sábado, 19 de diciembre de 2009

La ciudad platónica

La auténtica utopía platónica no es una ciudad en las nubes, sino una comunidad estética en la tierra.

Una comunidad estética es aquella capaz de sentir de manera tal que lo que siente cada ciudadano puede ser comprendido por otro de manera inmediata. Esta creo que es la idea básica de República 462 a-c, donde se defiende que la ciudad, antes que otra cosa, debe ser una. Y mantenerse unida es su mayor bien. Pero lo que mantiene la unión (syndeî) es la comunidad (koinônía) de alegrías y penas, es decir, la capacidad de los ciudadanos para gozar y afligirse de manera parecida ante los mismos hechos felices o desgraciados.

En este mismo sentido leemos en las Leyes que no hay mayor bien para las ciudades que el que los ciudadanos resulten conocidos entre sí, sin que haya tinieblas entre ellos. Por eso todos deben procurar no presentarse falsos ante los demás, sino sencillos y verídicos (Leyes 738 e).

15 comentarios:

  1. Me alegra encontrar una entrada suya sobre la utopía en Platón. No obstante, no puedo contenerme y tengo que preguntar.

    ¿Es la felicidad colectiva de la Calípolis el fruto de la "capacidad de los ciudadanos para gozar y afligirse de manera parecida"? O es una felicidad que está más allá del individuo y que sería una felicidad entendida como funcionamiento del colectivo independientemente de las cuitas de cada uno de sus miembros.

    No recuerdo el pasaje de Politeia, o quizá mi memoria me traicione, pero creo que por boca de Sócrates se dice que no importa la felicidad del individuo, es la ciudad la que es feliz no sus ciudadanos.

    Un gran abrazo y de nuevo lo felicito por su nieto ;)

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  2. Lutsek: Platón le gusta jugar al "que pasaría si...".
    Por ejemplo: ¿Qué pasaría si una ciudad estuviese gobernada por un hombre sabio? Una ciudad así no necesitaría leyes, porque las leyes imponen una norma general a personas diferentes. Un gobernante sabio sabría dictaminar lo adecuado para cada ciudadano.
    Es evidente que no poseemos gobiernos sabios... y por eso necesitamos leyes.
    De la misma manera podríamos preguntarnos: ¿Qué pasaría si la ciudad estuviese tan perfectamente coordinada que todos sus individuos trabajasen para el bien común? Es evidente que tampoco disponemos de ciudades así, y por lo tanto, necesitamos de consensos mínimos.
    Con relación al apunte de hoy, la pregunta sería: ¿Qué pasaría si todos fuésemos transparentes? Pues que no necesitaríamos ser educados en el sentimiento de vergüenza. Pero como no somos transparentes...

    Y sin embargo necesitamos gobernantes que sean sabios, ciudades bien integradas y ciudadanos que se atrevan a mirarse cara a cara.

    Y ahora lo importante: ¿No será usted del Estudiantes?

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  3. Obviamente, no parece lógico pedir que TODO lo que siente CADA ciudadano tenga que ser "comprendido inmediatamente" por CADA uno de los demás, para que haya una comunidad que merezca el calificativo de "estética", o de "platónica".
    La cuestión es, ¿cómo decidir qué es lo RELEVANTE?

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  4. Bueno, yo me pido no conocer a ninguno ni que me conozca ninguno.

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  5. Jesús: La ciudad perdurará más cuanto más unida se mantenga; pero, como tu dices bien, no podemos pedir a todos la misma sensibilidad política. De ahí la exclusión inevitable. No hay manera de crear una comunidad compleja que no acabe empujando hacia los márgenes a un grupo u otro de individuos. Para ellos está la coacción. Para el resto tampoco parece haber manera de imponer racionalmente una estética común. De ahí la necesidad de educar la emotividad.
    Ahora bien, la Ilustración o es para todos o no es Ilustración. Y si la Ilustración no puede evitar seguir generando exclusión, entonces el de la política es un problema fenomenal.

