sábado, 24 de octubre de 2026

Un niño en el hogar.

El pasado día 8 participé en Vic en la inauguración del curso escolar y aprovechando el viaje, me perdí un rato en Costa Llibreter, la librería de viejo de la calle Sant Sadurní, que tantas alegrías me ha dado. En su trastienda encontré los 5 volúmenes del “Teatro histórico-crítico de la elocuencia española” de Antoni Capmany (1756) o “El arte de pensar”, de Alfred Opisso (1919), que comienza así: “Entre todas las necesidades inherentes a la vida humana, ninguna es más perentoria que la distinción entre lo verdadero y lo falso, y esto no solamente tratando de las ciencias, sino de la común existencia, lo que exige la supremacía del entendimiento para la guía de nuestros actos”.

Esta vez salí de la librería con un pequeño manual en el bolsillo, titulado “Cómo se educa a un niño en el hogar”, escrito por una persona muy bien informada de los debates pedagógicos de su tiempo, el botánico Francesc Masclans i Girvés (1905-1999). Fue editado en 1930 por Publicaciones del Orfeó de Sants y lleva un prólogo de Alexandre Galí.

“De te fabula narratur”, decía Kierkegaard, ese danés contradictorio y genial, dandy, filósofo, corruptor de cuerpos y salvador de almas, que leía las obras ajenas como a él le gustaría ser leído: con la convicción de que el texto trata del lector. La literatura que no trata de nuestra propia existencia y no contribuye a la comprensión de nosotros mismos es sólo un ejercicio de juntar letras. Si un libro del pasado puede hablar de nosotros, entonces algo nuestro vive en un presente continuo. Los buenos libros nos muestran permanencias antropológicas.

Galí comienza diciendo que si bien no se puede poner en duda el amor de los padres por los hijos, lo importante "es saber administrar ese amor", porque "no hay cosa que dé más pena que el niño mírame y no me toques". El hijo, continúa, "no es nuestro; al menos debemos considerar que no es para nosotros, porque procede precisamente que cuando el hijo rinda, por ley de naturaleza, nosotros ya no estaremos. El hijo debe rendir para los demás y para él mismo". Esto lo sabían nuestros abuelos, que, si bien desconocían la pedagogía moderna, "realizaban de una manera vigorosa esta administración del amor". Son muchas las cosas que hay que cambiar en la educación, pero también muchas las que hay que preservar, porque "el desconchamiento externo de una parte del viejo edificio educativo nos ha animado a tirar todo el edificio; y determinadas normas centrales que habrían tenido que ser inviolables han caído con el descalabro general". Hemos renunciado a "procedimientos clásicos" sin "contar con principios para sustituir a las instituciones destruidas". Galí concluye su prólogo confiando en que estos libros "pueda provocar la corriente restauradora de normas educativas que hoy necesita de una manera casi apremiando la colectividad catalana".

Masclans hace una defensa firme del juego infantil, "verdadero medio de expresión del niño y lenguaje maravilloso". Es necesario que el niño juegue, pero “es necesario también que juegue con menos limitaciones de las que a menudo se le imponen.” Ciertamente el juego puede ser peligroso, "pero los peligros del juego son como los de todas las actividades de la vida. Muchas madres, con un espíritu enormemente hiperbólico tratan de reprimir los daños posibles con una abstención metódica que conduce a educar al niño como una flor de invernadero".

Subrayamos la palabra “invernadero”.

A finales de la década de 1980, el proyecto Biosfera 2 recluyó a un equipo de científicos en un mundo en miniatura autosuficiente. Su objetivo era comprobar si un sistema cerrado podía sustentar la vida humana y servir de modelo para la supervivencia en Marte. Pero los diseñadores toparon con un fenómeno sorprendente: una vez que los árboles dentro de la cúpula alcanzaban cierta altura, simplemente caían como los relojes blandos de Dalí. Los científicos descubrieron que carecían de «madera resistente al estrés», una característica crucial que se desarrolla únicamente cuando un árbol está expuesto a la resistencia del viento.

Este mismo principio se aplica a la educación: si los estudiantes nunca se enfrentan a la resistencia que generan los errores, no desarrollan la resiliencia necesaria para conseguir un gran crecimiento. Los errores son el «viento» que les ayuda a fortalecer su pensamiento y prepara para hacer frente a los complejos problemas del mundo real.

