La primera vez que formé parte de un tribunal de una tesis doctoral, me encontré con un memo de presidente. Lo vi claro cuando, al llegar su turno, sacó a relucir desvergonzadamente la manida excusa de los fatuos: que lo que él tenía pensado decir ya había sido dicho por quienes lo habían precedido, así que para no alargar innecesariamente la sesión, etc, etc. O sea: Que no se había leído la tesis. Pero no solamente no se la había leído sino que, en el momento de las deliberaciones, se sorprendió de que algunos (no todos, que quede claro), sí que nos la habíamos estudiado de pe a pa. En mi humilde modo de ver las cosas, cada uno demuestra el respeto que le merece su propio trabajo por la seriedad con que se lo toma.
En otra ocasión fue el tutor del doctorando el que, en su intervención, se dedicó a dejar claro que a él el tema de la tesis doctoral que libremente había dirigido le importaba un bledo. Él se dedicaba a cosas serias. En una universidad que de verdad fuera seria lo hubiesen despedido inmediatamente, pero en la nuestra, que no tiene la seriedad entre sus preferencias, se puede ser un cínico y un inepto sin que pase absolutamente nada.
Hoy he asistido a otro tribunal de una facultad muy ajena a la filosofía. Pero me he encontrado con los mismos gestos y las mismas actitudes.
El tiempo pasa, las circunstancias varían, pero sea cual sea la facultad, los peores permanecen en sus puestos, impasible el ademán.
El Códex Calixtinus es una obra del siglo XII atribuida al Papa Calixto II que dice algunas cosas sobre los navarros que debieran ser bien conocidas por todos aquellos que pretendan entender aunque sólo sea una miaja de nuestra idiosincracia. Voy a recoger algunos párrafos y dejo en manos del lector interesado la posibilidad de reflexionar sobre los mismos.
I
Las gentes de esta tierra son feroces como es feroz, montaraz y bárbara la misma tierra que habitan. Sus rostros feroces, así como la propia ferocidad de su bárbaro idioma, ponen terror en el alma de quien los contempla.
II
En ese monte [Roncesvalles], antes de que el cristianismo se extendiese por todo el territorio español, los impíos de los navarros y de los vascos, tenían por costumbre, a los peregrinos que se dirigían a Santiago, no sólo asaltarlos, sino montarlos como asnos y matarlos. Junto a este monte, en dirección norte, está el valle llamado Valcarlos, en el que acampó el mismo Carlomagno con sus ejércitos, cuando sus guerreros murieron en Roncesvalles.
III
Pasado Roncesvalles, viene la tierra de los navarros, rica en pan, vino, leche y ganados. Navarros y vascos tienen características semejantes en las comidas, el vestido y la lengua, pero los vascos son de rostro más blanco que los navarros. Los navarros se visten con ropas negras y cortas hasta las rodillas como los escoceses y usan un tipo de calzado que llaman abarcas, hechas de cuero con el pelo sin curtir, atadas al pie con correas y que sólo envuelven las plantas de los pies, dejando al descubierto el resto. Gastan, en cambio, unos mantos negros de lana que les llegan hasta los codos, con orla, parecidos a un capote, y a los que llaman sayas. Como se ve, visten mal, lo mismo que comen y beben también mal, pues en casa de un navarro se tiene la costumbre de comer toda la familia, lo mismo el criado que el amo, la sirvienta que la señora, mezclando todos los platos en una sola cazuela, y nada de cucharas, sino con las propias manos, y beben todos del mismo jarro.
IV
Son un pueblo bárbaro, diferente de todos los demás en sus costumbres y naturaleza, colmado de maldades, de color negro, de aspecto innoble, malvados, perversos, pérfidos, desleales, lujuriosos, borrachos, agresivos, feroces y salvajes, desalmados y réprobos, impíos y rudos, crueles y pendencieros, desprovistos de cualquier virtud y enseñados a todos los vicios e iniquidades, parejos en maldad a los Getas y a los sarracenos y enemigos frontales de nuestra nación gala. Por una miserable moneda, un navarro liquida, como pueda, a un francés.
V
En algunos sitios los navarros, mientras se calientan, se enseñan sus partes, el hombre a la mujer y la mujer al hombre. Además, los navarros fornican incestuosamente al ganado. Y cuentan también que el navarro coloca en las ancas de su mula o de su yegua una protección, para que no las pueda acceder más que él. Además, da lujuriosos besos a la vulva de su mujer y de su mula. Por todo ello, las personas con formación no pueden por menos de reprobar a los navarros.
VI
Sin embargo, se les considera valientes en el campo de batalla, esforzados en el asalto, cumplidores en el pago de los diezmos, perseverantes en sus ofrendas al altar. El navarro, cada vez que va a la iglesia, ofrece a Dios pan, vino, trigo, o cualquier otra ofrenda.
Tras el paso, en el post anterior, por la pornografía, volvamos al erotismo. En este caso, al erotismo de las cerezas, aunque el reto requiere sutileza y no sé si voy a estar a la altura. Ya perdonaréis si se me escapa algún exabrupto.
