miércoles, 22 de julio de 2026

Maldiciones del verano

Me llaman de una cadena de radio para que hable de las colonias/campamentos escolares. Inmediatamente me percato de que dan por supuesto que voy a hablar favorablemente. E inmediatamente los decepciono. Los campamentos de verano y todos los sucedáneos que quieran son maravillosos para los niños sociables, especialmente si son buenos deportistas, su intimidad les importa un carajo y no tienen escrúpulos a la hora de comer, mientras que para el niño que ve los toros desde la barrera (sea tímido o introvertido) son insufribles. Por lo tanto lo primero que debiéramos hacer es preguntarle a nuestro hijo si quiere ir y no dar por supuesto que si os dice que no, entonces necesita socializar y para ello lo empaquetáis a un campamento de verano. El periodista me cambia de tema y ahora quiere hablar del aburrimiento. También veo que da por supuesto que voy a hablar bien de este asunto, pero le digo que no es lo mismo una persona que circunstancialmente se aburre que una persona aburrida. La primera ya encontrará la manera de salir del túnel. La segunda vive en un túnel sin salida. Hay personas sociables y personas insociables y no sabemos como pasar a los segundos al bando de los primeros.

martes, 21 de julio de 2026

La esencia de la técnica

Heidegger nos animó a pensar la esencia de la tecnología, porque en ella creía intuir la clave para descifrar nuestro tiempo. En alguna entrevista aclaró que no era reacio a la tecnología, sino amigo del pensamiento. La respuesta que buscaba la encontró en el empeño de Marx por dar prioridad a la praxis, lo que en su caso, significaba dar prioridad a la acción sobre la contemplación. Para Heidegger, Marx concibe el mundo como un objeto manipulable y en esto, en la concepción de la realidad como algo a nuestra disposición productiva encuentra la esencia de la técnica. Pero van pasando los años y parece necesario perfilar mejor la respuesta, porque hoy tecnología significa, básicamente, innovación. Y esto es lo que debe ser ahora pensado y como siempre que queremos pensar algo a fondo, debemos retornar a los griegos y, en concreto, a los conceptos de «poiesis» y «tékhne». El «poietés» era el creador, el que hacía surgir un ser desde el no-ser. Pensemos en un soneto, una sinfonía, una escultura, un plato de cocina, una constitución política, una obra de ingeniería... Una vez creado ese nuevo ser, el poeta cedía el sitio al tecnólogo que era el que sabía trabajar sobre lo nuevo para repararlo, reproducirlo o mejorarlo. El tecnólogo no es un creador sino alguien que sabe qué hacer con lo que el poeta ha creado. ¿Pero qué ocurre cuando la tecnología se ve como innovación? Pues ocurre que degradamos la tékhne al mismo tiempo que pretendemos democratizas la poiesis. En la escuelas, desde los primeros niveles, se pretende enseñar creatividad, nadie enseña a reparar o a reproducir. Pero mientras sabemos producir buenos tecnólogos, no sabemos cómo crear nuevos poetas (no dominamos la producción de creadores y, hoy por hoy, no hay algoritmo que lo produzca). Este hecho tiene consecuencias enormes a la hora de definir las llamadas competencias del futuro, porque buscamos la competencia poética olvidando la técnica y eso nos obliga a mirar el futuro con al menos un ojo cerrado.

lunes, 20 de julio de 2026

La Odisea, de Homero a Nolan

Ayer vi, justo antes del partido, la Odisea de Christopher Nolan. Me gustó, a pesar de la extraña mezcla de Homero con Tolkien y La guerra de las galaxias; a pesar de que la narración a veces se reduce a ruido; a pesar de que un Polifemo deshumanizado solo es un monstruo; a pesar del excesivo influjo de la Atenea Negra de Martín Bernal... Me gustó porque Nolan es consciente de que está versionando una de las historias más grandes de la humanidad, para mí, resumida en el último temblor de triste alegría del rabo de Argos, capaz de ver, como los dioses, más allá de los humanos. Nolan nos recuerda que Homero está ahí, incluso en nuestras distorsiones, imágenes de nuestro tiempo. ¿Pero qué es Europa sino un ejercicio constante de traducción al presente de las grandes obras de nuestro legado? Europa no se ha hecho a sí misma por tener grandes libros, sino por no considerarlos intocables. Lo único intocable ha sido la libertad para comentarlos, que comienza, precisamente, con los escolios a Homero. Nadie ha dicho más barbaridades sobre Penélope que los escoliastas griegos. El mismo Platón, que tantas veces cita a Homero, más de una vez falsea sus palabras. Homero sigue vivo en la transmisión.

