martes, 23 de enero de 2018

Mis espías nunca vuelven sólo una vez

Esta tarde he participado en la presentación de un libro de Pep Masabeu: 20 històries de superació al Raval. Al terminar se me acerca un señor a la mesa. Me saluda y me dice que no viene a hablar de educación, sino de historia, porque conozco a un miembro de su familia mejor que la misma familia.
- Tu dirás.
- ¡A Caridad Mercader?
- ¿Eres un Mercader?
- Mi abuela.
- Me gustaría tomar un café con ella...
- Ya ha muerto. Ella era la que sabía, porque lo había vivido. Mi madre sabe algo de oídas.
- ¿Y qué sabía?
- Que era una auténtica señora burguesa de Sant Gervasi, pero pasó de lucir ropas a lucir dos pistolas.
- ¿Llevaba dos pistolas?
- A la cintura, o eso se ha dicho siempre en casa.
- No sabía pasar desapercibida.
- Pero mi abuela durante la guerra comió gracias a ella.
- ¿Qué quieres decir?
- Vivíamos cerca del Colegio del Sagrado Corazón, que ella se incautó, para el PSUC, donde había un cuartel.
- Sí. Primero se llamó Graells y después Carlos Marx. Allí estaba también Ramón.
- Pues cada día le llevaba comida a mi abuela desde el cuartel.
- ¡Y eso que era Mercader!
- El Pablo Mercader, pobre, su marido. Se casa con una gran burguesa y un día se despierta y su mujer le ha puesto una bomba en la fábrica y se ha hecho revolucionaria.
- Era un buen hombre.
- Muy cristiano, muy de derechas, conservador. Para él la familia y los hijos eran lo primero. Ella era muy culta, encantadora, como sus hijos.

Le he dado mi tarjeta  hemos quedado para tomar un café y hablar despacio.

2 comentarios:

  1. Una historia apasionante que deberías continuar!

    ResponderEliminar
  2. Coño el colegio al q va mi hija!...
    Eso es un asalto de la Historia a su presente...
    Todo queda en mercaderes, de Marx que es afín a Merck y mercator, hasta los Mercader de St Gervasius.
    Olé!

    ResponderEliminar

Dulces miserias

"Luego viene la vejez, do en el hombre comienzan a hacerse los aparejos de la muerte. Entonces el calor se resfría, las fuerzas lo des...