domingo, 16 de enero de 2011

La autoridad del maestro

Daniel Bell, cercano ya a los cien años, escribió no hace mucho un comentario titulado "La reforma de la educación liberal" rememorando un importante ensayo que escribió en los años 30 titulado, "La reforma de la educación general". Bell recuerda cuando los estudiantes de los años sesenta impugnaban toda autoridad académica por el hecho de ser autoridad y concluye con estas palabras: "Algunos estudiantes gritaban, mientras organizaban danzas del vientre en los prados de Columbia: '¿Quién eres tú para decirme en qué me debo matricular?". A lo que yo sólo podía responder: 'Tú no sabes lo que no sabes. Si lo supieras, no me necesitarías. Tal como están las cosas, me necesitas". Encuentro aquí una magnífica justificación de la autoridad del maestro.

19 comentarios:

  1. Sí, pero la autoridad del maestro no está sólo en que sabe más: es una cualidad intransferible cuya presencia o ausencia para mí sigue siendo un misterio. Se tiene o no se tiene. Todos los maestros saben más, pero no todos tienen autoridad.
    Saludos cordiales.

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  2. Gabriela: Efectivamente, la autoridad del maestro es un fenómeno más complejo. Pero me gusta esta idea de que necesito maestros mientras sea inconsciente de la dimensión de mi ignorancia. Yo siempre he dicho que al maestro sólo lo reconoce como autoridad la mirada del alumno.

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  3. Jesús: La pregunta es similar a esta: ¿Quién enseña al artista? Desde luego es bueno que el artista tenga conocimientos de la historia del arte y de las diferentes técnicas que pueden enseñarle en Bellas Artes, pero el artista, como el maestro, se reconoce, no se programa. Por lo mismo también se reconoce al mal artista o al mal maestro (al que, por desgracia, a diferencia del buen maestro, sí se puede programar).

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  4. Maestro ha sido una palabra clave en la historia de la humanidad, lo más perfecto que se podía alcanzar, y la relación maestro-discípulo el esqueleto y los nervios de toda vida lograda.
    A veces sospecho que el uso casi extinguido de la palabra, por no hablar de la proscripción directa en favor de otras muy diferentes en realidad, tiene también que ver con la desesperación, con el abandono de un ideal que nos aplasta por excesivo, y que ya no creemos alcanzable.

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  5. Dhavar: Yo me temo que este abandono al que haces referencia se debe al hecho de que somos demasiado fatuos para consideraros discípulos. En estos tiempos en que los pedagogos predican que el conocimiento es una construcción del sujeto, ¿para qué se necesitan maestros? El maestro es (¿casi?) una amenaza a la libre expresión de la espontaneidad del alumno.
    Posiblemente tan difícil como ser buen maestro es ser buen discípulo.

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  6. El verdadero maestro es un partero, no tiene porqué saber muchas cosas. Más bien reconoce su ignoracia, pero conoce la mayeútica, el modo de ayudar a alumbrar la verdad. De ahí, Sócrates que todavía camina con nosotros (mientras la LOGSE, LOE y demás LOLAINADAS lo permitan).

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  7. Luri:

    Sí, y eso es aún peor.Cúantos rumbos de colisión me habría ahorrado yo si hubiera encontrado un maestro. Y con que sed los buscaba, y qué alivio encontrarlos!(Pues, afortunadamente, puedo señalar a tres en mi vida, uno de ellos mi abuelo)

    Y ese deseo de encontrar al que va por delante para que me guíe lo sigo teniendo, claro está, pues sigue uno tropezando continuamente, y suena muy macho y muy autárquico eso de sé tú mismo tu maestro, pero es una empresa desmesurada.

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  8. No creo que la autoridad sea una cualidad infusa. Evidentemente, se posee la autoridad de los conocimientos, que si realmente se poseen, se pueden transmitir, y el alumno receptivo es capaz de percibirlo. Pero también la autoridad es un rasgo exterior que debe ser defendido por el entorno del profesor (legislativo, administrativo, personal, alumnos y padres). Elementos de la LOGSE-LOE como el constructivismo, como bien dices, y la cuadriculación exhaustiva de la enseñanza a través de las progamaciones de aula que puede exigirte cualquier inspector, son totalmente incompatibles con cualquier consideración artística o creativa que pueda tener esta profesión (los sindicatos nos convirtieron en "trabajadores de la enseñanza).
    Cordiales saludos.

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  9. Creo que Gregorio lo resume muy bien "la autoridad del maestro està en la mirada del alumno" y creo que la mirada se construye desde la comunicación y lo cierto que hay infinidad de maestros/as con penosa capacidad de comunicación. No todo el mundo sierve para ser cirujano y no todo el mundo sirve para ser maestro, hay que seleccionar al entrar, no al salir.

