martes, 22 de septiembre de 2009

Del cero a la nada

Pienso con frecuencia en Koestler, en su vida y en su final, pero especialmente pienso en su vida en París en los años 40, cuando era un completo excéntrico entre los Merleau-Ponty, los Sartre y las Simone de Beauvoir, para quienes la grandeza de Stalin se hallaba precisamente en su decisión de subordinar la moralidad a la historia. Hoy, cuando resulta tan difícil subordinar nada a la historia, no sabemos muy bien qué hacer con ese stalinillo del carajo que a veces deja notar su presencia cuando discutimos de moral.

9 comentarios:

  1. Koestler, que poco se habla de él actualmente, hace poco encontré una biografía suya en els encants. La primera vez que oí hablar de él fue a causa de un estudio 1 donde Dicenta padre interpretaba al protagonista del cero y el infinito. Hace un millón de años, por cierto. Qué es la moral? Qué es la historia? Cada día lo tengo todo menos claro.

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  2. No me costó nada desactivar públicamente a ese reaccionario neoteocrático a sueldo del liberalismo: nadie puede cuestionar la grandeza del gran padre: todos sois contingentes, sólo Stalin es necesario.

    Fascista: no escaparás.

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  3. ...subordinar la moral a la historia...cuanto me recuerda esto a lo que habla Czesław Miłosz en "El pensamiento cautivo"...

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  4. Júlia: Yo que te leo con devoción sé muy bien que sabes ironizar con inteligencia sobre lo amoral y jugar no menos irónicamente con la melancolía histórica.

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  5. Doña Seminova: Es usted de una zafiedad anímica espantosa, cosa que -quiero creer- no se corresponde con la arquitectura de sus piernas.

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  6. Don Cogito: Hemos vivido un siglo XX en el que había demasiados héroes convencidos de que la historia los absolvería.
    Czesław Miłosz, por cierto, mantuvo una relación muy interesante con Koestler en los años de la guerra fría bajo el paraguas protector de Irving Kristol. Y junto a ellos se encontraban Silone y Gide.

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  7. Si, en su "Diccionario" hace una retrato de Koestler bien curioso...y se fue varias veces de vacaciones su familia y la de Silone...también tuvo una muy buena relación con Camus (fue su aval en varias editoriales francesas)...lo de Kristol, no lo conozco lo suficiente (¿Fue en relación con el "Congreso por la libertad..."?)...lo que si que se es la relación con Gide...no lo soportaba...

    ...de todas maneras, esta claro, que al final uno "reconoce" a los suyos... en este caso la izquierda no stalinista de los primeros años de la guerra fria...

    Saludos mil

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  8. El Cero y el Infinito me impactó. Yo era casi un chaval, o un adolecente. Luego vivimos (o viví y acepté) la maldición del stalinismo sobre él) Cuanta cobardía ensimismada. Cuesta entender esa fascinación por el tétrico ecenario de la URRS. Koestler se diluyó con toda su capacidad de cristalizar de nuevo a cuestas. Estará dentro de "lo irrenunciable". ¡Ay de aquellos tiempos en que ser anticomunista era pecado de fascismo!

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  9. Entre la nada y el infinito Koestler buscaba su espacio. Vivio una época extraordinariament compleja. Una relectura de "El cero y el Infito" se tendrá que hacer un día sin el peso de la historia. Yo por el momento guardaré mis libros editados por Alianza que iba comprando y leyrendo a escondidas de mis padres, que seguro habrían considerado que no era una lectura adecuada para un adolescente en formación.

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