Estoy seguro de que a un botánico como Masclans le hubiera gustado esa analogía. Para terminar le cedo la palabra: "Ni abandonar, desentendiéndose de todo cuidado, ni halagar en exceso [...]. Una libertad con el interés colectivo por límite y los buenos modales por forma."

domingo, 11 de octubre de 2026

Euclides y las competencias

La gran paradoja de PISA es que, a pesar de ser una prueba diseñada para medir competencias, los mejores resultados los obtienen los países que se centran en los conocimientos (como se ve en la diferencia entre Inglaterra, por un lado, y Escocia y Gales, por otro).

Cuando Euclides presentó sus Elementos —una de las grandes construcciones intelectuales de la humanidad— a Ptolomeo I Sóter, éste le preguntó si había alguna manera de comprender fácilmente todos aquellos teoremas. Euclides le respondió: "Señor, no hay caminos reales en la geometría".

Ptolomeo quería un método que lo hiciera rápidamente competente sin tener que transitar por la áspera senda de los codos. Le hubiera gustado hacerse con el conocimiento sin pagar el precio de la atención metódica y Euclides podría haber intentado ganarse el favor del monarca haciendo lo que hacemos nosotros: rebajar los contenidos. Pero no se dejó intimidar. Los Elementos estaban a la altura de quien quisiera conquistarlos intelectualmente, fuera esclavo o rey.

Esta anécdota ha sobrevivido dos mil años, pero hoy podríamos estar asistiendo a su fin. Para ahorrar el esfuerzo al alumno, nosotros le gamificaríamos los Elementos.

La respuesta de Euclides a Ptolomeo tiene un doble sentido. Por un lado, un sabio de origen humilde le dice al sucesor de los faraones que, si quiere saber geometría, debe seguir el mismo camino que el resto de los mortales. Por otro, recuerda a los plebeyos que tienen la geometría a su alcance si se someten al rigor de sus procedimientos, que es el rigor de la democracia del saber. Sin embargo, había cierta dignidad en Ptolomeo I Sóter. Un Ptolomeo actual lo primero que haría sería preguntar: "¿Y esto para qué sirve?"

En el 2011, cuando las pantallas tenían buena prensa, un secretario de Estado de Educación sostuvo en un acto del Colegio de Doctores y Licenciados que había profesores tan empeñados en representar a Hamlet que no se daban cuenta de que les habían cambiado el decorado a su espalda: ahora, en lugar del castillo de Elsinor tenían un McDonald's. Es decir, deberíamos sustituir los Elementos por un fast-book. Pensé entonces, y lo mantengo ahora, que quien elige un bien inferior (la equidad por abajo) y rechaza un bien superior (el desarrollo de las más altas capacidades de los alumnos) actúa inmoralmente. Como decía Ortega, "la inmoralidad máxima es esa preferencia invertida que exalta la mediocridad y rechaza lo óptimo en nombre de una moral falsa".

Volviendo a Euclides, lo que más me gusta de su anécdota es que no impone ningún deber externo al saber (ninguna competencia). Considera que esforzarse por saber nos dignifica y nos aporta experiencias de rigor, orden, pulcritud y belleza (experiencias que, según el filósofo checo Jan Patočka, son la manera adecuada de cuidar de nuestra alma).

Seguro que nadie aspira a tener una juventud incompetente, pero es evidente que la teoría competencial ha aumentado la burocracia de los docentes, la confusión en los claustros, la disparidad de criterios de los inspectores y el uso de un lenguaje sofístico que las familias no entienden. El resultado es un inquietante malestar docente, el descenso del conocimiento y el recurso creciente de las familias a la educación en la sombra porque con la escuela no tienen suficiente.

De todos los factores que intervienen en el aprendizaje, el más importante, sin duda, es el conocimiento previo, que se enriquece con más conocimiento. Es una buena noticia porque si la pobreza cultural está socialmente construida, también podremos construir su compensación escolar.

Hoy la relevancia de los conocimientos previos se pone de manifiesto en nuestra capacidad para dirigir las preguntas adecuadas a la inteligencia artificial. Pero aprender a preguntar requiere saber. ¿Qué puede preguntarse sobre un tema que se desconoce completamente? Si navegamos frente a Santander, nos será más útil pedirle a la IA una carta náutica de la bahía cántabra que un mapa de carreteras de Málaga... siempre y cuando seamos capaces de leer una carta náutica.

La diferencia entre saber y no saber preguntar se llama criterio. Y el criterio útil es el mío, no el de la IA. Por esta razón, lo relevante no es saber qué podemos hacer con el conocimiento, sino qué puede hacer el conocimiento en nosotros. La IA hará lo que hace cualquier otra prótesis antropológica: amplificar lo que cada uno ya es.