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  10. Cuando comenzó su andadura la LOGSE, recuerdo que el alumno podía escoger ¡el 40% dde su currículo! Como se suele exigir del Vaticano a menudo, ¿quién ha pedido perdón por una aberración semejante? ¿Cómo es posible que quienes han llevado la educación a un callejón sin salida no reconozcan la perversidad de sus planteamientos? ¿Ha de gobernar el PP para que se inicie ese proceso de abjuración de los disparates cometidos? ¿Ha tenido casi que ser barrido el PSC para darse cuenta de que se han quedado sin discurso creíble y a punto de convertirse en un partido testimonial, jarronflorista?
    Si tuviera que escoger la razón por la que mis alumnos me otorgan esa autoridad que percibo que me reconocen, no sería algo para lo que nadie me haya preparado, sino el precipitado, la decantación natural de mi experiencia vital: un exquisito tratamiento de Vd, unido a un sincero afecto hacia las personas a título individual, distinguiéndolas siempre individualmente y no rebajándolas al odioso anonimato del grupo. En cualquier caso, nadie está exento de tener que verse obligado a esgrimir, en alguna ocasión, una mirada fulminadora..., pero el afecto y el sentido de la justicia obran milagros.

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  11. Poniendo un poco en enfoque en el alumno y aunque no es que todavía tenga mucha experiencia, me llama la atención la frase "Tú no sabes lo que no sabes. Si lo supieras, no me necesitarías. Tal como están las cosas, me necesitas" El maestro es como un guía y algunos de los chavales con los que trabajo no quieren ser guiados. Prefieren o seguir en la ignorancia o repetir los mismos clichés que ven. No se sienten interesados en avanzar. Con lo poquito que han visto les basta.

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  12. Vengo de dar una clase. Eso es lo que debería mejorar , mi autoridad . Sé que es mi punto débil. Estoy de acuerdo con el comentario de arriba de Juan Fco. Pienso que cada uno tiene sus propias cualidades para que los alumnos le reconozcan esa autoridad y las tendría que identificar y exprimir. A parte de ser buen comunicador y tener un trato individual, que le ha ido bien a ud. Gregorio para inspirar autoridad?

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  13. Perdón por apartarme de la tónica de los comentarios, pero sólo quería apuntar mi sorpresa por el hecho de que Daniel Bell (se trata del sobrino de Virgina Woolf, supongo) sigue vivo, cosa que me alegra. Suponía que ya había fallecido hace años. Saludos.

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  14. Susana: Eso hay que hablarlo cara a cara

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  15. Teresa: Creo que te confundes de campanas (perdona el chiste). Daniel Bell es hijo de emigrantes polacos. Su verdadero nombre es Daniel Bolotsky y me parece que no tiene nada que ver con los sobrinos de la Woolf.
    Pero sigue vivo. Nació en 1919 y ahí está, dando guerra.

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  16. El chiste es del todo adecuado, Gregorio. Vaya despiste el mío, tienes razón; se me cruzaron los cables y en realidad yo pensé en Quentin Bell, ese sí sobrino de la Woolf, hijo de Clive Bell y Vanessa, hermana de Virginia. Escribió la biografía de su tía y era también escritor y professor de historia, creo. Ah, y ahora veo que nació en 1910 y hace años que murió. Confieso mi ignorancia sobre Daniel Bell; agradecida por tu ilustración, pues.

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  17. D. Bell es, entre otras muchas cosas, el creador del concepto de "sociedad postindustrial". Seguro que lo has utilizado alguna vez,

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  18. Disculpen, que mi impertinencia irrumpa una vez más. Pero es Daniel Bell el mismo que dice:

    "El currículo estaría estructurado en tres pasos. El primero sería una base de historia, el segundo, la adquisición de una disciplina y, finalmente, cursos “de tercer nivel” que aplicarían la historia y la disciplina a problemas amplios y sinópticos, morales y prácticos. (....)No creo en los esquemas “interdisciplinarios”: una disciplina es internamente coherente y está integrada por un cuerpo de conceptos (como la economía neoclásica) que se aplican a ciertos temas (como la economía)."

    No se puede estar de acuerdo con Bell, cuando generaliza lo de la "anti-disciplinariedad", a menos que él la refiera al segundo nivel de formación. Pues sino cómo no solo avanzar sino integrar el conocimiento dispersamente estancado en cada disciplina (qué quiere Bell una sociedad de expertos sin capacidad de criterio general), sino relacionamos disciplinas y conceptos. A parte, eso de que el conocimiento está compartimentado no es real. Si fuera así, no habría habido Filosofía por ejemplo, ni ciencia.
    Ninguna disciplina puede apropiarse en exclusiva de cualquier Idea o concepto. Esto es indiscutible, creo.

    Aunque uno se está formando sin fin, durante su vida. Por eso uno ha de arriesgar y relacionar conceptos de disciplinas distintas, que en realidad siempre tienen una base común, que podríamos llamarle filosófica.

    Sobre la particularidad de su principio general de la "anti-multidisciplinariedad" realmente es inoportuno. Anda que poner como ejemplo los conceptos de la economía neoclásica...tiene bemoles! pero bueno nadie es perfecto.

    Que el exceso de información es un peligro, de acuerdo (la infoxicación). Que es necesario solidificar una base clásica, en períodos de formación elementales también. Pero lo táctil esclaviza el dedo de los alumnos actuales y lo virtual incita a no leer más que mensajes en clave morse.
    Eso es el problema. Los comportamientos cerebrales de los niños de ahora, tienen pautas totalmente distintas ante los estímulos de la realidad. porque la realidad es ahora otra. Y no hay marcha atrás. Parece ser que seremos más listos como inteligencia colectiva de enjambre, pero más estúpidos individualmente como individuos racionales. Eso es el futuro...que nos espera.

    Bueno ya está.
    H. Ambossat

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