Aulo Gelio señala que la admiración, cuando es verdaderamente grande, se expresa con el silencio. Cuando Odiseo termina de desplegar sus aventuras ante los feacios (Canto XIII), estos estos «callaron todos a la vez, atónitos y estupefactos, por haberse filtrado hasta los orígenes de la voz el encantamiento de los oídos». Algo de este encantamiento creí percibir cuando se acabó la película.

Añado tres apuntes más para recalcar la transmisión.

Tiene razón Recalcati, la Odisea, hoy, puede leerse como la añoranza del padre.

Nathaniel Hawthorne nos cuenta en su Wakefield la historia de un hombre que un día decide abandonar, sin más ni más, su casa e irse a vivir dos calles más arriba. Mientras su mujer se iba resignando a su soledad, el hombre rondaba por el barrio con una peluca y hasta la rozó alguna vez al pasar a su lado. Tras veinte años de ausencia, volvió.

Kafka nos asegura que, al ver pasar junto a sus arrecifes el barco de Ulises, con el héroe amarrado al mástil y los marineros ensordecidos por tapones de cera, las sirenas decidieron permanecer en silencio. Movían los labios, pero no cantaban. El comportamiento de Ulises fue una farsa.

La cultura es una farsa, pero una farsa hecha verosímil por nuestra necesidad de ella para conseguir ocultar la naturaleza.

[Unas horas más tarde]:

Lo acabo de encontrar en los diarios de Hannah Arendt: «La Odisea es un trozo de eternidad en la inmortalidad del género humano».

sábado, 18 de julio de 2026

Hooligans

Repasando mis redes sociales compruebo una vez más que hay personas que no pierden nunca la oportunidad de mostrar las facetas más infantiles de sí mismas. Van por la vida como hooligans de su mediocridad. Salen al aire libre, incontinentes, cada vez que hay un partido de futbol interesante, para exhibirse sin complejos. Para ellas la vida es un patio de escuela y su aspiración es no pasar desapercibidos. Como no conocen ni el pudor ni la discreción, te brindan una oportunidad de oro para hacer limpia. Mientras me dedicaba a borrar contactos me preguntaba cómo personas que en su cotidianeidad pueden ser gente sensata se transforman con el acicate del fútbol en patanes sin fronteras. Pero de repente he pensado que si un día lluviosos te caes sobre un charco de agua en el Paseo de Gracia de Barcelona es posible que el único que se detenga a ayudarte sea un hooligan con la camiseta, la bufanda y la gorra de su equipo. Lo sé porque lo he experimentado. Y al recordar este hecho decido renovar los contactos borrados. 

viernes, 17 de julio de 2026

Ese rictus

Me imagino que ustedes también conocen ese gesto que automatiza la cordialidad de compromiso: alguien ha hecho (o, más bien, ha creído hacer) una gracia y te mira esperando tu complicidad humorística y, efectivamente, en la cara se te dispara una sonrisa que viene a decir que has captado el humor inteligente del pretendiente a gracioso. Pero cuando este se vuelve para seguir con sus cosas te quedas durante unos instantes con el rictus de conveniencia y durante unos instantes tu cara espera tu asentimiento para volver a su forma natural. ¿Podríamos hacer una antropología de los pequeños gestos y ver qué dicen de nosotros? Hay estudiosos que afirman que lo que comunicamos oralmente  viene a ser un 10% de todo lo que comunicamos, por lo cual siempre estamos diciendo de nosotros mismos mucho más de lo que pensamos. Así que todos nos sentimos incomprendidos.

jueves, 16 de julio de 2026

Pantalones cortos

Me resisto a llevar pantalones cortos. Me pasé toda la infancia queriendo llevar pantalones largos, de hombre, y me cuesta ahora volver a la niñez de las rodillas desnudas. Sin embargo he de reconocer que este verano he caído en la tentación varias veces. Incluso mi renuncia a resistir al calor extremo me ha llevado a otro extremo: al de salir varias veces a la calle con pantalones cortes, camisa de manga corta y sandalias. Es difícil mantener los principios intactos cuando sientes que el calor apabullante y la humedad ambiental, que se mastica, te hacen caminar siguiendo las huellas de las sombras para escapar de la mirada de un sol delincuente. Esto es como el imperativo categórico kantiano, que suena muy bien en situaciones normales, pero en cuanto la realidad se pone cuesta arriba uno va buscando apoyaderos menos rigurosos, una moral de circunstancia.


