viernes, 8 de enero de 2016

Y al séptimo, descansó.

Escribe Malón de Chaide en La conversión de la Magdalena -lectura muy adecuada para un viernes por la noche- que después de 6 días de trabajos cosmogónicos, creando el mundo, Dios estaba cansado y que para descansar añadió un día más a la cuenta de la creación y en él creó al hombre y así pudo descansar "de las obras que había hecho". 

Tras formar a hombre, dijo: "Ahora sí, estoy contento que he hecho casa para mí; ya tengo donde reposar; en el hombre estará mi descanso de aquí en adelante". 

Tiene el cristianismo estas cosas desmedidas y sublimes, exageradas casi hasta rozar la blasfemia. Pero justo en ese punto, al borde del absurdo, está el lugar poético de la meditación cristiana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Ganas de saber

Larga conversación con un joven con ganas de saber. Un lujo, claro. Vamos un poco de aquí para allá, por donde la razón, sometida a este gen...