Me imagino que los reacios al conocimiento (esos que siguen viajando idealmente a Finlandia esperando encontrar lo que nunca nos pudo ofrecer) me pueden preguntar: «Vale, los codos funcionan en la práctica... pero ¿funcionan en teoría?»

sábado, 26 de septiembre de 2026

La escuela que enseña

Artículo publicado en el diario ARA:

Hace poco me preguntaron cómo me imaginaba la escuela a la que me hubiera gustado ir. La pregunta es pertinente como divertimento pedagógico y con ese espíritu ofrezco mi respuesta.

Sería, en primer lugar, una escuela que enseña (pone hitos y educa la atención).

Daría a los alumnos al máximo posible tiempo de calidad. Un alumno vulnerable necesita que la escuela compense las carencias cognitivas que lleva de casa. ¿Quién, si no, lo hará? Perder el tiempo es privarle de oportunidades.

Trabajaría a fondo el vínculo entre comprensión lectora y conocimientos previos. Quien sabe más, comprende mejor y acumula más bagaje, ampliando sus conocimientos previos. Enseñar contenidos es también enseñar a leer.

Cuidaría de la alfabetización disciplinar. Dado que cada materia tiene su propio léxico, todo maestro es un maestro de lengua. No existe actividad escolar que no pueda enriquecer el lenguaje de los alumnos.

Dispondría de un rico currículum en contenidos: acumulativo, secuencial y coherente. Basado en el conocimiento, impulsado por el conocimiento y articulado en unidades didácticas, de acuerdo con el principio "de lo simple a lo complejo ".

Cada actividad evaluaría la carga cognitiva asequible, porque es necesario dar a los alumnos lo que la IA elimina, el esfuerzo.

Daría valor al saber, porque sólo nos esforzamos por conseguir lo que consideramos valioso. Sin conocimiento no existe pensamiento de orden superior. El conocimiento es aquello con lo que pensamos

No confiaría demasiado en la existencia de competencias genéricas. Los neurólogos, por ejemplo, no son particularmente buenos diagnosticando casos de cardiología.

Como nos tomaríamos en serio la equidad, apostaríamos por un currículo secuencial, con una progresión controlada y una enseñanza explícita (la más eficaz).

Habría un currículum para todo el centro, no tantos currículum como alumnos con problemas de aprendizaje. Un currículo bien secuenciado no deja a nadie atrás.

Defendería que el conocimiento no tiene ninguna propiedad que le impida ser transmitido y no confundiría epistemología y pedagogía.

Su principio básico: Ningún alumno puede hacer lo que no ha aprendido. Por eso se enseñaría para recordar. Sin modificaciones en la memoria a largo plazo, no hay aprendizaje. No menospreciaríamos la memoria y veríamos el olvido como un reto pedagógico (como nos recuerda la curva de Ebbinghaus).

Lo primero que haríamos con un niño con problemas de aprendizaje es preguntarnos por sus posibles causas pedagógicas.

Nuestra escuela se vería como una institución republicana comprometida con el fomento de la cultura común.

La relación pedagógica clave sería el cara a cara. No tiene sustituto, aunque siempre ha requerido complementos (desde las tabletas de arcilla hasta las digitales).

El error del alumno se vería como una oportunidad de aprendizaje, partiendo de la base de que el estudiante suele dar la respuesta correcta a la pregunta que él mismo se hace. Por eso hay que hacerle explícita la lógica de su error.

Dedicaríamos todos los recursos disponibles a los momentos en los que se manifiestan trayectorias divergentes en los alumnos (cuando se pasa de aprender a leer a aprender leyendo, por ejemplo).

La escuela sería inclusiva, pero no necesariamente lo sería cada aula de forma permanente. Los niños neurodivergentes, por ejemplo, necesitan una atención continuada y a medida.

Practicaríamos las palabras mágicas que facilitan la convivencia: gracias, por favor, perdón, confío…

En nuestras aulas no habría sitio para la ansiedad matemática. No existe humanismo sin matemáticas.

Nos gustaría todo lo que permite dejar las diferencias sociales en la puerta del centro. Se celebraría la excelencia ajena y se estimularía su emulación,

Amaríamos mucho más el pensamiento riguroso que el pensamiento crítico, y el razonamiento mucho más que la opinión,

Tomaríamos con pinzas la educación emocional, no sea que sea el mal del que ella se cree cura.