Una noticia refrescante en este ferragosto infinito: La editorial Quadrante de Sao Paulo me lleva a su catálogo y yo tan encantado:



martes, 14 de julio de 2026

Fútbol, palomitas y calippo

No sé qué será de nosotros cuando acabe el partido de fútbol, pero en estos momentos estamos haciendo toneladas de palomitas y hemos pedido más pizzas de lo que sería razonable. ¿Pero quién quiere ser razonable en estas circunstancias? Todos necesitamos paliativos existenciales para llevar con ánimo la cotidianeidad. Y el fútbol puede ser uno de ellos. En cualquier caso, nos ayuda a estar juntos, a gritar juntos, a abrazarnos y a celebrar las cosas efímeras. Mi nieto Gabriel me acaba de comunicar que ha comprado también dos cajas de calippos. Para mis nietos y para mí el calippo es una de las manifestaciones más logradas de la cultura humana. Hasta Platón sabe distinto con un calippo en la mano. Mi nieto mayor se ha presentado con una bandera que ha colocado sobre el televisor. Quizás la inteligencia sea esto: la habilidad para sacar partido a lo efímero y trivial. 

domingo, 12 de julio de 2026

San Agustín

La editorial Trotta ha publicado recientemente las Cartas filosóficas de san Agustín. Son interesantes por varios motivos, pero lo que más aprecio en ellas es la voluntad de pensar a lo grande. San Agustín hace lo que han hecho todos los filósofos verdaderamente grandes: coger el Todo y ponerlo ante ellos, en la mesa de análisis. Es esa voluntad la que, a mi pareer, nos falta en España. Nuestro pensamiento (hagamos la excepción de Ortega y Zubiri) es fragmentario y timorato. Pensamos a gente que piensa, pero nos guardamos mucho de pensar de verdad por nuestra cuenta, no sea que vayamos a decir alguna tontería sonrojante. Pues bien, el pensador de verdad ni tiene miedo a hacerse daño cuando piensa ni anda trasteando con fragmentos de pensamientos ajenos. Coge al toro por los cuernos y, como resulta inevitable, siempre acaba con alguna herida, pero lo que nos deja como herencia (la valentía del pensamiento libre) es enorme. No eres libre si tienes miedo a equivocarte. De ahí que haya que mirarse con tacto ante el espejo.

sábado, 11 de julio de 2026

Rutinas y turismo

Hay algo de profundamente benéfico en las pequeñas rutinas cotidianas: permiten que el mundo parezca tu mundo. La realidad (lo primero en sí, que diría Aristóteles) nada sabe de rutinas, aunque pueda saber mucho de repeticiones, mientras que el mundo de las cosas humanas (lo primero para mí) es el mundo creado por los hábitos contra natura. Levantarse a una hora determinada, pasar a ver el correo, la ducha, el desayuno en la Plaza de Ocata, el rato de lectura, la charla trivial con los vecinos, la compra para hacer ese plato que te gusta, la cerveza helada al mediodía... Curiosamente, todo esto es lo que pretendemos romper en vacaciones y por eso nos cruzamos a las primeras horas de la tarde (cansancio, sudor, mochilas, sed y un niño a rastras), cuando el sol rabia sobre nuestras cabezas, con otros grupos de turistas que hacen turismo despiadado, molidos por el sol. Si un juez condenase a hacer turismo de la manera en que habitualmente lo hacemos, sus sentencias se nos antojarían inhumanas. Pero quizás se trate de eso, de hacer turismo para romper imprudentemente durante unos días con las rutinas y así volver a casa, al refugio de lo cotidiano. En la espera del año que viene, porque repetiremos.

viernes, 10 de julio de 2026

¡Viva Sertorio!