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  6. Mista: Hay una tradición filosófica árabe que considera que, puesto que la ciudad justa es imposible, el único régimen político legítimo es el del solitario. Yo no sabría habitar en él.

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  7. La ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires cuenta con dos grandes clubes: Estudiantes de La Plata (El Pincha/El León) y Gimnnasia y Esgrima de La Plata (El Tripero/El Lobo). Yo soy hincha del Lobo por lo cual me alegró el gol de Messi y cada vez crece más mi simpatía por el Barça. Saludos!

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  8. Estos asuntos ya fueron zanjados por Leo Strauss... y mucho antes por Tucídides y Maquiavelo y Nietzsche. No volvamos sobre vanas esperanzas... ni solapadas, amigo.

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  9. Don Carlos: Hay que volver siempre, para entender lo posible y su distancia insalvable con respecto al ideal. En definitiva, hay que volver siempre para reconocer que defendemos siempre causas políticas imperfectas.

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  10. Don Gregorio

    Hermosísimo comentario.

    Compartir penas y alegrías; es decir, compadecer a quienes las sienten (o padecen); ¿no son, acaso, casi los mismos sentimientos que el teatro provoca (o inocula) -según Aristóteles- a fin que los espectadores se identifiquen con los personajes que sufren -y, por un tiempo, sientan lo mismo que éstos, que son como éstos-?
    Es cierto, sin embargo, que la alegría está I(lógicamente) proscrita en la tragedia aristotélica.
    La ciudad, ¿un gran escenario? ¿el gran teatro del mundo?
    La república, organizada a base de anillos - físicos o arquitectónicos, y sociales-, concéntricos, recuerda sin duda las órbitas de los cuerpos celestiales -como si la ciudad (ideal) fuera una proyección de la comunidad celestial-, y, al mismo tiempo, ¿las gradas de los teatros?

    Tocho

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  11. Sí, todo es representación. Y nada más que representación. A Platón no le preocupan los artistas en general, sino los mejores, aquellos ante los que hay que arrodillarse, porque inundan todo de simulacros y, por lo tanto, ponen en cuestión la poesis de los poetas más grandes, que son los legisladores y los filósofos. Aquí en realidad no hay un rechazo de los peotas, sino una pugna patrimonial entre unos poetas y otros. Por eso habla también Platón de la "palaia enantiosis" entre filosofía y poética.
    La ciudad es la caverna.
    Pero sólo puede funcionar como ciudad mientras los cavernarios tomen los simulacros por realidades.
    Y ahora podemos dar un salto hasta la estética de Hegel y estará completado el círculo. Lo que para Platón era una posibilidad, para Hegel es ya un hecho. Y ahí andamos.

    Don't forget the letter!!!!

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  12. Fe de erratas:

    Por "peotas" entiéndase lo que se crea más conveniente.

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  13. Yo no creo que nada esté zanjado. Y saco a colación aquella idea del arpinate que decía que la ciudad era la coincidencia de los ciudadanos en las leyes, lo que en cierta manera explica que llegara a cónsul. Política versus filosofía.

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  14. Recuerdo algo, Luis, que una vez comentamos, y que se encuentra en Tusculanas II.64: "Todas las acciones bellas quieren exponerse a la luz" (omnia enim bene facta in luce se conlocari volunt). En el caso de la ciudad, a la luz de la ley.

    Nos estamos haciendo viejos, Luis. No nos cansan las Tusculanas. En mi caso ya no me compro novelas modernas. No es que no me gusten, es que no pueden competir con los clásicos.
    ¡Las novedades envejecen tan pronto!

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  15. Coinciudo contigo en las Tusculanas, totalmente. Y pienso a menudo en la inmensa amargura que sintetizó gota a gota ese tratado, exprimido de muchos años de pensar y ser.

    Y desde luego, tampoco leo novela moderna a menudo, salvo honrosos despistes.

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Todos tenemos un pasado

Don Marcelino Menéndez Pelayo a los seis años, con traje de zuavo pontificio.