sábado, 17 de noviembre de 2007

Detente, instante, eres tan hermoso...

Ya lo había dicho, pero lo que propongo no es meramente una repetición, sino una relectura a partir de aquellas palabras del Fausto de Goethe:

¡Instante sagrado y fugaz,
detente, eres tan hermoso!
¡Dame la eternidad!

El post que os invito a releer es el siguiente:

Un teólogo musulmán oyendo el sonido de una flauta exquisita, dijo a sus discípulos: “Es la voz de Satán que llora sobre el mundo. Llora por las cosas que pasan; quiere reanimarlas, porque mientras ellas caen, sólo Dios permanece. Y no puede dejar de llorar. Ha sido condenado a enamorarse de las cosas que pasan y al verlas desvanecerse con tanta rapidez, se deshace en lágrimas".

"¿Es posible -se preguntaba María Zambrano- enamorarse de las cosas que pasan, incluyéndonos a nosotros mismos, sin llorar por su desvanecimiento?"

viernes, 16 de noviembre de 2007

Ensayo de discurso sobre la fenomenología del instante

Y entonces les diré con voz hierática, ceño adusto, rostro fruncido y levitando una miajilla de nada, para que sólo los muy, muy perspicaces comiencen a sospechar lo que se les viene encima: "Hermanos míos, el instante llega cuando el hombre está ahí, el hombre indicado, el hombre del instante. Pero este es un secreto que eternamente permanecerá oculto para toda inteligencia humana, para todo lo que sólo es hasta cierto punto. Mas cuando llega el hombre indicado, sí, entonces es el instante. Pues el instante es justamente lo que no está en las circunstancias, lo nuevo, la irrupción de la eternidad...

"... Nada hay -continuaré, elevando la voz pero disminuyendo el ritmo de la dicción- tan acuciante para la inteligencia humana como el instante; ¡qué no daría por calcularlo con precisión! Sin embargo nadie está más excluido de atrapar alguna vez el instante que la inteligencia humana, pues el instante es el regalo del cielo para el afortunado y el audaz." Y en ese instante, me esfumaré ante sus atónitos ojos y dejaré el vacío de mi presencia tocado con un evanescente perfume de tierra mojada por las primeras gotas de un chaparrón estival.

Se admiten -se suplican, incluso- todo tipo de sugerencias.

Del uso autorizado de "morbosidad"

I

Este post quiere dejar asentada una importante excepción en los cánones de Erato, porque las personas con sentido de la ironía tienen carta blanca para usar "morbosidad" cuando les da la gana. Para ser sinceros del todo os diré que a mí la morbosidad me chirría, pero ante la inteligencia uno debe doblar la rodilla y su tinitis lírica y

tirar la capa con gesto altivo
y descubriéndose decirle así:
Pisa morena, pisa con garbo
que un relicario, que un relicario
me voy a hacer
con el trocito de mi capote
que haya pisado,
que haya pisado tan lindo pie.

II

Recompongo la historia (que es la de las Futesas de la luna de noviembre):

2.1.

Yo: Me pregunto si a un poeta le está permitido ser obsceno. Y no entiendo por obsceno el uso indiscriminado de “clítoris”, sino el descuidado de “morbosidad”. ¿Un poeta que use una sola vez “morbosidad” no merece la fulminante expulsión del Parnaso?

2.2.

Súbal: Le diré que para ser un poco creíble, la chica debería haber cruzado las piernas al menos una vez. [i aquell accent tan sensual...]

2.3.

Luis: En cuanto a la palabra "morbosidad" debo decir que suena a la menos morbosa de las palabras, y por esa razón no debe usarse en poesía. Morbosidad es como un grifo abierto en el corazón del verso: toda la música y el ritmo se van en cuanto tropiezan con ella.

2.4.

Yo: Cuando él recitaba, yo escuchaba con atención: cuando lo hacía ella, yo miraba sus piernas.

2.5.

Yo: Un poeta (excepto que diga lo contrario Lola) debería cuidarse muy mucho de utilizar ninguna palabra terminada en "-dad". Hasta "bon-dad" es una palabra poco poética. El poeta, en todo caso, habla del hombre bueno. Pero "morbosidad", así, pronunciado por una chica joven en un escenario que se considera ducha en todos los tipos de adulterio, pero que tiene sus piernas cruzadas contra toda esperanza mientras nos lanza una lluvia de "clítoris"... pues no pega.

2.6.

Lola: Objeto la terminación "dad", sobre todo para que no dar pie a ZP a que venga a poner la Z.

2.7.

Arrebatos: Esta chica joven del escenario, Don Gregorio, debe ser prudente o haber leído de Girondo eso de que las chicas de Flores, se pasean tomadas de los brazos, para transmitirse sus estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el sexo se les caiga en la vereda. Por cierto que admirar unas piernas bonitas mientras su dueña recita versos, me parece una forma magnífica de pasar el tiempo.