 El camarero del Petit Café me dice que no para de sudar, que se engancha por todas partes, que parece un cromo. Intento no quejarme, pero la vuelta al Mediterráneo desde las alturas de la Sierra de la Demanda está siendo cruel. Demasiada luz, demasiada calor, demasiada humedad, demasiada pereza... estoy sudando y tecleando. No exagero. El viaje ha sido inolvidable. La familia Luri al completo (nietos, hijos y abuelos) nos hemos movido por las carreteras de Castilla, redescubriendo lo hermoso que es estar juntos. Los nietos, adolescentes, arrastran a lo largo del día un hambre voraz que no parece haber manera humana de saciar sino provisoriamente y resulta entrañable. Hemos andado por la Sierra de la Demanda, Salas de los Infantes, Burgos, Lerma y he presentado a hijos y nietos el asombroso románico del Duero... y pusimos la guinda al viaje deteniéndonos, a la vuelta a casa, en las ruinas de Numancia, para lanzar al cielo nuestros gritos familiares de "¡Viva Sertorio!" Hace unos días leí a un memo -de vez en cuando no tienes otro remedio que leer memeces- que proclamaba al mundo que la familia está superada. La mía, no. Lo que me da mi familia no hay institución humana que pueda proporcionártelo ni siquiera a plazos.

lunes, 6 de julio de 2026

Dos ancianos y un mundo

La pareja de ancianos está sentada en el poyo de la puerta, acogidos a la sombra de la casa y a una brisilla deliciosa que viene del río. La primera vez que paso frente a ellos los saludo y ellos me devuelven el saludo con cordialidad. La segunda vez, los saludo con más énfasis y les manifiesto mi admiración. Esto es todo lo que le piden a la vida: tardes apacibles, una sombra, un poco de viento y, como me dice el marido, "cuidarnos el uno al otro". Me da la sensación que el hombre desvaría un poco, pero la mujer lo escucha con ternura. Cuando me despido de ellos, con el pan bajo el brazo que le acabo de comprar al panadero ambulante, se quedan como los he encontrado, a la expectativa de lo que les pueda ofrecer la fortuna. No esperan mucho porque lo que los colma ya lo tienen, "pero un poco de distracción", me puntualiza la mujer, "viene bien de vez en cuando".

domingo, 5 de julio de 2026

Barbadillo del Pez

Barbadillo del Pez se encuentra en la burgalesa Sierra de la Demanda, en la carretera que conecta Salas de los Infantes con Nájera, en las orillas del río Pedroso, que en su tiempo fue famoso por sus truchas. Al Sur está Barbadillo del Mercado y un poco al norte, Barbadillo de Herreros. Es un pueblo que conoció mejores tiempos. En los años años sesenta llegó a tener 600 habitantes, ahora no alcanza el centenar. Pero tiene tiene bar (regido por una familia ecuatoriana) e iglesia, donde se celebra la misa los domingos a las 13:30. Es una hora un poco extraña, pero el cura se pasa la mañana de misa en misa por los pueblos de la zona y Barbadillo del Pez es el último de la fila. Fui a comprar pan y la panadera, una señora muy cordial, algo mayor que yo, me recibió muy arreglada porque iba a misa. Le compré una chapata y unas rosquillas y la acompañé a misa.  La iglesia es sencilla, pero no por ello carente de belleza. Van entrando los vecinos, la mayoría ancianos, y tras cruzar el umbral, las mujeres van a las filas de delante y los hombres a las de atrás. Hasta que no sale el cura aquello es una reunión de vecinos dicharacheros con muchas cosas que contarse en alta voz los últimos detalles de sus vidas. Cuando sale el cura se callan, pero en cuanto dice "Podéis ir en paz", vuelven los comentarios seculares. La panadera me informa que, después de misa, la gente del pueblo va a hacer el vermut, porque es el rato de la semana que tienen reservado para juntarse. Me encuentro algunos niños y algunas parejas jovenes, pero lo que domina es el ambiente de club de jubilados. El tiempo aquí parece congelado. Tanto es así, que el que el último pueblo de la Sierra se llama Eterna y en la torre de la iglesia el reloj, que dejó de funcionar hace décadas, marca siempre la misma hora.