Estamos en el tres de julio de 1797 y es lunes, día no especialmente propenso para dar rienda suelta a la pasión, pero Ampère no era un tipo cualquiera. ¡Era un científico, no un mero filósofo! A los nueve años ya se había leído todos los volúmenes de la Enciclopedia y se sabía de memoria buena parte de ellos. A los doce, estaba al tanto de las obras de Euler.
El día que nos ocupa cogía cerezas. Puede parecer una acción de poca monta, pero el corazón estaba a punto de salírsele del pecho. Tras cogerlas, se las echaba a Julia, de quien estaba perdidamente enamorado. Y el hecho de que ella las recogiera en su delantal, hacía de cada turgente, rojiza y jugosa cereza una metáfora de lo impensable.
Pero hay lunes en los que hasta lo impensable se hace realidad. Y aquel lunes Julia con el halda repleta de cerezas...
“se sentó en el suelo y yo me acosté a su lado, sobre la hierba. Y comía las cerezas que habían estado sobre sus rodillas”.
Turbado estoy tras escribir tan encendidas palabras y apenas tengo coraje moral para transcribir lo posteriormente acaecido:
“Después nos fuimos al jardín, en donde ella aceptó un lirio de mi mano”.
Aún tardarían en casarse un par de años. ¡No sé cómo podían resistir este delirio amoroso!
Eugenoio d’Ors, en cuya “Flos Sophorum” me he basado, concluye su relato de esta manera:
“En 1836, Ampère murió. Julia le había precedido de bastantes años. Pero es seguro que él, en hora de agonía, debió de sentir que le volvía a la boca el sabor de aquellas cerezas comidas cuarenta años antes”.
Los diplomáticos de la ONU gozan de la impunidad propia de su cargo, pero como además de diplomáticos tienen jeta, se aprovechan de las mismas (de la impunidad y de la jeta) para ahorrarse las multas de tráfico y los tickets de aparcamiento. Los americanos, que hacen estadísticas de todo, han estudiado el caso y han establecido el ranquing anual de una cosa muy rara que ellos llaman "cultures of corruption". ¿España? Por ahí está. ¡Que cada uno saque sus consecuencias!
La vida sexual de los filósofos merecería varias tesis doctorales. A algunos la aversión al matrimonio los lleva a decir monumentales estupideces sobre las mujeres; en otros es fácil sospechar de un anerotismo patológico. Han sido pocos los que han sabido bailar. Y menos aún los grandes mujeriegos, y entre estos predominan los muy feos, como Sartreo Russell.
Hoy voy a hablar de Niccolò de Maquiavelo, un filósofo revolucionario que pasó grandes épocas de, como él decía, “escasez de matrimonio”. En una ocasión la “vieja bellaca” que le lavaba las camisas le propuso sacarlo del apuro y lo condujo hasta un rincón oscuro en el que estaba una mujer con el rostro cubierto. Para saber lo ocurrido a continuación, mejor cederle la palabra a Niccolò, y que caiga por completo sobre él la autoría del relato:
“Yo, tímido como soy, me asusté por completo; sin embargo a solas con ella y en la oscuridad (porque la vieja enseguida salió de casa y cerró la puerta), seguí para adelante, aunque le encontrase los muslos arrugados, el sexo húmedoy le hediese un poco el aliento, tanta era la calentura que tenía. Pero cuando acabé, me entraron tantas ganas de ver la mercancía que cogí un tizón encendido de un hogar que había y encendí una lámpara que estaba encima; en cuanto la luz prendió, el candil estuvo a punto de caérseme de la mano. ¡Ay de mí! Casi me caigo muerto al suelo, de tan fea como era. Se le veía al principio un mechón de pelos entrecanos, pero tenía el cogote calvo y por la calvicie se paseaba algún piojo y en medio tenía una cicatriz. En cada una de las pestañas tenía un manojito de pelos llenos de liendres; sus ojos eran el uno bajo y el otro alto, y uno era más grande que el otro, llenos de lagrimales de legañas y las cejas medio peladas; la nariz estaba encajada en la cabeza, fruncida hacia arriba, llena de mocos, y la tenía cortada. La boca estaba torcida hacia un lado y por ella le salía algo de baba, dado que, por no tener dientes, no podía retener la saliva. En el labio superior tenía un bigote largo pero ralo. Tenía la barbilla alargada, aguzada y un poco torcida hacia arriba, de la que colgaba la piel que le llegaba hasta el nacimiento de la garganta.”.
Esta anécdota se encuentra en la carta que Maquiavelo le escribe a su amigo Luigi Guicciardini como respuesta a un minucioso relato de una lujuriosa aventura amorosa con una bellísima señora que aparecía en una carta previa de éste. Se trata, por lo tanto, de un “quid pro quo” que conociendo la ironía de Niccolò bien pudiera ser una manera elegante de tratar a Guicciardini de mentiroso.
