miércoles, 19 de febrero de 2020

¿Son los animales políticamente incorrectos?

Encuentro sumamente divertido algo que escribe el etólogo Frans de Waal  con completa seriedad y abundante aporte de pruebas, en su libro El último abrazo (Tusquets, 2019).

Lo que viene a decirnos es que nosotros, los humanos, podemos discutir sobre la existencia o no del género, pero que nuestros primos, los primates, no tienen ninguna duda a la hora reconocer si lo que tienen delante es un hombre o una mujer, y actúan en consecuencia. Los machos jóvenes de los laboratorios tienen erecciones en cuanto ven a una mujer y las perciben con tanta nitidez que si un experimentador se disfraza de mujer, no se dejan engañar. No muestran en este caso ni el más mínimo interés sexual. 
¿Cómo lo hacen?

Esta es la respuesta de de Waal: "Se fijan en la única diferencia sexual visible que es frecuente en el reino animal: los movimientos masculinos tienden a ser más bruscos y resueltos que los de las hembras, de movimientos más fluidos y flexibles. Ni siquiera necesitamos ver cuerpos completos para apreciar esa distinción. Los científicos han comprobado que si se colocan puntos luminosos en brazos, piernas y pelvis de personas y se les filma caminando, estos puntos contienen toda la información que necesitamos para distinguir el género. Mirando solo unas pocas manchas blancas en movimiento sobre un fondo negro, los sujetos experimentales pueden decir enseguida si están viendo un hombre o una mujer. Si podemos discernir con precisión el género de la gente con una información tan escasa, no es difícil ver por qué la masculinidad o feminidad humana es un libro abierto para tantos animales. Esta capacidad también funciona al revés, porque yo puedo distinguir con seguridad desde lejos si un chimpancé es macho o hembra solo por su forma de moverse."

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