martes, 30 de junio de 2026

Las vueltas que da la vida

En el año 2019, el que era entonces director de educación de la fundación Santillana, declaró sin reparo alguno en El País que "transmitir la verdad ya no corresponde a la escuela" y que "saber aprender toda la vida es más importante que saber matemáticas". Me sorprendieron estas dos barbaridades, pero me sorprendió aún más la aquiescencia con que fueron recogidas por mucha gente bienpensante (pedagógicamente hablando). Han pasado los años y Santillana ha lanzado en Hispanoamérica un proyecto pedagógico, SUMUN, que valora el conocimiento, poderoso, el esfuerzo sostenido, la construcción del carácter, las prácticas reflexivas... es decir, todo lo que vengo defendiendo -muchas veces en soledad- desde hace muchos años. Por eso estoy colaborando con Santillana en un proyecto que puede dar un giro considerable a las pedagogías postverdad, a las que también llamó pedagogías del yo. Me estoy implicando directa, intensa y gozosamente proporcionando argumentos para defender lo evidente.  



viernes, 26 de junio de 2026

Venezuela

Un día de hace ya unos cuantos años, justo al llegar a Igualada en una tarde lluviosa para dar una charla en un colegio, me sonó el teléfono. Alguien que se presentó como la directora de los coros del Sistema (la organización de coros y orquestas juveniles de Venezuela) me dijo que llegaba a Barceona con el maestro Dudamel para dar unos conciertos en el Palau y querían verme. Por supuesto, asistí. Ya saben que nunca hay que darle la espalda al azar amigo. Desde aquel día ha llovido mucho. Nos han pasado cosas bastante incomprensibles y la vida ha ido dando vueltas sin que disminuyera nunca el aprecio que siento por Lourdes, una mujer de una inteligencia musical excepcional, una sensibilidad caligráfica y una sonrisa amplia y acogedora. Me acaba de enviar un mensaje de voz. Hay una palabra que repite una y otra vez: "Desolador". Se refiere, claro está, a los efectos del terremoto que ha asolado Venezuela.  No hay recursos para tanto dolor.

jueves, 25 de junio de 2026

De Cota al cielo, pasando por Huamantla

Ya se habrán dado cuenta ustedes, queridos amigos, de que tengo un "love affair" con Hispanoamérica.  Hoy he gozado con un amenísimo encuentro con los profesores de un colegio de Puebla cuya directora -¡bendito sea el azar amigo- es de Huamantla, mi lugar preferido de México. Ayer tuve otro encuentro digital con México, tengo pendiente la respuesta a tres invitaciones diferentes para visitar Jalisco, la ciudad de Panamá y Costa Rica... Todo lo que encuentro en aquellas benditas tierras es para mí El Dorado: amabilidad desbordante y generosidad perenne, sin fecha de caducidad. Hace dos días  comimos con Oscar Aldana, de Cúcuta. Firmando en la Feria del Libro de Madrid me apareció la profesora Carolina Gutiérrez con una botella de un mezcal insuperable. Mil cosas podría contar, pero lo de hoy ha superado sentimentalmente a todo lo vivido hasta ahora. En el Liceo los Andes de Cota, ciudad próxima a Bogotá, han decidido bautizar un salón con mi nombre y, por si fuera poco, con mi imagen:




Las pantallas

La tecnología nos atrae. Y lo hace con tal fuerza que  está consiguiendo que los fines sean la excusa que utilizamos para trastear con los medios. En esta usurpación del fin por parte del medio se encuentra la principal clave del éxito de la tecnología. Todos andamos en ello pero andamos con mala conciencia y por eso, por ejemplo, nos quejamos con la boca pequeña del poder del móvil mientras nos compramos un móvil nuevo mucho más potente que el antiguo, a pesar de que el antiguo cumplía con casi todas sus funciones (sus fines). Con casi todas, porque no cumplía con los imperativos de la novolatría. Quejarse de un poder es reconocer su poder y el poder siempre atrae, sea en el caso de los leones, de los macacos o de los humanos. No ha habido dictador sin admiradores. El inocente que juega con el fuego y se quema, protestará contra la llama pero no dejará de encender hogueras. Por eso hoy la técnica es omnipresente y se ha apoderado de nuestras vidas mientras protestamos de su omnipotencia. Véase el caso de las pantallas.