III

En esto va y en el blog del O.R.I.N.A.L. toman cartas en el asunto:

Ens estalviarem de fer judicis literaris (i dels altres).
Direm que ens alegrem d’haver propiciat l’encontre, que ens agrada fer aquest paper.
Que ens agrada sentir que està passant alguna cosa, que hi ha neguit, que hem originat, l’emergència d’un moment irrepetible i viu.
I que el que hem sentit ens ha agradat. I que la Laia i el Mauricio, siguin ara poetes una mica menys anònims, també. S'ho mereixen.

I ara amb tots vostés un poema de la Laia:

Adúltera amb adolescent

Com n’era d’arriscada
la meva perdició, ho sabia.
Sóc molt intel·ligent
[em faig l’estúpida per a no deixar-te
en evidència]

Tu encara vas posar-te en un perill
més temible; davant seu,
mossegades, un petó fugaç
i les mans deslligades
amb un llaç de seda
quan l’altre du una bena als ulls
[que transparenta]
i ens amaga.

Puc fer-te coses que ningú
es creurà que t’hagin fet
[allà a l’escola privada]
només a canvi
de risc, de perill.

Conducció temerària.
Si em deixes portar el volant
[no tinc carnet]
correrem per circuits
de pell suau i molla
tot fent xisclar
els pneumàtics, gastant-los,
i acariciant el fre,

un pèl, només de tant en tant.
Ho veus?
Ara el cor se t’accelera
i a mi em batega
el clítoris, embogit,
[a set mil revolucions]
els teus dits s’hi perden.
Deixa’m que t’indiqui el camí.

Canvia de marxa
redueix una miqueta
[ja m’espero, aguanta],
¿no veus que la màquina
s’escalfa massa?
I accelera de cop, altra vegada,
i derrapa entre els fluids
de la carretera suada.

Corre fins que s’acabi la benzina
[quin dipòsit més petit!]
i ara aparca al meu costat
i fes-m’ho, amb la calefacció
apagada –el fum és tòxic-
i la música d’una emissora
de moda.
Les dones conduïm més bé, oi?

IV

Y para rematar el asunto, y poner las cosas en su justo sitio, la Laia, la poetisa con las piernas soldadas, se presenta toda ufana en El Café de Ocata para decirnos:

Apreciats comentaristes,

Gràcies pel vostre interès desinteressat en comentar (-me).

M'agradaria fer-vos saber que el vestit vermell no era un atuell escenogràfic, que és el de sortir el dissabte; que el creuament de cames no va ser-hi per circumstàncies estrictament relacionades amb la qualitat de les mitges; i que, si del mot "morbositat" en deixeu desfer cadascuna de les síl·labes entre la llengua, les dents i els llavis, degustareu al pal·ladar la Poesia.

V

Y yo aplaudo el gesto inteligente, irónico y poético (valga la redundancia) de Laia y me pongo inmediatamente a remediar el entuerto dedicándole un poema:

Mortalidad
Bonbonidad
Sisidad
Dadosidad

Morosidad
Bondadosidad
Sidad
Dad

Morenisidad
Boludosidad
¡Sí, Dad!

Mor
Bo
Si
Dad

Del instante II

Hay, como mínimo, dos formas del instante.

En la primera, el instante se presenta como aquello que siempre está en el tiempo como su centro o bien como el punto de la línea temporal. El neoplatónico Damascio decía que es “lo eterno en el tiempo”. De aquí deduce que es también –y sobre todo- “el elemento eterno del alma y su mismo ser”. El alma es “lo temporal que se hace en cierta manera eterno (...), y, también, lo eterno que se temporaliza” (Dubitationes, 405).

La otra forma del instante es el “de repente”, es decir, el momento en que el tiempo parece hacerse presente como ruptura de una continuidad. Es curioso comprobar las apariciones de esta segunda forma en el Nuevo Testamento:

  1. Hechos de los apóstoles, 9.3: “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo.”
  2. Id. 22.6: “Ya se acercaba a esta ciudad [Damasco] cuando de repente le cercó de resplandor una luz del cielo. Y cayendo en tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues? y él respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y el Señor le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Él entonces, temblando y despavorido, dijo: Señor ¿qué quieres que haga?".
  3. Lucas 2.13: “Y de repente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”
  4. Marcos 13.35-366: “Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo”.

Primer problema: ¿Son todos estos instantes especies de un mismo género? Esto es, evidentemente absurdo, porque el instante no puede tener especies. Y, sin embargo parece evidente que hay distintas especies de instante. Aquí me encontráis, perdido en este instante.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Del instante I

I
Como tengo que hablar el día 28 de este mes de "La fenomenología del instante", recupero las "Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo" de Edmund Husserl y "El Instante" de Soren Kierkegaard y, además, me acerco a Barcelona a comprar "Tiempo de la vida y tiempo del mundo", de Hans Blumenberg. Así que -el que avisa no es traidor- os va a caer una buena, queridos amigos, de aquí hasta el 28.

Abro el libro de Blumenberg y me encuentro con esta cita de Novalis: "El tiempo nace con el aburrimiento". Cierro inmediatamente el libro y me dejo llevar por la rabia, que es lo que os vengo a contar.

