lunes, 21 de marzo de 2016

De la ciencia a la prudencia y tiro porque me toca

Nuestros abuelos no iban a misa a que les hablaran de Dios, sino a que les explicaran el mundo, que era lo que de verdad les urgía. Desde el púlpito se les explicaba el orden de las cosas, de manera que salían de la iglesia convencidos de que cada cosa estaba en su lugar y de que habían un orden en el mundo.

Pero nosotros sabemos que el negociado de la explicación del mundo no se encuentra en los púlpitos, sino en las cátedras de las universidades.

Claro que entre el mundo que se explica en las universidades y el mundo abandonado por los curas (ahora se limitan a decirnos que seamos buenos en el seno de un mundo que no explican) está nuestro mundo, el de la vida, ese mundo en el que tenemos que actuar para dar respuesta con nuestra pobre inteligencia a los problemas impostergables que nos salen al paso. Como ya no tenemos la ayuda de la iglesia y la de la ciencia nos pilla lejos, debemos salir del paso como podemos. A salir del paso como se puede se le llama prudencia.

La prudencia es la virtud que debería sustituir a la religión y a la ciencia a la hora de regir nuestros pasos. Pero nuestra insensata prudencia no da para tanto.

El nihilismo es lo que acaba surgiendo cuando nos vemos obligados a sustituir la ciencia (la del púlpito o la de la cátedra) por la prudencia.

Ayer, en Valencia

Magnífico día, el de ayer en Valencia. Creo que esta es una ciudad en la que podría vivir. Cordialidad y agotamiento, pero ese agotamie...