A las familias les pediríamos tres cosas: garantizar la higiene del sueño de sus hijos, permitir les gozar del juego libre y arriesgado, y diez minutos de lectura diaria (alrededor de 730.000 palabras al año).

El resumen de todo es la convicción de que escribir es hacer visible el propio pensamiento. Una vez visualizado, puede ser cuestionado, refinado o fortalecido. Escribir bien es practicar el pensamiento riguroso porque, lejos de reducirse a ser un medio de transmisión de ideas, la escritura es la mejor forma de hacernos con ideas claras y distintas. Claridad es empatía. Como dice mi admirado Nick Gibb, la lectoescritura no es parte de la educación, es lo que hace posible la educación, porque clarifica metas y fortalece la atención.

viernes, 28 de agosto de 2026

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pero si el clima se calma, la política se encrespa. Somos un país con fuertes componente surrealistas. O, si lo prefieren, digamos que tenemos una relación muy creativa con la realidad. No puedo quitarme de la cabeza la imagen de los militares españoles desarmados huyendo de unos delincuentes en Ceuta. ¿Cómo es que ocurren cosas como esta y no nos escandalizamos? ¿Cómo puede ser posible que dos ministros de un mismo gobierno disientan públicamente sobre si el CNI ha cumplido o no con su papel? ¿Cómo pueden jugar de esta manera con la credibilidad de los servicios de inteligencia?  Hay una extraña sensación en el aire de que cualquier cosa nos puede pasar. Cualquier cosa, se entiende, menos la normalidad. 

jueves, 20 de agosto de 2026

20 de agosto (de nuevo)

He dejado que fuera pasando el día para ponerme a escribir. Mi querida amiga B. me ha echado la bronca esta mañana porque se ha encontrado el café vacío. Pero es que ando concentrado en el próximo libro, volcado en él, y estoy justo ahora atravesando ese momento fatal, que se me presenta siempre cuando llevo a medias un libro, en el que me parece que todo lo que he escrito no vale para nada y que no merece la pena seguir escribiendo. Voy aprendiendo a conocerme a mí mismo porque, simple y llanamente, me repito mucho. He recibido muchas felicitaciones. Siempre me saben especialmente ricas las que me llegan de América. Ahora mismo acabo de recibir una de Monseñor Luis Baura que ha pasado de Costa Rica a Guatemala por cosas de su oficio. El día ha transcurrido diría que en recogimiento, plácidamente. Me he levantado temprano, he estado trabajando intensamente durante 5 horas ininterrumpidas que me han dado para menos de una página y me he ido a desayunar al Petit Café de la Plaza de Ocata. Hoy, además de no cobrarme el desayuno, me han invitado a comer. Pero tenía cita con mis hijos en un restaurante del puerto. A la vuelta a casa he estado un buen rato sentado en mi sofá, cada vez más desgastado y cada vez más mío, frente a la ventana, pensando en tonterías deshilachadas y viendo caer la lluvia intermitente. No me apetece leer ni ver la televisión. He contestado mensajes, he recibido llamadas de teléfono y he hablado de la posibilidad de comprar un terreno a bajo precio en un pueblo de la burgalesa Sierra de la Demanda. J. quiere que sea su vecino para acompañarnos mutuamente en espera de la Parca bebiéndonos la fenomenal bodega que lleva acumulando desde hace décadas. No es mal plan.

sábado, 15 de agosto de 2026

En IDEAS

Lo primero que hago cada día al levantarme es abrir la ventana a ver si corre un poco de aire. La cierro inmediatamente, porque no hay ni gota de aire y entra esa calor mefítico del exterior que nos está castigando tanto este verano. Pero a veces con el calor llega lo cálido, somo esto de IDEAS.

jueves, 13 de agosto de 2026

El día del eclipse y los calipos

Tengo abandonado este Café, pero es que no doy más de mí. Ando muy atareado con la escritura de un nuevo libro que me está devorando el tiempo. Cuando no estoy escribiendo estoy dándole vueltas a alguna idea. O, mejor: son las ideas las que dan vueltas a mi alrededor y tengo que andar diligente para cazarlas al vuelo. El "yo pienso" es en mi caso un yo bastante extraño y caprichoso.

