jueves, 3 de marzo de 2016

Pedagogía y pedofilia

El creador de las escuelas libres, el pedagogo alemán Gustav Wyneken (1875-1964), es también el autor de El eros pedagógico, una de las obras que la pedagogía debe tomar cum grano salis. Teniendo como referente al Platón del Banquete, Wyneken defiende la conveniencia de crear un vínculo entre el alumno y el maestro que haga posible la sublimación del erotismo en el conocimiento. Acabó en la cárcel en 1921, acusado de pederastia, pero sus ideas no han sido nunca completamente olvidadas. Su eros pedagógico fue recogido en su forma más sublimada por Paul Goodman en Estados Unidos y por Homer Lane (el mentor de A.Ş. Neill) en Inglaterra y en su forma más estrictamente erótica por algunos grupos de la izquierda radical alemana del 68. 

En uno de sus textos más significativos, Las antinomias centrales de la pedagogía, Wyneken se pregunta abiertamente si es lícito educar a un niño. Se responde que educar significa transformar un hombre en otro y eso éticamente es tan condenable como el asesinato. A su juicio, no podemos fundamentar moralmente el derecho a formar -a "violentar", según sus palabras- una persona indefensa porque educar equivaldría a esclavizar. "La educación no debe ser la impresión de un sello ajeno en el alma del niño ni la acomodación del hombre joven a cualquier norma y finalidad, sino simplemente un desarrollo y cuidado de las fuerzas y disposiciones que están durmientes en el hombre, sin ninguna intromisión de fuera, sin instilación de ideas o sugerencias ajenas ". El papel del maestro debe ser "contemplar y dejar crecer sin intervenir". Wyneken parece estar pensando en Sócrates y Alcibíades.

Para borrar la impresión de la educación capitalista en el niño, aunque fuera contra su voluntad, hubo escuelas en Berlín, como la Rote Freiheit, en las que las revistas porno estaban consideradas material didáctico y los juegos sexuales eran directamente estimulados por unos pedagogos obsesionados en evitar todo trauma infantil a los niños... al precio que fuera. Los niños debían ser obligatoriamente espontáneos y libres en la expresión de su sexualidad, porque los adultos habían decidido que la represión sexual era la causa subyacente de todas las neurosis sociales y que el control del deseo sexual era un instrumento de dominio de la sociedad burguesa y la causa de la agresividad inherente al sistema capitalista. Se abrieron jardines de infancia que hacían todo lo posible para que los niños se enfrentaran a situaciones en las que el erotismo (tal como era concebido por el adulto) fuera ineludible, poniéndolos en la tesitura de liberarse las represiones que no tenían. Así que si se interesaban espontáneamente por otras cosas o simplemente querían jugar a juegos infantiles de toda la vida, los pedagogos se empeñaban en estimular su curiosidad sexual para poder satisfacerla posteriormente.

Uno de los libros del momento, La revolución en la educación, de 1971, criticaba también la deserotització de la vida familiar puesta de manifiesto -a su juicio- por la prohibición de la actividad sexual entre los niños y el tabú del incesto. Con el objetivo de reerotitzar las relaciones humanas se crearon comunas que pretendían superar toda restricción burguesa eliminando la propiedad privada, las relaciones monógamas y el control venenoso de la vergüenza por parte "del sistema".

Los juegos sexuales entre adultos y niños se veían con buenos ojos en la Comuna 2 de Berlín, creada en el verano de 1967 como un proyecto de educación antiautoritaria, y en diferentes kindergartens privados de Frankfurt, Berlín, Hamburgo, Stuttgart... Una y otra se descubría que los niños se mostraban espontáneamente mucho más interesados ​​por sus juegos que por su sexo, pero los adultos estaban dispuestos a desinhibirlos de las inhibiciones que no tenían.

Quien quiera más información puede acudir al capítulo 9 de la autobiografía de Daniel Cohn-Bendit, Der grosse Bazar (1975), en el que describe su experiencia como maestro en un Kinderladen de Frankfurt. O puede encontrar sus declaraciones en el programa Apostrophes del 23 de abril de 1982. Obviamente no todos los adultos de la izquierda radical y contracultural alemana eran partidarios de ignorar las fronteras naturales entre los niños y los adultos, pero haberlos, los había.

La historia no termina aquí. En 1985 Los Verdes, en su convención en Lüdenscheid, defendieron que una sexualidad "no violenta" entre los niños y los adultos debería estar permitida, sin restricciones de edad.

Por cierto, el fracaso educativo más grande de Sócrates fue el incontinente Alcibíades, el niño mimado de la democracia ateniense.

3 comentarios:

  1. He de confesar que me han producido tristeza los hechos que se exponen en esta entrada. No ya sólo por lo que "sucedió", sino por el fondo que operaba sobre esos sucesos y que está tan activo en nuestra sociedad.

    ¿A qué me refiero? Vivimos inmersos en una gran desorientación. No es la primera vez que sucede en la Historia, ciertamente. Lo inquietante es que al menos en Occidente cuando se ha dado esta situación se ha recurrido en última instancia al pensamiento, a la filosofía, al amor por la verdad. Necesitamos saber a qué atenernos y para ello buscamos la verdad.

    Ahora, lamentablemente, operan una serie de fuerzas empeñadas en imponer sus posiciones negando la existencia de esa verdad. Todo es manupulable a capricho, cualquier exigencia de verdad es vista como una destrucción de la libertad, lejos de reconocer en ella precisamente su supuesto. "La verdad os hará libres", dijo Jesucristo.

    Comportamientos que han sido reconocidos como corruptores, ahora son exigidos, exhibidos en todos los medios, es imposible escapar a ellos. En el ámbito infantil de forma intencionadamente recurrente. (Lo sé, a Sócrates lo acusaron de corromper a la juventud, pero él buscaba la verdad y la virtud, y esto es otra cosa).

    Si algo es dañino, si nos disminuye, si rompe nuestra consistencia, es perverso. Claro que sin referencia, si no consistimos en nada, si lo único que hacemos e erguirnos sobre nuestras miserias, caemos y arrastramos. Sentimos asco por la realidad porque no sabemos mirar. Pero a último hora ella es mucho más terca.

    ResponderEliminar
  2. Me resulta muy curioso el frangmento:
    [Así que si se interesaban espontáneamente por otras cosas o simplemente querían jugar a juegos infantiles de toda la vida, los pedagogos se empeñaban en estimular su curiosidad sexual para poder satisfacerla posteriormente.]

    O sea, que por narices había que "jugar al sexo".

    Esto me recuerdo a ciertas campañas "feministas" en las que se ve bien obligar a los niños a jugar con muñecas y a las niñas a jugar con camiones.

    ResponderEliminar
  3. Tiene un buen ejemplo mucho más cercano en el espacio y en el tiempo: Jorge Corsi. El gran diseñador de "la nueva masculinidad" que debía ser implantada mediante ingeniería social, el gran difusor en el mundo hispanoablante del constructo de la "violencia de género" (asumido como evidente por nuestra actual legislación), al tiempo que teorizaba contra el heteropatriarcado, dirigía un grupo organizado de pedófilos. Pese a todo, supongo que debido a que no era cura, nuestros medios no parecen haberse interesado ni mucho ni poco por el asunto.

    athin_glaucopis@hotmail.com

    ResponderEliminar