Para entender a Maquiavelo conviene tener presente la diferencia entre el respeto que proclamaba a la ley qen la vida pública y la licencia que practicaba en su vida privada. Otro día hablaremos de la acusación anónima de sodomía a la que tuvo que hacer frente, aunque para no dejar en el aire ningún malentendido añadiré que la persona con la que aparecía implicado en la acusación era una mujer, Lucrezia, apodada la Riccia, con quien Niccolò continuó viéndose mucho tiempo después.
Me he encontrado con este texto que creo que por derecho propio merece estar en El Café de Ocata. Después de Platon parece que algo de este tono no desentona.
Presqu'un an que j'habite en Espagne. Autour de moi on parle français, anglais et évidemment, espagnol. Même si j'avais des bases scolaires, je me suis très vite rendu compte que de l'enseignement à la parole, de la conjugaison à la pratique, du "¿qué tal?" au "¿qué pasa, tío?", il y a une frontière aussi grande que le Guadalquivir. Et finalement, c'est assez excitant, voire passionnant, de découvrir une langue de l'intérieur, ses expressions, de les utiliser même. Ca vous fait sentir un peu de la maison, ça vous complaît dans l'auto-satisfaction du type qui gère. Mais surtout, ça vous donne à découvrir une culture linguistique assez spéciale. Et en Espagne, le moins que l'on puisse dire, c'est que l'on sait se jouer de la vulgarité. Ici, on peut prononcer des gros mots devant des personnes âgées, on peut faire des blagues de cul sans que personne ne soit choqué et l'on peut jouer avec l'espagnol, qui donne beaucoup plus de possibilités, sexuellement parlant, que les "merde" et "chiant" français, si caractéristiques de notre goût pour la scatologie. Voici donc un petit résumé de mes apprentissages linguistiques, après un an d'immersion.
Le sexe féminin Plus souvent appelé par son nom usuel, coño, qui signifie "con" en français, le sexe féminin devient une interjection placée un peu partout, en début ou milieu de phrase, pour marquer l'étonnement, le plus souvent, ou la joie, l'énervement etc... comme dans le sud de la France. Là, il devient une sorte d'équivalent au "putain" français. D'ailleurs, le coñazo, en d'autres mots "chatte géante", désigne une activité qu'on a pas du tout envie de faire. Et le pendejo, c'est le poil de pubis, ou l'andouille de service. Après, bien sûr, les Espagnols ont mille autres mots pour désigner cette merveille de la nature : "lapin" (conejo), "palourde" (almeja), "coquille" (concha), et mon préféré, el chocho !
Le sexe masculin La polla (bite) ressemble au pollo (poulet) et les lapsus révélateurs sont fréquents. En fait, ça signifie qu'en espagnol, le pénis est une poule, allez savoir pourquoi. Dans le nord de l'Espagne, on utilisera carajo, dans ces cas-là comme "foutre" en français. Pene et verga (pénis et verge) existent bien entendu, mais sont tellement propres qu'ils ne sont pas drôles. On s'amusera plutôt à prendre des mots dérivés du bois, comme tranca, qui signifie bûche.
Faire l'amour Alors là, une liste serait trop longue. Le plus important serait de savoir que l'on appelle cela follar en Espagne, mais que la richesse latine-américaine en a donné beaucoup plus. Enculer se dit "culear" mais on dira plus souvent "dar por el culo" (donner par le cul). Parce qu'en espagnol, faire l'amour, c'est donner, devant ou derrière. "Va te faire foutre !" se dit donc simplement "¡Que te den!", qu'ils te donnent (ils sont plusieurs, quelle générosité).
Autres mots Tout le monde connaît, bien sûr, le fameux ¡Joder!, sorti à tout bout de champ en Espagne, à la manière de coño. Mais il y en est de tout aussi appréciables, et moins connus, comme gilipollas, un équivalent au "con" français (d'ailleurs, le "Pauvre con !" de Nicolas Sarkozy fut littéralement traduit "¡Pobre gilipollas!" dans tous les médias espagnols). Plus obscur qu'en français, puisque personne ne sait exactement d'où vient ce mot. On reconnait le "polla", on sait que ça veut dire "idiot", mais on ne connaît pas "gili". Par contre, dites-le une fois devant plusieurs Espagnols, et tout le monde se mettra à rire, et ça non plus, vous ne comprendrez pas pourquoi.
Les expressions C'est là que la richesse de la langue espagnole s'exprime le mieux. Son inventivité m'étonnera toujours, tout le monde peut se faire ses propres expressions pour faire rire la galerie, qu'elles soient clairement vulgaires ou spirituelles. Un exemple qui est devenu générique : echar un polvo, qui signifie tirer un coup, mais littéralement, c'est "lancer une poussière". Il y eut une époque où la mode, au sein de la noblesse espagnole, voulait qu'on sniffe de la poudre de tabac. Elle était censée dégager les voies respiratoires et faire du bien. Mais il fallait bien éternuer ensuite, ce qui était très mal vu. On allait donc souvent à l'écart pour se sniffer du tabac, ce pour quoi l'on pouvait aussi inviter une dame. Et l'esprit pervers ibérique a imaginé le reste.