miércoles, 24 de junio de 2026

San Juan

Con una cosa y otra, se me echó la noche de San Juan encima sin tener nada preparado en casa, así que comencé el día recorriendo pastelerías y el mercado. A las 12 había quedado en pasar por Barcelona para recoger a Oscar Aldana, rector del IE Julio Pérez Ferrero de Cúcuta, y a su mujer. Quienes me conocen saben la importancia que tiene para mí este colegio del barrio de Cundinamarca. Tras dar una vuelta en coche por Barcelona (que el día no estaba para exponerse a la intemperie abrasadora) vinimos a comer a El Masnou. Fue un magnífico encuentro que, por supuesto, tendrá continuidad. Como la vida es caprichosa y se reserva para sus excentricidades una verosimilitud que no puede lograr la literatura, ayer recibí también un correo procedente de Granada que me hablaba de una novela de un autor polaco (Józef Mackiewicz) en la que hay una relación con mi experiencia en Cúcuta. Ya saben, el azar amigo. Después de comer dejé a Óscar y a su mujer en el conjunto modernista del hospital de Sant Pau y me volví para casa, a preparar la verbena, especialmente la imprescindible megatortilla de patatas. Ha sido una verbena familiar en la que se ha quemado mucha pólvora (como acostumbramos) y ha terminado, como cada año, con mi mujer barriendo la calle, para recoger los restos de la batalla. Y para echarle más sustancia a la verosimilitud improbable, he de añadir que ayer recibí dos invitaciones para viajar a la Ciudad de Panamá y a Jalisco.  Ya veremos qué decido hacer. Posiblemente pondré a partir de ahora una condición de obligado cumplimiento: viajar en business.






martes, 23 de junio de 2026

Ya comienza a menguar el día

Me preguntáis si me pasa algo, ya que desde el día 15 ando ausente de este café. A mí no me pasa nada, pero al tiempo sí. Va más deprisa. Va tan deprisa que no me queda tiempo para nada. Un sabio musulmán dijo un día que el sonido armonioso de una flauta que traía el viento no era más que el llanto de Satán, que quería retener el tiempo y no podía. Esta condenado a constatar que todas las cosas pasan y solo Dios permanece. Pues así estoy yo, sofocado de tanto correr tras del tiempo para enjaularlo y él, intempestivo, se me escabulle. Me levanto y echo una mirada al correo, y me cae un alud de mensajes encima. Suena el teléfono y me piden que concrete esto o aquello y mientras me pongo a concretar me echo encima los fardos de tres o cuatro compromisos más. A veces pienso -y, de hecho, lo soñé hace tres días- que este acelerón es el final, el que reúne las últimas fuerza para arañarle unas décimas al cronómetro antes de aplastarme contra la pared. Comienzo a tener un poco de miedo de mí mismo. No llego a lo que hago y aun así me comprometo a más. Me digo, para justificarme, que son los últimos cartuchos y que hay que meter ruido. ¡Y ya estamos otra vez en San Juan! ¡Ya comienza a menguar el día!

lunes, 15 de junio de 2026

La realidad es idiota

El tiempo se me funde en las manos como si fuera hielo y mi memoria no tiene ya capacidad para recoger más que la permanencia del deshielo. Desde el 10 de junio no he escrito nada en este Café de Ocata y sin embargo los días han sido muy fértiles. El 10 de junio el Papa inauguró la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia e, invitado por Toni Marín, estuve 4 horas seguidas Radio 4 comentando lo que estaba sucediendo. El 11 fue un día sereno que aproveché para ir acabando la primera redacción de un libro que muy probablemente no saldrá a la luz hasta principios del año que viene. Se titulará La realidad es idiota. El día 12 mi mujer y yo comimos en el puerto de Masnou con el nieto de Caridad Mercader y su mujer y después los acompañé hasta Blanes para asistir a la presentación de un cómic con la historia de esta mujer aventurera, intensa, fanática y humana. El 13 fui a Madrid, a la Feria del libro. El día me brindó una tarde inolvidable. Se agotaron los ejemplares que teníamos de La dignidad del mediocre y asistí emocionado a la aparición inesperada de amigos de Querétaro. La profesora Carolina Gutierrez se presentó con una botella de un mezcal excelente. Después cenamos en la Plaza de la Independencia, a la sombra de la Puerta de Alcalá, que con tanta serenidad ve pasar el tiempo. El 14 volvía a casa y me incrusté en el sofá a reconfigurar mi cotidianeidad. Hoy, día 15, mientras los pajarillos andan escandalizado la madrugada, espero la respuesta de mi amiga B., que anda con graves lesiones existenciales y me tiene bastante abandonado.

Maldiciones del verano

Me llaman de una cadena de radio para que hable de las colonias/campamentos escolares. Inmediatamente me percato de que dan por supuesto que...