Hoy, sin embargo, es necesario abrir las puertas del Café de Ocata para que quede constancia de que ayer nos fuimos toda la familia (abuelos, hijos y nietos) de eclipse. Nos decidimos por la montaña, sabiendo que nos encontraríamos con más gente que en San Fermín en Pamplona, pero yo le había echado un ojo a un sitio donde aparcar cerca de un mirador privilegiado en un claro del bosque. Como los Luri somos como somos, nos preparamos a conciencia con todo lo importante: sandía, melón, agua fresca, mucho hielo y una buena cantidad de calipos, ese invento genial que dignifica a una cultura. Mis nietos y yo hemos inventado la calipoterapia y, señores, nos funciona de maravilla como remedio para todo mal, del alma o del cuerpo.

El eclipse en sí no deja de ser un fenómeno mecánico al que no se puede mirar cara a cara, pero nosotros nos lo pasamos bien. Tras el eclipse, nos fuimos a cenar. En resumen, que hemos creado un buen número de buenos recuerdos y quizás de aquí a 50 años mis nietos les contarán con cierto tono melancólico a sus propios nietos el día aquel del eclipse y los calipos.

lunes, 3 de agosto de 2026

PISA y el 5%

Se ha armado una buena con las pruebas PISA en Cataluña. Se han excluido de las mismas unos porcentajes de alumnos desmesurados. Se supone que no puede ser superior al 5%, pero son muchos los países que lo superan (aunque no con la manga ancha de Cataluña) porque la realidad no siempre se deja distribuir en porcentajes precisos, especialmente en unos centros sometidos a tantas tensiones como los catalanes.

Estos son los requisitos para ser evaluados por PISA:

- "Al menos llevar 6 años dentro del sistema educativo". Pero no siempre es posible verificar estos 6 años entre los menores no acompañados. Por otra parte 6 años en el sistema educativo en el que se hace la prueba pueden no corresponderse en términos de conocimientos adquiridos con 6 años en el sistema educativo del país de origen del alumno.

- Se pueden excluir alumnos por discapacidad mental o física o por un dominio limitado de la lengua de la prueba. Se especifica que "son alumnos intelectualmente discapacitados los que son considerados así en la opinión del director del centro o por otros cualificados miembros del centro. Esta categoría incluye a estudiantes que están emocional o intelectualmente discapacitados para seguir las instrucciones del test”. ¿Qué significa tener un "dominio limitado" de la lengua de la prueba, es decir, de catalán? La OCDE intenta aclararlo con un criterio que en Cataluña añade más ambigüedad al conjunto: "los estudiantes con capacidad limitada en la lengua de PISA pueden ser excluidos si han recibido menos de 1 año en la lengua del test". Entendemos que se trata de un año escolar. ¿Y si el año escolar no les proporciona el dominio que requiere la lengua del test?

- En unas ocasiones se concreta que "la exclusión no puede superar el 5%" y en otras que "en principio” el porcentaje de población excluida no puede ser superior al 5% de la población objetivo total”. ¿Pero si la suma de los excluidos supera el 5%, qué hay que hacer? ¿Elevar el criterio de exclusión o superar el 5%? 

viernes, 31 de julio de 2026

Ceuta y los derechos

Ya están los fiscales de la República de las almas cándidas enarbolando los derechos humanos de los marroquíes que han invadido Ceuta. No pongo en cuestión ni sus derechos ni la dignidad inherente a su condición humana. Tampoco puse en cuestión ni los derechos humanos ni la dignidad del joven que intentó robarme en Barcelona. Pero eso no me incapacitó para defenderme. En el momento que alguien intenta hacerme daño tengo que preservar mis derechos y mi dignidad con las herramientas materiales que estén a mi alcance. Pero así como la dignidad ontológica de una persona no opaca su dignidad moral, sus derechos han de ser compatibles con su conducta. Las cárceles están llenas de personas que no han sabido compatibilizar ambas cosas. El grandísimo Pierre Manent ha advertido más de una vez contra "la tendencia perversa del cristianismo", que tiende a pensar la igualdad dando preferencia al enemigo ("amad a vuestros enemigos"). De esta manera se transforma de manera imprudente la convicción de que todos somos pecadores en una proposición políticamente destructiva. Si todos somos pecadores, no hay diferencias entre las diferentes causas humanas. Pero las hay.

miércoles, 29 de julio de 2026

Barbastro



 He pasado la noche en Barbastro porque esta mañana tenía que hablar del pulpo arborícola del noroeste del Pacífico a doscientos universitarios, más algún amigo que se ha presentado de improviso (y bendito sea por ello), más un grupo de militares jóvenes que, por lo visto, se han entrado de que andaba por esta ciudad gracias a su capellán. Me han dado una soberana alegría. Creo que he cumplido con el encargo y que todos hemos quedado satisfechos. Esta mañana me he levantado temprano porque tenía una obsesión: comprar varios kilos de tomates de Barbastro que es un de los dos mejores tomates del mundo. El otro es el feo de Tudela. De paso he comprado también una cantidad insensata de cerezas y un par de quilos de melocotones de Calanda. Y me he presentado tan a gusto en casa, donde me esperaba un paquete con esta sorpresa:

Hay días que están tocados por la Gracia, como el de hoy, y para toda la eternidad será cierto que el 29 de julio del 2026 fui muy aproximadamente feliz.

miércoles, 22 de julio de 2026

Maldiciones del verano

Me llaman de una cadena de radio para que hable de las colonias/campamentos escolares. Inmediatamente me percato de que dan por supuesto que voy a hablar favorablemente. E inmediatamente los decepciono. Los campamentos de verano y todos los sucedáneos que quieran son maravillosos para los niños sociables, especialmente si son buenos deportistas, su intimidad les importa un carajo y no tienen escrúpulos a la hora de comer, mientras que para el niño que ve los toros desde la barrera (sea tímido o introvertido) son insufribles. Por lo tanto lo primero que debiéramos hacer es preguntarle a nuestro hijo si quiere ir y no dar por supuesto que si os dice que no, entonces necesita socializar y para ello lo empaquetáis a un campamento de verano. El periodista me cambia de tema y ahora quiere hablar del aburrimiento. También veo que da por supuesto que voy a hablar bien de este asunto, pero le digo que no es lo mismo una persona que circunstancialmente se aburre que una persona aburrida. La primera ya encontrará la manera de salir del túnel. La segunda vive en un túnel sin salida. Hay personas sociables y personas insociables y no sabemos como pasar a los segundos al bando de los primeros.

martes, 21 de julio de 2026

La esencia de la técnica

Heidegger nos animó a pensar la esencia de la tecnología, porque en ella creía intuir la clave para descifrar nuestro tiempo. En alguna entrevista aclaró que no era reacio a la tecnología, sino amigo del pensamiento. La respuesta que buscaba la encontró en el empeño de Marx por dar prioridad a la praxis, lo que en su caso, significaba dar prioridad a la acción sobre la contemplación. Para Heidegger, Marx concibe el mundo como un objeto manipulable y en esto, en la concepción de la realidad como algo a nuestra disposición productiva encuentra la esencia de la técnica. Pero van pasando los años y parece necesario perfilar mejor la respuesta, porque hoy tecnología significa, básicamente, innovación. Y esto es lo que debe ser ahora pensado y como siempre que queremos pensar algo a fondo, debemos retornar a los griegos y, en concreto, a los conceptos de «poiesis» y «tékhne». El «poietés» era el creador, el que hacía surgir un ser desde el no-ser. Pensemos en un soneto, una sinfonía, una escultura, un plato de cocina, una constitución política, una obra de ingeniería... Una vez creado ese nuevo ser, el poeta cedía el sitio al tecnólogo que era el que sabía trabajar sobre lo nuevo para repararlo, reproducirlo o mejorarlo. El tecnólogo no es un creador sino alguien que sabe qué hacer con lo que el poeta ha creado. ¿Pero qué ocurre cuando la tecnología se ve como innovación? Pues ocurre que degradamos la tékhne al mismo tiempo que pretendemos democratizas la poiesis. En la escuelas, desde los primeros niveles, se pretende enseñar creatividad, nadie enseña a reparar o a reproducir. Pero mientras sabemos producir buenos tecnólogos, no sabemos cómo crear nuevos poetas (no dominamos la producción de creadores y, hoy por hoy, no hay algoritmo que lo produzca). Este hecho tiene consecuencias enormes a la hora de definir las llamadas competencias del futuro, porque buscamos la competencia poética olvidando la técnica y eso nos obliga a mirar el futuro con al menos un ojo cerrado.

