jueves, 8 de mayo de 2014

Nihilismo de chiringuito, un párrafo:

Cada uno es nihilista como puede y aquí, en el Mediterráneo, el nihilismo es un género literario. En la Viena de Isabel de Baviera, el nihilismo era el nombre del caballo de la Emperatriz. Cuando se cansaba de leer a Schopenhauer, Sissi o montaba en Nihilismus o se iba con su anorexia a Corfú. Se dice que cuando, el 10 de septiembre de 1898, Luigi Lucheni le clavó el estilete que la llevaría a la muerte, frente al Beau Rivage de Ginebra, ella le preguntó, a la búsqueda de sentido: "¿Por qué me matas si soy de los vuestros?". Lucheni fue condenado a cadena perpetua, aunque él reclamó insistentemente la guillotina. Como protesta, se colgó en su celda con su cinturón.

El resto, el domingo en el ARA

5 comentarios:

  1. Don Gregorio, disculpe, ¿qué tan recomendable es el libro de Franco Volpi que abunda en el nihilismo?

    Saludos,

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    Respuestas
    1. A mi me gusta Volpi. He aprendido mucho sobre Heidegger gracias a él. Pero me ocurre que, si bien cuando lo leo me dejo llevar conscientemente por su capacidad de su gestión, después, cuando cierro el libro, la vida me reclama a sus tareas y me entrego a ellas olvidándome de Volpi.
      ¿Qué pasa con el nihilismo filosófico que para que sea creíble necesita estar bien argumentado, o sea, someterse a la autoridad del logos?
      Un nihilista de verdad… ¿no debiera liberarse del peso de la lógica? Eso parece que intentó hacer Heidegger.
      En definitiva lo que quiero decirle es que el pensamiento occidental puede permitirse el lujo de ser nihilista precisamente porque los filósofos son nihilistas a tiempo parcial.
      Mira… me ha salido un aforismo.

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    2. Añado otra pregunta: ¿Por qué hoy hemos elevado a Cioran a los altares mientras hemos echado una tonelada de escombros sobre la tumba de Sartre?
      Es decir: ¿Por qué nos interesan hoy más los estetas de las ruinas que los profetas de la felicidad?

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    3. Vaya pregunta, quizá porque el presente gusta de proclamar su decrepitud. Después de las interrogantes que ha expuesto, me iré a rumiar un rato entre los anaqueles de alguna biblioteca próxima.

      Muchas gracias.

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  2. El motivo no puede ser más apropiado para la categoría Existencialismos.
    Cioran cae bien, Sartre cae mal.
    Entiendo bien que Cioran caiga bien, lo hace por lo mismo que cae bien Montaigne: es un tío majo, modesto, empático, tolerante, dispuesto a aceptar que está equivocado, que vale poco, que está chiflado. También, Savater le ha hecho mucha propaganda.
    Sartre era un doctrinario, prototipo de la gauche divine, un mal bicho como persona. Me alegro de que su hora haya pasado. Me preocupa que haya sido endiosado no a pesar de, sino justamente por ser un cantor del stalinismo, incluso cuando ya se sabía lo que era la cosa en sí. Claro que, parafraseando tu comentario de más arriba, el pensamiento occidental pudo permitirse el lujo de ser stalinista precisamente porque Stalin, el de verdad, quedaba lejos.
    Es lo que hay.

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