miguel Alemán...

Maestra, ¿tenemos que hacer hoy, otra vez, lo que queramos?

Manuel Durán, barcelonés exiliado a México tras la guerra civil, fue un buen poeta, un muy buen crítico literario y un meritorio filósofo. ...