lunes, 20 de julio de 2026

La Odisea, de Homero a Nolan

Ayer vi, justo antes del partido, la Odisea de Christopher Nolan. Me gustó, a pesar de la extraña mezcla de Homero con Tolkien y La guerra de las galaxias; a pesar de que la narración a veces se reduce a ruido; a pesar de que un Polifemo deshumanizado solo es un monstruo; a pesar del excesivo influjo de la Atenea Negra de Martín Bernal... Me gustó porque Nolan es consciente de que está versionando una de las historias más grandes de la humanidad, para mí, resumida en el último temblor de triste alegría del rabo de Argos, capaz de ver, como los dioses, más allá de los humanos. Nolan nos recuerda que Homero está ahí, incluso en nuestras distorsiones, imágenes de nuestro tiempo. ¿Pero qué es Europa sino un ejercicio constante de traducción al presente de las grandes obras de nuestro legado? Europa no se ha hecho a sí misma por tener grandes libros, sino por no considerarlos intocables. Lo único intocable ha sido la libertad para comentarlos, que comienza, precisamente, con los escolios a Homero. Nadie ha dicho más barbaridades sobre Penélope que los escoliastas griegos. El mismo Platón, que tantas veces cita a Homero, más de una vez falsea sus palabras. Homero sigue vivo en la transmisión.

Aulo Gelio señala que la admiración, cuando es verdaderamente grande, se expresa con el silencio. Cuando Odiseo termina de desplegar sus aventuras ante los feacios (Canto XIII), estos estos «callaron todos a la vez, atónitos y estupefactos, por haberse filtrado hasta los orígenes de la voz el encantamiento de los oídos». Algo de este encantamiento creí percibir cuando se acabó la película.

Añado tres apuntes más para recalcar la transmisión.

Tiene razón Recalcati, la Odisea, hoy, puede leerse como la añoranza del padre.

Nathaniel Hawthorne nos cuenta en su Wakefield la historia de un hombre que un día decide abandonar, sin más ni más, su casa e irse a vivir dos calles más arriba. Mientras su mujer se iba resignando a su soledad, el hombre rondaba por el barrio con una peluca y hasta la rozó alguna vez al pasar a su lado. Tras veinte años de ausencia, volvió.

Kafka nos asegura que, al ver pasar junto a sus arrecifes el barco de Ulises, con el héroe amarrado al mástil y los marineros ensordecidos por tapones de cera, las sirenas decidieron permanecer en silencio. Movían los labios, pero no cantaban. El comportamiento de Ulises fue una farsa.

La cultura es una farsa, pero una farsa hecha verosímil por nuestra necesidad de ella para conseguir ocultar la naturaleza.

[Unas horas más tarde]:

Lo acabo de encontrar en los diarios de Hannah Arendt: «La Odisea es un trozo de eternidad en la inmortalidad del género humano».

sábado, 18 de julio de 2026

Hooligans

Repasando mis redes sociales compruebo una vez más que hay personas que no pierden nunca la oportunidad de mostrar las facetas más infantiles de sí mismas. Van por la vida como hooligans de su mediocridad. Salen al aire libre, incontinentes, cada vez que hay un partido de futbol interesante, para exhibirse sin complejos. Para ellas la vida es un patio de escuela y su aspiración es no pasar desapercibidos. Como no conocen ni el pudor ni la discreción, te brindan una oportunidad de oro para hacer limpia. Mientras me dedicaba a borrar contactos me preguntaba cómo personas que en su cotidianeidad pueden ser gente sensata se transforman con el acicate del fútbol en patanes sin fronteras. Pero de repente he pensado que si un día lluviosos te caes sobre un charco de agua en el Paseo de Gracia de Barcelona es posible que el único que se detenga a ayudarte sea un hooligan con la camiseta, la bufanda y la gorra de su equipo. Lo sé porque lo he experimentado. Y al recordar este hecho decido renovar los contactos borrados. 

viernes, 17 de julio de 2026

Ese rictus

Me imagino que ustedes también conocen ese gesto que automatiza la cordialidad de compromiso: alguien ha hecho (o, más bien, ha creído hacer) una gracia y te mira esperando tu complicidad humorística y, efectivamente, en la cara se te dispara una sonrisa que viene a decir que has captado el humor inteligente del pretendiente a gracioso. Pero cuando este se vuelve para seguir con sus cosas te quedas durante unos instantes con el rictus de conveniencia y durante unos instantes tu cara espera tu asentimiento para volver a su forma natural. ¿Podríamos hacer una antropología de los pequeños gestos y ver qué dicen de nosotros? Hay estudiosos que afirman que lo que comunicamos oralmente  viene a ser un 10% de todo lo que comunicamos, por lo cual siempre estamos diciendo de nosotros mismos mucho más de lo que pensamos. Así que todos nos sentimos incomprendidos.