II
Tren: de Ocata a Plaza de Cataluña. Saco un papel y escribo sobre el periódico:

Por dos veces en mi vida he pecado gravemente contra la condición femenina. Y desde entonces no hay día en que, al recordar mi debildiad ideológica, no derrame amarguísimas lágrimas de arrepentimiento. Los surcos que van dejando en mi cara (y que la gente que me aprecia dice, caritativamente, confundir con arrugas) son testimonio de ello. Pero si hasta Pedro, tras negar tres veces a Cristo, el muy cabezón, mereció el perdón de su cobardía, ¿no seré yo digno de la caridad que me libere del peso de mis dos imprudencias, sin que haya necesidad -¡por favor!- de ser crucificado cabeza abajo?

La primera vez que pequé fue en la facultad de pedagogía de la UB en Pedralbes, que estaba yo esperando el ascensor y abrí la puerta para cederle educadamente el paso, con un gesto de "usted primero", a quien tomé por una mujer del mundo cotidiano y resultó ser una guerrillera de la condición femenina, que me echó inmediatamente en cara, a voz en grito, mi descondideración. Por lo visto mi gesto paternal y falócrata sólo ponía de manifiesto mi prepotencia machista. ¿Es que me pensaba yo que las mujeres eran inválidas, o qué?

La segunda vez que pequé fue ante varias compañeras de trabajo, frente a una fotocopiadora que no acababa de funcionar, a pesar de mis premuras. Se me ocurrió soltar que "las máquinas tienen alma femenina". Yo pretendía animar a la máquina, suponiendo que la fotocopiadora se tomaría mis palabras como un hermoso piropo, pero resultó que ella siguió erre que erre con sus tropiezos mientras que mis compañeras se exaltaron, tomándose como un insulto degradante para la condicion femenina mis imprudentes palabras.

III
Tren: De Plaza Cataluña a Ocata.

Me refugio en mí mismo, intento atrapar todo el sol que se cuela por la ventana y me imagino una isla del pacífico. Poco a poco la imaginación se me desespereza y me va enhebrando una historia que no está del todo mal. Quizás otro día, con más tiempo, os la cuente. Es que una vez en casa no puedo desperdiciar ni un instante. Es el precio que tengo que pagar para abrirme camino en su fenomenología.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Futesas de la luna de noviembre

I

Me pregunto, Subal, si a un poeta le está permitido ser obsceno. Y no entiendo por obsceno el uso indiscriminado de “clítoris”, sino el descuidado de “morbosidad”. ¿Un poeta que use una sola vez “morbosidad” no merece la fulminante expulsión del Parnaso?

Añadido del viernes a las 13:20 tras visitar el BLOG de L'O.R.I.N.A.L:

¡Ay! ¡Que todo se ventea!

II

Hoy mi agente conspirador y yo hemos conocido al gran Subal Quinina (a quien Dios de salud y ganas de seguir visitando El café de Ocata) y hemos estado hablando de todos vosotros a vuestras espaldas. Un placer (ambas cosas). Estamos organizando una buena. Tendréis puntuales noticias de todo, pero ya advierto a los próximos a Ocata: deberíais reservar la tarde-noche del día 14 de diciembre. El reto es conquistar lo imposible.

III

Me llama Conxa Peig y aparece Danielle, que salía del MNAC. No sé si os he hablado de aquel 11 de octubre, en su casa, con Jordi, Erika, el Ogro Romántico (el que se escapó del hospital porque no le dejaban fumar puros en la habitación) y mi agente conspirador. Cuando después de la cena salimos a tomar café a la terraza se le escapó a Danielle: "Me exaspera haber alcanzado este estado de imperturbabilidad tan propio de los años".

IV

Me despido de Danielle y sigo con Conxa, pero aparece Súbal. Conxa insiste y le digo que sí, y no sólo eso, hasta le ofrezco el título de la conferencia: "Fenomenología del instante". Hasta que no cuelgo no me doy cuenta de dónde me he metido. Pero a lo hecho, pecho. Aunque se aceptan sugerencias.

V

Por cierto que le he prometido a Subal que os hablaría de Labreu editorial, pero ahora no recuerdo a cuento de qué.

Carl Schmitt sobre Max Stirner

“Tomado globalmente es abominable, grosero, fanfarrón, presumido, un pipiolo, un estudiante fracasado pero encantado de haberse conocido; es, visiblemente, un profundo psicópata. Canta como un gallo, con una voz ruidosa, desagradable: yo soy Yo: para mi no hay nada por encima de mi. Sus sofismas son insoportables. Pero sabe algo muy importante. Sabe que el Yo no es un objeto del pensamiento. Por eso ha hallado el título más bello para un libro, y, en cualquier caso, el título más alemán de toda la literatura alemana: “El único y su propiedad” (Der Einzige und sein Eigeitum). En este momento, Max es el único que me visita en mi celda.”

“Sabiduría de la celda”, 1947.

La normalidad

El viento sacude las ramas de los árboles. Es decir, hay viento. He abierto la ventana sin tener la sensación de estar abriendo un horno. Pe...