jueves, 16 de julio de 2026

Pantalones cortos

Me resisto a llevar pantalones cortos. Me pasé toda la infancia queriendo llevar pantalones largos, de hombre, y me cuesta ahora volver a la niñez de las rodillas desnudas. Sin embargo he de reconocer que este verano he caído en la tentación varias veces. Incluso mi renuncia a resistir al calor extremo me ha llevado a otro extremo: al de salir varias veces a la calle con pantalones cortes, camisa de manga corta y sandalias. Es difícil mantener los principios intactos cuando sientes que el calor apabullante y la humedad ambiental, que se mastica, te hacen caminar siguiendo las huellas de las sombras para escapar de la mirada de un sol delincuente. Esto es como el imperativo categórico kantiano, que suena muy bien en situaciones normales, pero en cuanto la realidad se pone cuesta arriba uno va buscando apoyaderos menos rigurosos, una moral de circunstancia.


Una noticia refrescante en este ferragosto infinito: La editorial Quadrante de Sao Paulo me lleva a su catálogo y yo tan encantado:



martes, 14 de julio de 2026

Fútbol, palomitas y calippo

No sé qué será de nosotros cuando acabe el partido de fútbol, pero en estos momentos estamos haciendo toneladas de palomitas y hemos pedido más pizzas de lo que sería razonable. ¿Pero quién quiere ser razonable en estas circunstancias? Todos necesitamos paliativos existenciales para llevar con ánimo la cotidianeidad. Y el fútbol puede ser uno de ellos. En cualquier caso, nos ayuda a estar juntos, a gritar juntos, a abrazarnos y a celebrar las cosas efímeras. Mi nieto Gabriel me acaba de comunicar que ha comprado también dos cajas de calippos. Para mis nietos y para mí el calippo es una de las manifestaciones más logradas de la cultura humana. Hasta Platón sabe distinto con un calippo en la mano. Mi nieto mayor se ha presentado con una bandera que ha colocado sobre el televisor. Quizás la inteligencia sea esto: la habilidad para sacar partido a lo efímero y trivial. 

domingo, 12 de julio de 2026

San Agustín

La editorial Trotta ha publicado recientemente las Cartas filosóficas de san Agustín. Son interesantes por varios motivos, pero lo que más aprecio en ellas es la voluntad de pensar a lo grande. San Agustín hace lo que han hecho todos los filósofos verdaderamente grandes: coger el Todo y ponerlo ante ellos, en la mesa de análisis. Es esa voluntad la que, a mi pareer, nos falta en España. Nuestro pensamiento (hagamos la excepción de Ortega y Zubiri) es fragmentario y timorato. Pensamos a gente que piensa, pero nos guardamos mucho de pensar de verdad por nuestra cuenta, no sea que vayamos a decir alguna tontería sonrojante. Pues bien, el pensador de verdad ni tiene miedo a hacerse daño cuando piensa ni anda trasteando con fragmentos de pensamientos ajenos. Coge al toro por los cuernos y, como resulta inevitable, siempre acaba con alguna herida, pero lo que nos deja como herencia (la valentía del pensamiento libre) es enorme. No eres libre si tienes miedo a equivocarte. De ahí que haya que mirarse con tacto ante el espejo.

sábado, 11 de julio de 2026

Rutinas y turismo

Hay algo de profundamente benéfico en las pequeñas rutinas cotidianas: permiten que el mundo parezca tu mundo. La realidad (lo primero en sí, que diría Aristóteles) nada sabe de rutinas, aunque pueda saber mucho de repeticiones, mientras que el mundo de las cosas humanas (lo primero para mí) es el mundo creado por los hábitos contra natura. Levantarse a una hora determinada, pasar a ver el correo, la ducha, el desayuno en la Plaza de Ocata, el rato de lectura, la charla trivial con los vecinos, la compra para hacer ese plato que te gusta, la cerveza helada al mediodía... Curiosamente, todo esto es lo que pretendemos romper en vacaciones y por eso nos cruzamos a las primeras horas de la tarde (cansancio, sudor, mochilas, sed y un niño a rastras), cuando el sol rabia sobre nuestras cabezas, con otros grupos de turistas que hacen turismo despiadado, molidos por el sol. Si un juez condenase a hacer turismo de la manera en que habitualmente lo hacemos, sus sentencias se nos antojarían inhumanas. Pero quizás se trate de eso, de hacer turismo para romper imprudentemente durante unos días con las rutinas y así volver a casa, al refugio de lo cotidiano. En la espera del año que viene, porque repetiremos.

Un niño en el hogar.

El pasado día 8 participé en Vic en la inauguración del curso escolar y aprovechando el viaje, me perdí un rato en Costa Llibreter, la libre...